LA INCERTIDUMBRE

la incertidumbre

La incertidumbre es lo único cierto de esta nueva normalidad. Acostúmbrense. El resto de certezas han volado por los aires y no van a regresar. Tengan por seguro que aquellos que mejor sepan manejar la ansiedad en el escenario post-pandémico que viene, se mantendrán a flote y llegarán a buen puerto. Los que no, se quedarán por el camino. Se impone además un nuevo tablero de juego en el que pareciera que sólo caben los extremos. O blanco, o negro. O conmigo, o contra mí.

Lo peor de todo es que el miedo ha resultado ser el daño colateral de la incertidumbre. Y los efectos de ese miedo están siendo infinitamente más devastadores que los del propio virus. La población mundial actual asciende a más de 7.800 millones de personas. Los muertos por la pandemia de Covid a nivel mundial ascienden a poco más de 722.000 personas. Esto representa apenas el 0,0926% de seres humanos sobre la Tierra.

Es decir, el Covid-19 no está causando la muerte ni al 1 por 1000 de la población. Pero por cada 1 que muere, 999 están sufriendo severas limitaciones a sus libertades individuales. 999 están siendo inducidos al miedo más cerval. 999 están comenzando a desconfiar de sus semejantes. Están reduciendo sus contactos, sus afectos y todo aquello que nos hace humanos. Están comenzado a mirar a los demás como elementos peligrosos… Y todo ello en un contexto de superpoblación humana que durante décadas nos han vendido como un problema para la supervivencia del planeta.

La incertidumbre, ¿a quién beneficia?

Si algo está marcando sobremanera la realidad que nos rodea, eso es sin duda la incongruencia del relato oficial y la incoherencia de las medidas que se nos imponen. Y una pavorosa evidencia sobre la que reflexionar se alza frente a tanta convulsión social: cuando inoculas el miedo en una población, anulas su capacidad de análisis crítico sobre todo lo que le rodea. Se pierde el criterio y la lógica. Se abandona la razón. Solo queda el miedo. Y es un pésimo consejero.

Quizás como sociedad deberíamos preguntarnos a quién beneficia toda esta locura que estamos padeciendo. Destruir el tejido productivo de los países, ¿a quién beneficia? Hacer depender a los ciudadanos de subsidios, ¿a quién beneficia? Establecer medidas de control sobre las libertades individuales básicas, ¿a quién beneficia? Separar a las personas deshumanizándolas todo lo posible, ¿a quién beneficia?

Quizás si nos hiciéramos las preguntas correctas, descubriríamos que la incertidumbre de muchos, es el poder de unos pocos. Unos pocos para los que no parece haber restricciones de ningún tipo. Pero quienes viven cegados por el miedo, ni siquiera eso ven… El CoVid-19, una obra maestra. hay que reconocerlo.


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