ESTAFA «LOVER BOY»: LOS ESTAFADORES DEL AMOR

Crece el número de víctimas de la estafa conocida como «Lover Boy«. Según indican desde la Unidad de ciberdelincuencia de la Policía, se trata de personas de entre 50 y 70 años, que han dejado de tener miedo a navegar por Internet e incluso a cerrar citas movidos por el deseo de iniciar una relación amorosa. Se trata generalmente, según de la Policía, de personas con evidente “falta de cariño”. Razón que además aprovechan los estafadores para explotar esa soledad y aprovecharse de ellas. 

Recientemente se ha conocido el caso de un hombre, con apariencia de “culto, pudiente, que se expresaba perfectamente y estaba en buena forma” que llevaba meses enviando dinero a una supuesta bella cordobesa, que en realidad era una banda de nigerianos radicados en Murcia. El hombre había enviado casi 100.000€ a sus estafadores, sin saberlo. Y lo peor, sin sospecharlo.


Aumentan los casos de estafa de «Lover Boy»

En Alicante se detuvo también a dos miembros pertenecientes a una organización que también se dedicaban a la estafa «Lover Boy’» Estafaron a once mujeres una cantidad cercana al millón de euros. Pero también se conocen casos en los que son madres de familia las víctimas de esta estafa, también conocida como “el robacorazones”. Una mujer, residente en Illescas (Toledo), junto a  sus dos hijos menores de edad, se enamoró perdidamente de un señor a quien conoció a través de las redes sociales. La Policía detectó que el enamorado no era sino un estafador a quien localizaron en Las Palmas de Gran Canaria. La mujer pagó cerca de 60.000€, pero se quedó sin fondos y tuvo que abandonar su casa por imposibilidad de seguir pagando el alquiler de la misma. 

En Guipúzcoa, a finales del año pasado, un hombre de nacionalidad española y dos más de nacionalidad nigeriana fueron detenidos por la Guardia Civil acusados de hacerse pasar por una mujer que entablaba relaciones con sus víctimas a través de las redes sociales. El resultado de la operación dio con dos víctimas a las que estafaron más de 176.000€. 

En Sevilla, una mujer declaró ante la Policía haber sido estafada por un supuesto militar de EE.UU, que había sido destinado a Irak en misión de guerra, a quien había enviado unos 18.000€. El supuesto militar era en realidad un grupo de seis hombres. Dos de ellos residentes en Turquía. Se habían hecho pasar por el “enamorado”.


Estafas en redes sociales y en webs de citas

Las estafas se perpetran a través de redes sociales, pero también en webs de citas. Buscan víctimas que más o menos mantienen un perfil similar: mujeres solteras o viudas, todas de mediana edad, con poca experiencia en medios informáticos, nuevas tecnologías y redes sociales. Y, sobre todo, vulnerables en torno al amor y la compañía. Éste es, según la Policía, el punto característico que suele unir a todas las víctimas, ya sean hombres o mujeres. La soledad les pasa tanta factura que acaban llevándoles de cabeza a una estafa en la que caen sin cuestionarse que la persona con la acaban de entablar relación e incluso con quien mantienen conversaciones durante meses o incluso años, les va a ir pidiendo sumas de dinero que no se cuestionan nunca. 

Los estafadores abren cuentas bancarias donde van ingresando el dinero que las víctimas pagan. Y pagan convencidas de que a quien ingresan el dinero es alguien del que probablemente han empezado a enamorarse. Confían porque el amor, como quien dice, es ciego hasta para soltar dinero. De hecho, cuando aparece una nueva noticia sobre una estafa «Lover Boy«, otras víctimas, sospechan que quizá sus amores puede que no sean del todo fiables y acaban denunciando sus casos. Empiezan, también como quien dice, a abrir los ojos. Tal vez su amor no sea en este caso tan ciego. De lo que se sorprende la Policía es de que cada vez haya más. De la misma manera que deberíamos cuestionarnos por qué cada vez la gente se siente tan sola. Más sola. Y es, por tanto, más vulnerable a este tipo de estafas.


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2 Comments

  1. says: Maika Imedio Granullaque

    Mi experiencia ocurrió en noviembre de 2015. El contacto decía ser un hombre estadounidense llamado Michael, de profesión militar, que estaba destinado en una misión en África.

    Nos comunicábamos a través de WhatsApp desde el día siguiente al del primer contacto; de hecho, hasta entonces no tenía instalado WhatsApp en mi móvil y lo instalé a petición suya aprovechando que mis hermanos lo utilizaban a menudo y así podía comunicarme con ellos de ese modo.

    Cuando hablamos el segundo día me preguntó si mi situación económica era holgada y si podía mantenerme por mí misma en ese aspecto; le pregunté el porqué de su interés y dijo que quería estar seguro de que no me faltara de nada. Ahí saltó la segunda alarma emocional porque era inaudito que alguien que no me conocía anduviera preocupado por mí. La primera sonó cuando el primer día me escribió «I love you».

    Cuatro días después de nuestra primera conversación, por iniciativa propia me prometió que en diciembre vendría a conocer a mi madre y a presentarse como mi novio. Me resultó tan… irreal…

    Mi sorpresa iba creciendo día a día con las conversaciones que manteníamos. El quinto día me envió fotos de unos contenedores marítimos y me pidió 5.000 € que necesitaba, dijo, para tramitar los papeles de la aduana y poder empezar a utilizar la maquinaria pesada que transportaban y que él y su equipo requería para construir dos puentes. Quise saber por qué los dos socios de su empresa no podían sufragar ese gasto y ya no recuerdo qué me contó, pero la clave era que o yo le prestaba esa cantidad de dinero o él no podía continuar su trabajo, esencial para dos comunidades africanas.

    El mismo día en que me pidió el dinero me despedí de él sin más, sin darle razón alguna. Me preguntó si no creía en su amor y si de verdad yo no lo amaba. Le dije que nunca lo había amado porque ni siquiera nos conocíamos. Insistió en mantener el contacto conmigo, me envió mensajes durante unos cuantos días, no contesté ninguno y desapareció.

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