La Política Agraria Común (PAC) es la plasmación de la política de fondo de la UE. Nace del Tratado de Roma y se traduce, grosso modo, en favorecer la exportación de los productos industriales a costa de permitir (retirando las barreras arancelarias) la importación de «las cosas del comer». Ese sacrificio del sector primario, en beneficio del resto, dio pie al mecanismo compensatorio que conocemos como «la PAC» con el que, además, lograban otro objetivo político. Sí, el de mantener controlados los precios de la cesta de la compra lo que redunda en la paz social. La PAC siempre fue condicional. E impuso, desde el principio, muchos sacrificios, restando capacidad productiva con cupos a la pesca y restricción de cabañas y cultivos.

El sistema quebró con la ampliación a 27 de la UE que trajo un severo recorte de la misma añadiendo. Eso sí, la posibilidad de complemento por parte de los Estados Miembros. Con todo, actualmente, la subvención no sale a cuenta (ver, por ejemplo, esos 90€/Ha. que pagan para el cereal secano), incluso aunque consigas sumarle el «Pago Verde» que supone un 30% adicional, pero que viene condicionado a un sinfín de obligaciones medioambientales y burocráticas que, las más de las veces, resultan ilógicas e impracticables.


La PAC: un sector que se desangra por la competencia desleal

Esa PAC ha traído unas importaciones sin control ni información -ni a los sectores afectados, ni a los consumidores- que han derrumbado los precios de mercado hasta niveles de hace 40 años (ver, por ejemplo, ese 0,20€/k del trigo). Los costes de producción, sin embargo, se han disparado desde entonces, poniendo al sector en el brete de desaparecer. Un sector que se desangra por la competencia desleal. Por cuanto producir en la UE, con esas reglas tan estrictas, comporta mayores costes que rompen la competitividad de nuestros productos en un mercado globalizado y poco mirado con la calidad.

Y también por el doble fraude al consumidor que supone tanto la falta de un etiquetado claro, que permita saber lo que se compra al golpe de vista. Como la ausencia de trazabilidad en el producto importado, del que se desconoce todo hasta el punto de comprometer seriamente la seguridad alimentaria de España y de la UE. Así es como se ha gestado la tormenta perfecta del sector primario que ha encendido las protestas en toda la UE. ¡Un timo peor que el de la reducción de emisiones!

El gobierno español, por supuesto, apoya las políticas de la UE y las hace suyas aquí, en España. Sus esfuerzos han ido dirigidos únicamente a desarticular las protestas gracias a tener en nómina a los principales sindicatos (ASAJA, UPA y COAG) que no representan al sector, sino a esa PPSOE que luego vota a favor de todos estos disparates en Bruselas en lugar de plantarse (pudiendo hacerlo, porque todavía somos la 5ª Economía de la UE).

Ningún esfuerzo para mejorar la situación del sector. La PPSOE espera que el cansancio de los manifestantes y la desarticulación de sus peticiones basten para cerrar este conflicto. Mientras lo confunden todo a través de los sindicatos y la prensa, le echan todas las culpas a la UE. ¡Valientes embusteros! Exactamente lo mismo que hacen con el resto de asuntos ¡A ver si os enteráis! El resultado: los propios manifestantes confiesan desesperanzados que ahora ya “no se sabe ni quién es quién, ni que pide cada uno”. ¡Objetivo conseguido!


La PAC es la gran trampa para que el PPSOE controle el sector

¿Qué hay detrás? Los intereses de las grandes multinacionales europeas y americanas de ganar mercado a costa del sector primario y de la salud de los ciudadanos. Un oligopolio que tiene a sueldo a los partidos políticos a través de los que logran anteponer sus intereses comerciales a todo lo demás. Tendremos que comer mierda, empero resultará asequible. A cambio, ellos consiguen abrir muchos mercados a sus productos industriales, particularmente África y el Mercosur. ¿Cómo lo consiguen? A través de los comisarios políticos que tienen infiltrados en todo el aparato político que lógicamente apoya esos intereses mientras soslaya el interés general de la ciudadanía. Necesitamos, por tanto, romper con esta PAC. Y buscar un nuevo sistema que concilie los intereses de todos los sectores y que garantice nuestra soberanía alimentaria y nuestra seguridad y salud. 

En definitiva, la PAC es la gran trampa con la que la PPSOE ha conseguido controlar el sector y desarticular a los productores para hacer con ellos, literalmente, lo que le da la gana. A través suyo, también, controla la cesta de la compra y la sociedad. No les importa depender de terceros países que producen a su libre albedrío (sin controles). Un cepo inaceptable para cualquiera con dos dedos de frente. Eso sí, a la PPSOE parece salirle a cuanta (alguien se lo está llevando, amiguitos). Sin soberanía alimentaria no tardará en aparecer un «Puigdemont agroalimentario» con su lista de reivindicaciones y la PPSOE, en comandita, nos dejará vendidos como siempre. Dale una vuelta.


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