LECTURAS DE VERANO

No me gusta el verano, ya lo he contado alguna vez, pero hay algo que lo hace especialmente atractivo: la lectura. El placer de leer más tiempo y tener reservadas lecturas para la época es lo que hace que esta estación la lleve mejor. 

Mientras la mayoría de las personas esperan las vacaciones por los viajes, las terrazas interminables o las tardes de playa, yo espero el momento de abrir ese libro que lleva meses guardado en la estantería esperando el momento de ser disfrutado. Porque hay libros para cualquier momento del año, pero también hay libros que parecen escritos para el verano. Tengo esperándome para julio y agosto una pila de libros interesantes, y no me puede atraer más la idea de quedarme una tarde entera, con el ventilador puesto y mi sobrino corriendo alrededor, para disfrutar de uno de los momentos del verano. 

El lujo de tener tiempo

Vivimos obsesionados con aprovechar cada minuto. Cada segundo. Cada instante. Leemos mensajes mientras esperamos el ascensor, escuchamos podcasts mientras caminamos y respondemos correos en cualquier momento del día. Vivimos en la era de la prisa y de la inmediatez. Por eso, me resulta tan satisfactorio sentarme a leer sin mirar la hora

Durante el año leo muchísimo, forma parte de mi trabajo y también de mi vida. Siempre tengo en la mesilla un libro para disfrutar por la noche. Hay una diferencia enorme entre leer una horita antes de dormir y pasar una mañana o una tarde entera sumergida en las páginas de una novela. La primera es una pausa. La segunda es una abstracción total. 

En verano, leer es detenerse. Y quizá sea por eso sigue siendo una de las actividades más agradables en una época que nos invita constantemente a la velocidad, a lo rápido. 

Los libros que esperan

Tengo una costumbre que mantengo desde hace años. Compro libros y no los leo inmediatamente. Los guardo en la estantería, los dejo reposar y, cuando llega el momento perfecto, los saco y los empiezo a disfrutar. 

Y eso me pasa en verano. Tengo libros reservados para esta época del año. Bien por la época en la que se desarrolla. O porque estoy acostumbrada a leer al autor o la autora en estos meses o porque es una novedad y la necesito leer ya. 

Hay libros que me llegan a casa en febrero pero que, de alguna manera, sé que disfrutaré en julio o agosto. Como quien reserva una botella de vino especial para ese momento perfecto o guarda una prenda para una ocasión única. Pues eso me pasa a mí con los libros. 

Y escuché a alguien, no hace mucho, decir que “no solo elegimos los libros. Los libros también eligen cuando quieren ser leídos”. 

Las historias que me acompañarán este verano

En la maleta ya están apilados todos los libros que quiero leer este verano. Aunque he de confesar que alguno más caerá. Siempre pasa. Llevo una lista cerrada a la casa de la playa, y a la vuelta esa lista ha aumentado de tamaño. Placeres de una lectora voraz. 

Las historias que me acompañarán este verano son Todos nuestros veranos y Un verano dorado, de Carley Fortune. También quiero leer La floristería de la guirnalda de margaritas, de Laurie Gilmore. Gente bien, de la periodista y escritora Verónica Sanz. O mi lectura actual, Giulia, el amor y un puñado de lavanda, de Cherry Chic. Novelas y comedias románticas son todo lo que quiero este verano. 

Aunque también hay espacio para algún ensayo. Amo este género. Títulos como Orfidal y Caballero, de Ángeles Caballero, Dame veneno que quiero vivir, de Leticia Sala, o Casi adultos, de Gabriela González. También tengo pendiente leer el último de Milena Busquets y caerá alguna historia más de Cherry Chic. 

La relectura pendiente

No suelo releer libros. Hay demasiados títulos esperándome como para volver atrás. Siempre he sido de terminar un libro y avanzar a la siguiente historia, a la siguiente autora o la siguiente recomendación. Sin embargo, este verano voy a hacer una excepción y voy a volver a releer a Violeta Reed, mi autora favorita. En concreto, voy a releer un libro que me gustó mucho pero no le di demasiada importancia, o quizá no era mi momento para leerlo. Me refiero a Si es perfecto no es amor. No sé si volveré a leerlo, pero está entre mis pendientes de este verano. 

Además, las relecturas tienen algo mágico: el libro es el mismo, pero el lector ha cambiado. No se lee igual una historia después de un año o dos. Algo cambia en el lector y eso es maravilloso. Y es que una relectura a veces confirma lo mucho que nos gustó un libro. Otras veces nos descubre aspectos que habían pasado desapercibidos en la primera lectura. 

Lo que se queda

Quizá leer en verano no tenga tanto que ver con la cantidad de libros que terminamos ni con las listas que cumplimos, sino con la forma en la que nos dejamos habitar por ellos. Entre días largos, calor y rutina suspendida, los libros encuentran un hueco distinto, más lento, más nuestro. 

Porque hay veranos que no se recuerdan por lo que hicimos, sino por lo que leímos mientras parecía que no estaba pasando nada. 

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