Madre

Aquellos 18 minutos del corto de Rodrigo Sorogoyen que merecieron una nominación al Oscar, son el punto de partida de “Madre”, el largometraje que nos sitúa de nuevo en la piel de Elena 10 años después de lo ocurrido.

Madre es principalmente una película sobre el dolor total y su onda expansiva. Marta Nieto, en su papel de Elena, se erige en el epicentro de todo lo que ocurre en cada plano de la cinta. Y alrededor de ella tres personajes satélites que orbitan alrededor de su dolor: el hombre que representa el salvavidas al que aferrarse en medio del naufragio; el adolescente que aparece como tierra firme tras años a la deriva; y la playa de Hossegor, que es un personaje más, a veces amenazante y sórdida; otras veces cálida y acogedora, omnipresente siempre, escenario de lo mejor y lo peor, entre el hundimiento y la salvación…

Marta Nieto y Elena

La cinta de Sorogoyen avanza en muchos momentos sin aparentemente saber muy bien hacia dónde, al vaivén del personaje de Elena al que Marta Nieto consigue imprimir una dosis de verdad francamente conmovedora. Y así, aquello que pudiera parecer un debe, se transforma en uno de los mayores valores de la película; esa sensación, al terminar, de que la historia de la que has sido testigo, pudo ser cualquier otra.

Pareciera que el guión se hubiera puesto al servicio de la Elena que a Marta Nieto le brotara de principio a fin y de una sola vez. Sin posibilidad de segundas tomas. Y así somos conducidos, en medio del desconcierto, a través de una interpretación de esas que te dejan marcado para siempre. Más incluso que por lo que muestra, por lo que evita mostrar, que siempre es lo más complicado de transmitir.

El descomunal trabajo de Marta Nieto consigue inocularnos ese evidente dolor perenne de Elena. Pero también es capaz de mecernos entre la fragilidad de esa mujer rota y su fortaleza en la espera de que algo ocurra. Nos asoma al abismo de sus dilemas interiores. Nos enfrenta al vértigo de sus líneas rojas. En todo momento consigue mostrarnos lo que pasa por el cuerpo, el alma, el corazón y la mente de Elena como si la misma Elena habitara en nosotros. La magia que Marta Nieto despliega en “Madre” te mantiene las más de dos horas de su metraje con el corazón arrugado y la respiración contenida, y eso está al alcance de muy pocos. Si aún no la has visto, hazme caso, busca una sala de cine, y deja que Elena te sea regalada.

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