SÁNCHEZ, LAS MASCARILLAS Y LA VACUNA

Sé que corro el riesgo de ser acusado de negacionista y terraplanista, pero me importa una higa. Ya lo dije en mis redes sociales. No pienso obedecer las ordenes de Pedro Sánchez para utilizar la mascarilla en exteriores. Estoy vacunado, a la espera de la tercera dosis y tomo precauciones lógicas para protegerme e intentar no perjudicar al prójimo. Pero sigo la opinión científica. Y por más que Sánchez pretenda que obedezca sus caprichos, acatando decisiones que van contra la opinión científica y contra mis derechos individuales, asumo el riesgo de ser sancionado. Ya procuraré yo que la Policía no me trinque y tengo buen ojo para detectar a los policías de balcón, a los amantes de la delación. Si en algún momento soy sancionado, me resistiré a pagar un euro recurriendo hasta la última instancia que tenga, incluyendo las comunitarias.

El gobierno de Pedro Sánchez ha delegado hace tiempo la gestión de la pandemia en las Comunidades Autónomas, pero de cuando en vez el presidente, encantado de haberse conocido, toma alguna decisión absurda para decir aquí estoy. Comparece en la tele de todos para recordarnos sus insoportables “Aló presidente” y dejar huella con alguna sandez. En pleno ascenso de la variante Omicron, que aumenta los contagios pero no liquida, especialmente a los vacunados, Ignacio López Goñi, experto epidemiólogo, lo explicó atinada y claramente: “llevar mascarilla por la calle y quitártela al entrar a un bar porque vas a comer o a beber es lo mismo que ir con casco por la calle y quitártelo al subir a la moto”. 

Estoy a favor de vacunarse, aunque tengo claro que la vacuna será un éxito solo cuando una mayoría de la población mundial acceda a ella. Mientras seamos unos pocos privilegiados los que podamos vacunarnos y la mayoría de los países del planeta no tengan acceso a la vacuna no podremos hablar de éxito alguno, por más que Sánchez insista en que España tiene vacunado a un porcentaje elevadísimo de la población. Lo hace de modo que parece que nos ha vacunado él.


Sánchez impone y demuestra un sectarismo insoportable

Después está el “Pasaporte Covid”. Hay comunidades autónomas donde no puedes ni ir a mear sin que alguien te lo pida. Ya se sabe que en España a alguien le otorgas autoridad y la ejerce a toda prisa como si fuera Napoleón. Sea un policía, un guardia de la porra, un segurata, un camarero o un oficinista. Quieren que llevemos todo el día la mascarilla para que nos alimentemos de nuestros propios microbios. Y cada día crecen los lugares donde te piden el puto “Pasaporte Covid”, que se ha convertido en una máquina de contagiar porque una vez que lo muestras te posibilitan el acceso a lugares cerrados y abarrrotados de personal, lógicamente sin mascarilla, porque se disponen a beber o comer. 

Y el personal sigue ejerciendo de tragacionistas sin fronteras mientras Sánchez nos entretiene con las mascarillas para que estemos atentos a eso. De pronto nos colará otra imposición absurda, contraria a las opiniones científicas. Y entonces el personal dirá que si lo comparamos con la mascarilla no es nada. De nuevo nos la meterá doblada Mr. Falcon. Hay Comunidades como Madrid -sí, Madrid-, que caminan en una dirección más atinada. Facilitar al máximo el uso de tests, acelerar la vacunación y prolongar los contratos temporales de refuerzo sanitario para aliviar la atención primaria.  Pero sobre todo tratarnos como adultos para que dispongamos de la información científica. Y así entender la verdadera dimensión del problema, que es grave, y llamando a la sensatez, al sosiego y a la responsabilidad de cada uno.

No alcanzo a ver posible la recuperación de nuestro país con un Gobierno de una incompetencia insuperable y un sectarismo insoportable. Y eso sí, en los medios de comunicación abundan los estómagos agradecidos que le bailan el agua a Sánchez. Sí, elogian sin parar sus medidas absurdas y liquidan sin piedad a quien osa discrepar. Lo que más risa me ha producido esta semana son los programas de televisión que critican los contratos temporales en la sanidad madrileña. Hablan de “contratos basura”, ellos que contratan a su personal con contratos de un día de duración. Y puedo dar fe de ello.

Ya nos encerraron durante meses, nos prohibieron despedirnos de nuestros muertos. Y eso sí, lograron que el personal encerrado se asomara al balcón a las ocho de la tarde para aplaudir a los sanitarios. A quienes si no llamas “héroes” es porque eres un negacionista de mierda. No me gustan los héroes. Los sanitarios han hecho un trabajo formidable en general, muy de agradecer. Aunque no olvidemos que es el trabajo por el que cobran un salario público garantizado como funcionarios.

Con todo el respeto y la admiración hacia ellos creo que solo faltaría que en una pandemia no hubieran dado la talla. Como los bomberos cuando hay incendios o volcanes en erupción o como los periodistas cuando hay un acontecimiento extraordinario. Han sido funcionarios en general ejemplares, a quien debemos estar muy agradecidos, pero una sociedad que necesita de héroes en la Administración para funcionar es una sociedad que no funciona adecuadamente.


Y además…

Sortu y Sánchez se pusieron muy gallitos cuando nos dijeron que se habían acabado los homenajes, los famosos y odiosos “ongi etorri” a los asesinos etarras que regresaban a sus pueblos al salir de prisión. Y el personal celebró lo que llamaron “un paso adelante más”. Hasta que un juez de la Audiencia Nacional llamó a declarar a Mikel Antza, ex jefe de ETA durante 12 años, por su presunta implicación en el asesinato de Gregorio Ordoñez. Antza compareció en los Juzgados de San Sebastián para declarar por videoconferencia.

Allí le esperaba una nutrida y destacada representación de Sortu, incluidas viejas glorias como Rufi Etxebarria, José María Olarra o Iñaki Alegría. Y el viernes pasado se le hizo un homenaje público a un etarra que asesinó a seis personas: Iñaki Etxebarría Martín apodado “Mortadelo”. Fue recibido en el casco viejo de Pamplona con bengalas, petardos, banderas y gritos de ánimo de varias decenas de simpatizantes de ETA y Sortu.

Y el ongi etorri definitivo se lo va a hacer Sortu a David Pla, ex líder etarra que fue quien, encapuchado por supuesto, leyó el famoso comunicado en el que ETA comunicaba que cesaba su actividad criminal. Creo que conviene que el personal vea un documental producido  y colgado en la web Naiz.eus, sobre David Pla y el proceso de negociación entre ETA y el Gobierno en Oslo porque es muy aclaratorio. Pla, que se va a incorporar como nueva estrella a Sortu, los socios de Sánchez, dice muy claramente de modo que se le entiende perfectamente, que ETA solo decidió cesar su actividad terrorista “una vez que consideramos que habíamos conseguido nuestros objetivos políticos”. Pues eso Pedro Sánchez. Esos son tus socios en la gobernabilidad de España.

Y Sortu despidió a Antton Troitiño, legendario etarra del comando Madrid fallecido en Irún, como a un héroe. Arnaldo Otegui, el que decía hace poco que lo de ETA “nunca debió haberse producido”, acudió al tanatorio de Troitiño -22 asesinatos a sus espaldas-, para decir que era un día “de duelo” para Sortu. Añadió que lloraban “a una víctima del conflicto”. Alguien del Gobierno debiera recordarle a Otegui que víctimas fueron las 22 personas a las que asesinó Troitiño. Además fue puesto en libertad porque sufría un cáncer incurable, que es quien acabó con su vida. Troitiño fue un victimario, no una víctima.

Y no se pierdan la esquela en Gara: “El brillo de tus ojos y tu dulce sonrisa serán nuestra guía”. Esos ojos y esa sonrisa que no vieron la mayoría de las personas a las que asesinó porque además de asesino era cobarde. O mataba por la espalda o lo hacía accionando a distancia artefactos explosivos. A las víctimas les alegrará saber que el asesino tenía una sonrisa dulce y unos ojos brillantes. Lo malo no es que Sortu no oculte que es lo mismo que ETA, lo jodido es que Sánchez gobierne con ellos tratando de convencernos de que son gente de paz. Si, y de sonrisa dulce. Dan ganas de vomitar.


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