El poder de la emoción

El poder de la emoción

Con el tiempo y la práctica he llegado a convertirme en un auténtico experto en la detección de la emoción, que es la fuerza creativa más poderosa que ha conocido el ser humano. Jamás conocí a un hombre o una mujer de extraordinario éxito que hablara de lo suyo de forma desemocionada. Ese es su rasgo común, la gigantesca emoción que les produce aquello que hacen o aquello con lo que sueñan. Y una vez más lo repito: no se emocionan porque tengan un descomunal éxito, sino que tienen un descomunal éxito porque se emocionan. Ése es el poder de la emoción.

Así es, la emoción es la gasolina del coche, que son los sueños. La emoción es el ingrediente secreto de la pócima de los creadores extraordinarios. Es la que desencadena las casualidades que no existen, las coincidencias que no son, los milagros increíbles.

Cuando escucho a alguien apasionado que vuelca cada fibra de su ser en aquello que hace, sé que el éxito no es una posibilidad  para él o ella, sino una certeza. Sólo cuestión de tiempo. No hay escondite lo suficientemente bueno para la pasión. Antes o después se topará con el éxito por mucho que éste quiera ocultarse.

¡Pero cuidado! La emoción, como todo en la vida, también tiene su lado oscuro. Y del mismo modo que puede ser el motor que te ponga rumbo a todo aquello que deseas, también puede condenarte al peor de los fracasos si no sabes hacerla trabajar a tu favor.

Igual que la vibración emocional del éxito es muy reconocible, también lo es la del fracaso. ¿Puedes imaginar a un fracasado de cualquier ámbito de la vida? Seguro que no te es difícil recrearlo en la mente, con todas esas emociones negativas martilleándole la cabeza y el corazón. De la misma manera que no hay alternativa al éxito para los apasionados, no hay alternativa al fracaso para los tristes, los grises, los pesimistas.

Os contaré una breve anécdota del funcionamiento de las emociones. Ayer mismo a una amiga se le presentó una oportunidad que había estado deseando y que le ilusionaba sobremanera. Tras un instante de éxtasis emocional, comenzó a agobiarse con la posibilidad de que su sueño no llegara a materializarse y se estuviera ilusionando en vano. Hasta que terminó diciéndome: “Buah, ya verás que hostión me voy a pegar…”

¿Tiene algún sentido agobiarse por una ocasión única de cumplir un sueño si cuando esa ocasión ni existía no lo hacías? La emoción le condujo a la oportunidad. Y ahí estaba también la emoción, trabajando para destruir la oportunidad creada. Así que vigila tus emociones. Son tu hoja de ruta. Y si escoges las emociones equivocadas, solo puedes acabar perdido.


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