¿CUÁNDO SE PERDIÓ EUROPA?

Parece increíble pero ya estamos pisando el segundo cuarto del siglo XXI. Para aquellos que fraguamos nuestra infancia y adolescencia bajo los influjos de “La bola de cristal”, el “1, 2, 3” y “Naranjito”, echar la vista atrás implica un buen puñado de asombros y por desgracia un número similar de decepciones.

Una de las que más me duele es el despropósito que con el tiempo ha tomado el proyecto de la Unión Europea. Una idea sencilla y conciliadora, nacida para tender puentes que terminó devorada por su propia burocracia, convirtiéndose en el detonante perfecto de aquello que buscaba evitar.

En la Europa de los años 50, tras sufrir dos grandes guerras en unas pocas décadas, muchos intelectuales vieron la necesidad de propiciar sinergias europeas con un beneficio común, que alejasen la posibilidad de un nuevo conflicto bélico.

El comienzo de la unión europea

Jean Monnet, considerado el “arquitecto” de la unidad europea, ideó el enfoque pragmático de la integración gradual: en lugar de intentar crear un gobierno europeo unificado, propuso integrar sectores económicos estratégicos clave para hacer la guerra no solo impensable, sino materialmente imposible.

El 9 de mayo de 1950 Robert Schuman, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, asumió una idea del economista y consejero político Jean Monnet y la convirtió en una propuesta política formal. Con la “Declaración Schuman”, propuso poner la producción de carbón y acero de Francia y Alemania Occidental bajo una autoridad común supranacional abierta a otros países.

En 1951 nace la CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero), con la firma de Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo.

En 1957 se firman los “Tratados de Roma” que constituyen la CEE expandiendo la integración al libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales. En 1992, con el “Tratado de Maastricht”, la CEE se convierte en la Unión Europea.

Junto a Monnet y Schuman, otros líderes europeos clave compartían la visión de una Europa unida para consolidar la paz tras el largo periodo de guerras:

  • Konrad Adenauer, primer canciller de la RFA; promovió la reconciliación franco-alemana como pilar de Europa.
  • Alcide De Gasperi, primer ministro italiano; impulsó la integración europea desde una visión democristiana e incluyente.
  • Paul-Henri Spaak, político y diplomático belga; dirigió el comité que redactó el “Informe Spaak”, base directa de los “Tratados de Roma”.
  • Johan Willem Beyen, ministro de Asuntos Exteriores neerlandés; propuso el mercado común generalizado más allá del carbón y del acero.
  • Joseph Bech, primer ministro luxemburgués; ayudó a estructurar las primeras instituciones supranacionales.

Regulación del comercio

Los orígenes de esta unión siempre estuvieron basados en la libertad de comercio y tránsito entre países de Europa, bajo una regulación mínima. De esta forma, sin limitar las injerencias nacionales, se facilitaría la colaboración entre países.

Pero los políticos vieron en esta unión una nueva forma de hacer dinero y afianzar un poder superior, que no tardaron en implantar.

En 1963, se dicta que los tribunales nacionales están obligados a cumplir las normas europeas, rompiendo la autonomía de legislación de un Estado soberano.

En 1964, se impone que en caso de conflicto entre una ley nacional y una norma europea, la norma europea prevalece siempre, incluso sobre las constituciones o leyes posteriores de los Estados miembros.

Sin derecho a voto

Esto jamás se consultó a los ciudadanos, jamas se decidió en las cortes de cada país miembro de la UE y provocó cesiones de derechos constitucionales bajo los decretos de una serie de políticos que ni valoraron los daños de sus medidas.

En sus orígenes, gran parte de las decisiones exigían la unanimidad de voto. Así se garantizaba que ningún país sufriera la imposición de una ley europea en contra de su voluntad. Sin embargo, con la entrada del “Acta Única Europea” de 1986 y con el vergonzoso “Tratado de Lisboa” de 2007, —que impuso leyes que los ciudadanos de Francia y Países Bajos habían vetado en las urnas— todo cambió.

Hoy en día, un Estado miembro puede votar en contra de un reglamento o directiva europea y a pesar de ello, quedar legalmente obligado a aplicarlo y sancionar a sus ciudadanos si no lo cumplen.

La política agraria comunitaria lanza leyes desde burbujas desconectadas del mundo real, hacia un continente con infinidad de climas y condiciones agropecuarias. Y del euro, mejor ni hablamos. El BCE ya es sólo una inmensa maquinaria que vive de la inercia y que se mantiene en marcha para poder seguir cebando a los miles de funcionarios y políticos que la componen. 

Como estas, hay decenas de medidas impuestas desde sus despachos, que los ciudadanos desconocemos pero estamos obligados a cumplir.

La UE legisla antes de tener algo legislable y decide el futuro de millones de personas sin informes de los implicados y sin contacto con la realidad.

No se respeta la soberanía de cada país

En lugar de valorar las particularidades de cada país, respetando su soberanía, se regula a nivel europeo, se lanzan impuestos genéricos y una serie de políticos trasnochados que han encontrado su retiro anticipado en el Olimpo de los charlatanes, deciden el futuro de millones de personas. 

En las oficinas de la Unión Europea no está lo mejor de nuestra política. Allí acaban los que se quemaron en la política nacional, pasando a un retiro de lujo donde lamerse las heridas y sacarle lustre a su biografía. Exactamente igual que los futbolistas, que tras lograr sus mayores éxitos en los clubs de las primeras ligas, firman contratos astronómicos por mostrarse en un equipo de Dubai o por formar parte de la plantilla de un club en Estados Unidos.

Por lo tanto…, ¿cuándo se perdió la Europa que soñamos? Desde la ignorancia, creo que pudimos ver aquel sueño hecho realidad, pero nos descuidamos y hemos consentido que se convierta en nuestra peor pesadilla.

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