LA JUSTICIA EN DESCOMPOSICIÓN – III GUERRA MUNDIAL (VI)

La Justicia

La Justicia se descompone. Día 200 desde que las fuerzas del mal declararon la guerra a los corazones libres del mundo. Quienes ejercemos la abogacía por los juzgados de toda España estamos asistiendo en el día a día al desmoronamiento del tercer poder del Estado.

La paz social descansa en un pacto tácito: todos renunciamos al uso de la fuerza para resolver nuestros conflictos o reaccionar frente a los ataques de terceros y delegamos el uso de esa fuerza en el Estado que administrará la Justicia. Pero, ¿qué ocurre si el Estado se corrompe y la Justicia naufraga?

La Justicia por la mano

Recuerdo a la perfección lo que aquel profesor de Filosofía del Derecho nos explicó en el primer curso de la Carrera. Una de las características propias de un Estado, quizás la más esencial, es el monopolio de la violencia. Ya lo apuntaba Max Weber a principios del siglo pasado.

Pero lo que se me quedó grabado fue lo que siguió a ese concepto de Estado: tal monopolio de la violencia no es ilimitado ni incuestionable; si el Estado dejara de servir al interés general, si el Estado hiciera uso de ese monopolio de forma arbitraria en beneficio de unos pocos y en detrimento de la mayoría, todos los ciudadanos de ese Estado, al menos desde un punto de vista teórico, estarían legitimados para revocar esa cesión tácita colectiva que hicieron del uso de la fuerza y podrían invocar legitimamente, allí donde la Justicia del Estado ha sucumbido, su Derecho natural a tomarse la justicia por su mano. Y el escenario que se dibujaría entonces, no puede resultar más inquietante…

Creo que, lamentablemente, no estamos demasiado lejos de un panorama como el que refiero. Nunca antes en una Democracia moderna los Estados ejercieron con tanto autoritarismo el uso de la fuerza frente a sus ciudadanos. Y nunca antes para limitar de forma tan abrupta sus derechos o para cercenar con tanta dureza sus libertades.

Uso de la fuerza e injusticia

Y cuando el ciudadano mira a la Justicia, ¿qué ve? Ve precariedad y procesos judiciales que son ciénagas de las que no sales en años. A jueces puestos a dedo por políticos, que son los que a su vez ponen a dedo al resto de jueces de todos los órganos importantes de decisión para que nada de lo que les importa a los poderosos salga mal. Ve un Ministerio Fiscal, que debiera ser el defensor de la legalidad y el garante de los derechos de las víctimas y, lejos de eso, es una estructura jerarquizada, brazo ejecutor de la corrupciones del Estado y que tiene al frente a una ex-ministra socialista, ahora ejerciendo de fiscala mamporrera del presidente del Gobierno. Sí, ése que se jactaba de la dependencia de la Fiscalía, ¿recuerdan?

Esperen a que llegue la auténtica penuria económica. Esperen a que el hambre y la necesidad que se avecinan hagan su trabajo. Y quizás no pase demasiado tiempo hasta que empecemos a ver a ciudadanos castigados por la injusticia, diciéndole a su manera al Estado que se acabó eso tener el monopolio de la violencia. Ocurrirá si seguimos indiferentes al deterioro de las instituciones, si seguimos permaneciendo impasibles frente a la degeneración incesante de nuestros políticos y sus chiringuitos, los partidos. Y créanme que cuando ocurra, no le va a gustar a nadie.


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