EL ESTIGMA DE LA AUTOAYUDA

Yo soy Dios

Poco podía imaginar hace años que escribiría una obra como “¡Yo soy Dios!”. Y aunque no comulgo mucho con esa denominación de “autoayuda” con la que se ha catalogado a todo un género, he de reconocer que mi libro ha sido y sigue siendo pura autoayuda. Básicamente porque escribirlo me ha ayudado muchísimo. Más de lo que podía prever y más de lo que podrá ayudar a cualquier lector que bucee en él en busca de respuestas, que, dicho sea de paso, espero que también sea mucho. Así que sí, me he auto-ayudado escribiéndolo.

Dicho esto, quiero iniciar esta serie de artículos semanales reflexionando sobre una realidad que envuelve a este “género”. Y es la dicotomía existente entre quienes se saben (otra cosa es que lo confiesen) fanáticos devoradores de autoayuda y aquellos otros que la detestan con una visceralidad casi literal. Porque les hablas de autoayuda y casi puedes notar como el cuerpo se les tensa y las vísceras se les remueven. No quieren ni leer una página, como si hacerlo pudiera contagiarles una enfermedad mortal de necesidad. La autoayuda es para los desequilibrados nada más, dicen. Por último los que toman contacto por primera vez con un libro de autoayuda rara vez permanecen indiferentes. Al final o se suman a un bando o se suman al otro.

Yo soy Dios
Segunda edición íntegramente donada a la Asociación Justicia Poética

La intriga que me genera un “por qué” casi siempre me impulsa a desentrañarlo. Y dar con el diagnóstico de semejante división no fue una excepción. Tras años de estudio, la conclusión es clara: la autoayuda siempre ofrece una promesa de éxito, de superación del dolor o de paraíso en la tierra. Pero de igual modo siempre exige un precio: la responsabilidad. Puedes aceptar el ofrecimiento y aspirar a la promesa. Pero para eso tendrás que ser también capaz de aceptar que eres cien por cien responsable de ti mismo y de todas tus circunstancias. Y a partir de ahí nace la división. Entre aquellos que lo consideran un buen trato y están dispuestos a intentarlo, y los que carecen de coraje para hacerlo y encajan cualquier idea que menoscabe su pretendida no-responsabilidad como un ataque personal.

Todo se reduce a lo siguiente: ¿Eliges que tu felicidad dependa enteramente de ti aun a riesgo de fracasar en su conquista? ¿O eliges ser feliz/infeliz al capricho de los acontecimientos externos, reconfortado incluso en tu infelicidad por la idea de que no puedes hacer nada frente a… que no es tu culpa que… que qué le vas a hacer si…?

Si eres de los primeros, alabo tu valor y te emplazo aquí la semana que viene. Si eres de los segundos, de verdad que te entiendo, es cómodo vivir siendo una víctima. Pero mejor no vuelvas por aquí. Sólo conseguiré cabrearte.


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  • El mas común de los mortales cree que su existencia se rige por algo que llama “vida” o “destino”. Todo lo malo es culpa del destino y todo lo bueno es gracias a la vida. Y cuando algo falla en su interior buscan en esos libros de auto-ayuda una respuesta, una guía, una luz. “Yo soy dios” es el libro que me ha servido de fabulosa herramienta para despertar y ser yo misma esa luz. Algo por lo que estaré eternamente agradecida a su autor.

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