SEXTING: LOS MENORES SE EXPONEN EN LAS REDES

El pasado 27 de febrero se presentó el libro “Entre selfies y WhatsApps”. Una publicación que incluía un estudio realizado por investigadores de la Universidad del País Vasco y en el que se reflejaba una realidad. Y es que uno de cada tres menores en España reconoce haber practicado alguna vez lo que llaman «sexting». Hablamos del intercambio de mensajes sexuales a través de las redes sociales. La obra incluye un compendio de artículos científicos de investigadores europeos, latinoamericanos y de encuestas de la propia Universidad del País Vasco. 

El estudio especificaba aún más: el 31% de los menores de entre 11 y 16 años intercambian mensajes sexuales. Pero la cantidad de información sexual que se comparte, aumenta a medida que estos menores crecen. Así se refleja también que entre los 18 y los 25 años, los jóvenes incrementan la cantidad de mensajes que se comparten con contenido sexual. Los hombres son quienes reciben una mayor cantidad de fotografías sexuales. La razón es porque ellos las piden más y ellas se sienten presionadas para enviarlas y acaban accediendo. 

Un hecho que nos lleva a pensar que quizá ese intercambio de información no se produce ni de manera voluntaria ni libremente. Y enlaza muy estrechamente con el bullying y el ciberbullying. Los propios autores del estudio alertan que se ha incrementado en los últimos seis años, elevándose del 15 al 31%. En este caso en torno al ciberbullying también hay diferencias de género. Las niñas parecen quedar más afectadas que los niños, sobre todo en la franja de edad que oscila entre los 15 y 16 años, porque a ellas les afecta más este tipo de prácticas.

Que los tiempos cambian está claro. Lo que antes servía para entretener a un niño ahora parece que no sirve tanto, aunque la infancia sea siempre igual y los seres humanos mantengamos desde hace siglos, si no milenios, los mismos mecanismos ante la percepción de los estímulos. Sin embargo la ciencia no lo constata pero es evidente que cada vez nos sorprendemos menos por todo. Los niños por ejemplo: a medida que van creciendo, se ilusionan menos y el efecto sorpresa cada vez es menos efecto y menos sorprendente. Quizá la explicación se encuentre en que con el paso de los años, los estímulos son mayores a edades más tempranas, con lo que nos acabamos acostumbrando a todo mucho antes que nuestros padres, nuestros abuelos o nuestros antepasados en general. 


Sexting: una práctica muy peligrosa en los jóvenes

¿Quién no ha escuchado que nuestros abuelos la primera vez que oyeron una emisora de radio se sintieron atrapados por la magia de las ondas y las voces que salían del transistor? Ahora según varios estudios, hay niños que tienen su primer teléfono móvil a la tierna edad de los 8 años. Los estímulos que recibirá serán mucho mayores que los que recibieron sus padres a esa misma edad. Estará expuesto a información que puede no ser debida para su desarrollo y cognición. Y quizá también visualizará contenidos que no son propios, más allá del posible control parental que hayan instalado sus tutores en el dispositivo. 

La normalización en el uso de dispositivos móviles ha llevado a que niños queden expuestos a contenidos no propios para su edad. Que niños consuman información para nada seleccionada. Información que nada les aportará y en la que puede que haya trazas de violencia y pornografía que no les corresponde ver y para la que no están preparados. 

Según el informe elaborado por investigadores del País Vasco y citado al comienzo de este artículo, la percepción que se tiene del sexting es que es una práctica peligrosa, según el 94,5% de los menores a los que se encuestó para elaborarlo. Además el 44% de ellos admitió que compartir este tipo de información es parte del juego erótico y sexual. Solo 1 de cada 4 opinó que hacerlo mejora las relaciones de pareja. 

¿Darías el control de un vehículo a un niño de 12 años para que conduzca por la carretera?” Es lo que pregunta la Policía Nacional en muchas de las charlas que imparten en centros escolares para un correcto uso de Internet y las redes sociales. Evidentemente la respuesta de cualquier adulto sería un rotundo “No”. Pues con Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales ocurre algo similar. Primero hay que estar preparado para saber utilizar ese tipo de herramientas. Después controlar su uso sabiendo que quizá el menor que echa mano a ellas, puede que no esté del todo preparado para saber qué posee y qué puede utilizar con ello. 

Según otros estudios relacionados con el uso de Internet y las redes, tanto chicos como chicas envían contenido erótico-sexual propio a través de Internet. Y lo hacen por igual, en la misma proporción, sin destacar diferencias significativas por género. Sin embargo los expertos hablan también de un “doble estándar sexual” por el que las chicas, actuando en la misma proporción que los chicos y compartiendo la misma cantidad de información, se sienten más juzgadas que ellos al hacerlo.

Además los investigadores apuntan algo conmovedor. Se comparte información sexual pero quizá el comportamiento más dañino que se observa en los menores es el reenvío sin consentimiento. Es decir la difusión de ese contenido más allá del destinatario deseado, haciéndolo viral y comprometiendo aún más la intimidad de emisor-receptor. Según algunos estudios, el 8,1% de los adolescentes suele enviar contenido propio. El 9,3% reconoce reenviar sin consentimiento contenido de otras personas. Y aún más, al 21% de los jóvenes les suele llegar contenido erótico-sexual a sus dispositivos, provenientes de su pareja o sus compañeros íntimos.

El 28,4% reconoce recibir también contenido de otras personas a las que seguramente no se les haya pedido permiso para compartirlo. Se hace de manera insconsciente, movidos por el deseo de llegar más allá. Algo que puede hacerse a través de Intenet, pero que si no se cuenta con el conocimiento o los niveles de consciencia adecuados puede ser peligroso e incluso arruinar la vida de quienes participaron en ello sin calibrar las consecuencias.

Y recordar que el pasado 26 de mayo de 2022 el Congreso de los Diputados en sesión plenaria ha aprobado el Proyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual, más conocida como la «ley de solo sí es sí», en la que se recoge un cambio del Código Penal con respecto a la redifusión de imágenes y vídeos sexuales de terceros. Con esta modificación se pretende castigar con multas económicas de hasta tres meses. La pena se eleva a un año por difundirlas. Y si en el contenido aparecen menores, la pena puede ser aún más dura.


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