UNA AUTOPISTA DE OPORTUNIDADES

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Me sorprende la cantidad de personas que transitan por la vida quejosas porque nunca les llegó su oportunidad, su momento, su golpe de suerte. Una ocasión, aunque sólo sea una, de cumplir sus sueños. Y lo cierto es que las oportunidades florecen como margaritas silvestres, por doquier. Y en tiempos de crisis muchísimo más.

La cuestión es ¿oportunidades para qué? ¿Sabes exactamente qué oportunidad estás esperando? ¿Cuál es ese momento que esperas y podría cambiarte la vida? ¿En qué consiste tu golpe de suerte?

Las oportunidades son como salidas de una autopista. Si estás distraído y te saltas una, perderás algo de tiempo. Pero siempre más adelante habrá una nueva salida que te permita alcanzar tu destino. ¡SIEMPRE!

Ya quieras llegar a Madrid, La Coruña, Lleida, Cádiz o Murcia, puedes equivocar mil veces el camino. Pero siempre habrá en la carretera, un poco más adelante, una nueva salida para retomar el camino correcto. Sólo has de preocuparte de mantener el coche en buen estado y con gasolina en el depósito.

Otra cosa bien distinta es si no sabes a dónde vas. En la autopista de la vida la única regla es que el coche no se detiene nunca. Si desconoces tu destino, viajas a ninguna parte. Y las oportunidades irán pasando frente a ti dejándote con esa sensación de… “¿Tenía que haber cogido esta salida?”

Así que sería bueno que determinaras cuanto antes y de la forma más clara posible a dónde quieres llegar. Y no bastará con que digas a Galicia o a algún lugar de la provincia de La Coruña, no. Tienes que ser concreto. Quiero ir a Ferrol. Bien.

Aun teniendo un destino claro, te pondrás rumbo a Ferrol haciendo uso de tu instinto de conductor (tu corazón) y programando el destino en el GPS de tu coche (tu cabeza) y se producirán situaciones en las que tu cabeza te diga que has de tomar una salida (oportunidad) determinada y tu corazón te pone en un dilema porque “sabe” que no es el camino adecuado. 

-¡Pero me lo está diciendo la cabeza! ¡Me lo está diciendo la cabeza! 

Total, que haces caso a la cabeza. Y casi siempre, poco después de tomar la decisión, escuchas esa voz característica que dice: “Recalculando ruta…” No te preocupes demasiado. Hay otra salida en pocos kilómetros

¡Maldito GPS! ¡Ya sabía yo que no tenía que hacerle caso!


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