RACISMO Y XENOFOBIA ENTRE NUESTROS JÓVENES

Según el estudio que ha realizado el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, perteneciente a la Fundación FAD, el 25% de nuestros jóvenes se declara abiertamente racista. Esto es, uno de cada cuatro. Una afirmación que no solo afecta a aquellos que en teoría son diferentes a ellos, sino que afecta en realidad a toda la sociedad. Porque los jóvenes son el futuro, dicen. Y si el futuro se presenta racista, muy halagüeño no parece que vaya a ser. 

Tal y como se indica en este estudio, nuestros jóvenes se consideran afines a ideas ultraderechistas. Además, sienten animadversión por las personas de etnia gitana, por las que son procedentes de Marruecos o del África Subsahariana. En su gran mayoría son varones. En cuanto a las chicas, suelen declararse antirracistas o mantienen un carácter no tan radical como ellos. A nivel general se habla abiertamente de que los jóvenes son racistas, xenófobos y las cifras cada vez crecen más. Pero, ¿sabemos a qué nos estamos refiriendo?

Xenofobia proviene de dos palabras griegas: xeno y fobia. Juntas vienen a expresar “rechazo al extranjero”, sin tener ninguna connotación racial o cultural. El rechazo viene dado para todas aquellas personas que no comparten la misma nacionalidad que el xenófobo. Mientras que, por su parte, el racismo según la RAE viene a significar “exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive”. Así como “una ideología o doctrina política basada en el racismo”.


¿Son todos nuestros jóvenes racistas y xenófobos?

Nuestros jóvenes parecen ser racistas. Tienden a la ultraderecha y sienten rechazo al que no es igual que ellos. Pero, ¿son todos los jóvenes así? La mayoría de los medios hablan de uno de cada cuatro, pero ¿qué tal si damos a conocer que 3 de cada cuatro jóvenes sienten respeto por los demás. No sienten rechazo por quien tiene la piel más clara o más morena o por los que emigran a nuestro país buscando un futuro mejor?

¿Qué tal si hablamos de que el 75% de los jóvenes en España conoce lo que es vivir en una sociedad multicultural? Van o han ido a clase con niños y niñas cuyas familias no se criaron en su mismo barrio o pueblo, sino que llegaron de más allá, quizá de países a los que puede que nunca lleguen a viajar en su vida, ni por placer ni por deber. En su grupo de amigos el mestizaje suena “random” porque no se da, ¿qué más da que uno tenga los rasgos que sea? 

En España, según ese mismo estudio que hemos citado a lo largo de este artículo, el 75% de los jóvenes españoles rechazan de forma general el racismo y por el contrario, prefieren poner en valor la multiculturalidad. Además, se sienten de acuerdo con la protección de colectivos más vulnerables de la sociedad. 

En 2021, la página web del Foro para la integración social de los inmigrantes publicó un informe en el que se hablaba, entre otros temas, de lo que había supuesto el confinamiento en los procesos de aprendizaje y en la inclusión en estos procesos, dentro de las aulas, de los colectivos más desfavorecidos. Se hablaba de la brecha digital. De la desigualdad en el acceso a la información.

También de “la importancia de fortalecer las aulas multiculturales como una estrategia eficaz para romper con los prejuicios, teniendo en cuenta que poner en contacto a personas de distintos grupos sociales promueve la confianza mutua entre los grupos mayoritarios y los minoritarios” y se reconocían las enormes dificultades que tiene el alumnado de origen inmigrante con el objetivo de avanzar en una educación pública de calidad, inclusiva, y equitativa, con perspectiva intercultural”, como explicaron posteriormente en nota de prensa. ¿Significa esto que los inmigrantes estudian en la escuela pública y que, por tanto los alumnos de la pública los únicos que tienen contacto con ellos? 

Significa, por lo pronto, que todas estas estrategias se quedan cortas. Porque después, en este tipo de estudios que se hacen a “todos los jóvenes” no se diferencia entre quienes han optado por estudiar en la escuela pública o en la escuela privada, si se trata de jóvenes de barrios en los que hay más multiculturalidad o en los que apenas asoma. Se generaliza y se da a conocer que, de forma alarmante, uno de cada cuatro jóvenes son racistas. ¿Empezamos a mirar las cosas con otra perspectiva? Quizá el mundo en el que vivimos, la sociedad de la que formamos parte, no sea tan oscura como nos la quieren mostrar.


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