LA INCOMPRENDIDA PARADOJA DEL AMOR

LA PARADOJA DEL AMOR

Siempre estamos a vueltas con el amor. Todo el mundo quiere amor. Todos de un modo u otro amamos. Y todos de un modo u otro esperamos ser amados… Pero por qué algo hermoso como debería ser el amor, ¿nos genera tanto sufrimiento?

La respuesta es que el amor nunca genera sufrimiento. Y déjame que lo enfatice: NUNCA. Y ahora te lo aclaro. Eso que te hace sufrir no es el amor, es otra cosa.

Nuestro gran problema como especie es que denominamos amor a cientos de comportamientos que nada tienen que ver con el amor. Y la mayoría de seres humanos agotan sus días en este planeta sin haber alcanzado a comprender el verdadero mecanismo del amor. Te lo ilustraré con un ejemplo.

Ayer alguien me dijo en relación al amor (de amigo, pero que es extrapolable a cualquier tipo de amor): “Si yo tengo una amiga y le presto mi apoyo en los malos momentos y estoy a su lado siempre y luego resulta que cuando yo estoy mal, pasa de mí… ¿voy a seguir haciendo el gilipollas? ¡Pues por supuesto que no!”

¿Amor? A mí me parece más bien un contrato tácito de carácter casi mercantil. Puesto que yo te amo, devengo una obligación por tu parte de amarme en igual medida. Y si no recibo la contraprestación, estoy haciendo el gilipollas, así que rescindo mi contrato.

¡Claro que te hace sufrir! No es amor. El que ama de verdad nunca hace el gilipollas. El gilipollas lo hace quien pretende denominar amor a ese patético contrato no escrito. Y es que el amor que puede someterse a contrato, sencillamente no lo es.

Te contaré la paradoja del amor. El auténtico amor (como por supuesto tú ya sabes) es incondicional. Enfatizo de nuevo: INCONDICIONAL. Si es incondicional quiere decir que no genera expectativa por su entrega a los demás, ni de recompensas, ni de comportamientos debidos. Es decir, nadie me debe nada por el amor que le regalo. Si adquieren una deuda conmigo, entonces no era amor. Te lo repito, si hay deuda de cualquier tipo era un contrato.

Y te contaré mi experiencia. Antes, si amaba 3 a alguien, esperaba recibir también 3 de esa persona. Si me daba sólo 2 ó 1 ó 0, me sentía defraudado y sufría. Hoy profeso amor en la sabiduría de que nadie me debe absolutamente nada por el amor que le entrego. Lo creo sinceramente así, de modo que no genero expectativa alguna. Si me dan 0, bueno, todo está bien. Fui muy feliz amando, porque esa es la característica última del amor auténtico, que hace que tu corazón rebose de felicidad. Y si me dan 1 ó 2 siento una gigantesca gratitud por ese amor recibido que es un regalo, porque nada se me debía.

Pero atento a la mágica y sorprendente paradoja del amor. Cuando amaba generando expectativas siempre tropezaba con gente que las defraudaba, con el consiguiente sufrimiento por mi parte. Desde que amo sin expectativas, aquellos que aman a cambio de ser amados se han distanciado o desaparecido de mi vida. Y en su lugar llegan a diario otros que no me dan 3 de amor… ¡Me dan 4, 5, 10, 20…! Esa es la paradoja: con el amor bajo expectativa (que te recuerdo que no es amor) creas sufrimiento. Con el amor auténtico, el que nunca espera, serás colmado de amor más allá de lo que puedes imaginar.

Sí. Es difícil amar así, te lo reconozco. Yo creo que merece mucho la pena, pero si tú no, no hay problema. Siempre puedes seguir haciendo el gilipollas.


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