¿ASESINATO HOMÓFOBO?

A mediados de julio un joven gallego fue asesinado por una brutal paliza en plena calle. Los golpes se fueron produciendo al grito de «maricón». La sociedad coruñesa se ha movilizado y piden igualdad. Mientras los medios de comunicación se esfuerzan por desvelar cuáles son los rostros de los agresores, actualmente ya en prisión. 

A día de hoy y tras las celebraciones por las fiestas del Orgullo Gay y variados llamamientos a la igualdad, el debate se encuentra entre dictaminar si lo que le ocurrió a Samuel fue un delito de odio o si (simplemente) se trató de un asesinato más, fruto de la crispación de gran parte de la sociedad. En este caso, cabe preguntarse si la crispación puede acelerar la violencia de tal manera que acabe con la vida de un joven sin culpa de nada. 


Asesinato cruel

Samuel Luiz fue asesinado a golpes, con patadas por todo su cuerpo y con espectadores (también detenidos) que grabaron la macabra escena. ¿La razón? No se sabe: ir caminando por la calle con una amiga mientras ambos hacían una videollamada, cruzarse en el camino con unos desalmados que pensaban que les estaban grabando… o aparecer en el momento no indicado y en el lugar no debido. ¿Quién sabe?

Cansados del goteo de casos por violencia de género en los medios de comunicación, de parricidios o desapariciones de menores, este mes de julio nos ha dado una bofetada de realidad. Y nos muestra que el mundo está crispado. Que la sociedad está crispada. No entendemos que se mate a nadie a golpes porque sí. No se entiende que necesitemos figuras para ensalzar ni ejemplos a seguir porque el mayor ejemplo que deberíamos tomar es el del respeto al otro.

Y si el «black lives matter» nos demostró que puede existir movilización para reivindicar que ninguna vida vale más que otra por el tono de la piel que se tenga, el caso de Samuel nos muestra que no hay razón para la violencia gratuita. Que la forma de sentir de quien sea, es propia de quien sea. Nadie debe sentirse agraviado, violentado ni mucho menos, asesinado por amar. 


La familia pide respeto

En los días que han continuado a la muerte del joven Samuel, muchas personas se han echado a la calle para reivindicar. Tal ha sido el eco, que el padre del joven pidió que por favor no se tomase la muerte de su hijo como ejemplo de nada. Que no usasen su nombre como una bandera por la igualdad o la no discriminación. Y que todo aquel que quisiera acudir a su funeral, optase por llevar comida y entregarla a la Cruz Roja para ayudar a los más necesitados. 

Porque esto realmente es lo que habría hecho feliz a su hijo: ayudar a los demás. Y nos preguntamos cómo una lección de humildad y autenticidad como tal, ha podido hasta pasar desapercibida. Y solo el interés quede enfocado hacia las caras de los agresores o a los detalles más escabrosos de la lesión craneoencefálica del fallecido. ¿Hasta qué punto nos hemos vuelto insensibles ante el dolor de los demás? ¿Qué nos falta para empatizar con lo que realmente importa?

De momento tanto la Policía como la jueza que instruye el caso han descartado que se trate de un delito de odio por homofobia. Los agresores no conocían a la víctima y tampoco pudieron actuar en base a su conocimiento de su condición sexual. Mas bien actuaron movidos por los efectos del alcohol y las drogas. Y muchos dirán que son los efectos de la noche, de los locales nocturnos, de los excesos. 

Y de lo que estamos seguros es de que ha sido una muerte injusta, violenta. Un asesinato que -ojalá- no hubiera llegado a producirse. Y que nos hace abrir los ojos para pensar y recapacitar cuán necesitado está el mundo de valores, de respeto, de amor. 


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