KOTE CABEZUDO SE PIENSA TIRAR DE LA MANTA

Tirar de la manta

Tirar de la manta empieza a resultar una opción para Kote Cabezudo. Se le acaba el tiempo y según parece la paciencia también. Lo que nunca quiso creer, el resto de sus días en prisión, se ha convertido, incomprensiblemente para él, en su más que probable único horizonte. Los días pasan despacio en Martutene. Seguramente aún se pregunta cómo pudo ser que apartaran a Ana Isabel Pérez Asenjo de la Instrucción de su caso. La Magistrada que durante cinco años fue acumulando resoluciones no ajustadas a Derecho contra sus víctimas hasta acabar imputada y que le mantuvo siempre libre, hiciera lo que hiciera. Seguramente aún se pregunta por qué Jorge Armando Bermúdez no se sometió a sus jefas. El Fiscal que fue apartado de una vista judicial porque osó querer solicitar prisión provisional para Cabezudo.


¿Por qué tirar de la manta ahora y no antes?

Kote Cabezudo lleva algo más de cuatro años y medio en prisión preventiva. Si hasta ahora no se había planteado seriamente tirar de la manta es porque a lo largo de estos años ha ido percibiendo gestos que para él necesariamente han significado que desde arriba no le han soltado del todo la mano. Su trato de favor en Martutene, la colaboración del Ministerio del Interior para que Estados Unidos no pudiera investigar su pornografía infantil, las llamadas de la Ertzaintza a los Juzgados para tratar de eliminar pruebas periciales en su contra, la Fiscalía del Supremo no interponiendo el recurso de casación que el Fiscal Bermúdez preparó ante la Audiencia Provincial de Guipúzcoa en defensa de las víctimas, la maniobra para arrodillar a Disney+ y que el documental sobre su caso no se emitiera en la compañía del ratón más famoso del mundo…

Desconozco qué le prometieron a Kote Cabezudo para que se olvidara de aquellos policías, militares, políticos, empresarios, presentadores de televisión, etc, que en su día verbalizó. Fue en su última declaración en fase de Instrucción. Un aviso a navegantes tan obvio como inquietante para los aludidos. Todos ellos participantes voluntarios, según él, de sus «producciones». De todos ellos conserva material audiovisual comprometedor.

Lo que sí sé es que el tambor del revolver de Cabezudo se ha ido quedando sin balas. Empieza a pensar que su último tiro pasa por la Sentencia que pueda dictar el Supremo en casación. Y fuentes cercanas a él me advierten que ya está deslizando su amenaza: o el Supremo le resuelve lo suyo, o tira de la manta. Estaremos muy pendiente de Marchena y compañía. Todo el mundo es consciente de las deudas que la alta judicatura arrastra con la política. No en vano a los partidos les deben sus poltronas los puñeteros del Supremo. ¿Será capaz la (in)Justicia de llegar tan lejos?


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