LA GRAN MENTIRA DE LA TOLERANCIA

La Tolerancia es un estado mental de apertura hacia otro. Tolerancia se refiere a la capacidad de aceptar las ideas, preferencias, formas de pensamiento o comportamientos de las demás personas. Es respetar lo que piensan los demás y más cuando chocan con nuestras propias creencias o formas de pensar. Es un valor muy importante que se debería inculcar en los niños para poder aprender a vivir en sociedad. Para los niños ser tolerante es fácil. En realidad para ellos todo es fácil porque viven en un mundo diferente al de los adultos. Un mundo sencillo donde no existen prejuicios. Totalmente opuesto al mundo de “los mayores” donde hay competitividad y quedar por encima de los demás es todo un logro.

Aún así no estaría de más reforzar al niño en la idea de que hay que respetar a los demás, lo que son, lo que hacen y lo que piensan, sea lo que sea. Enseñarles a tolerar y respetar desde el ejemplo, porque ellos son un reflejo de cómo actúan los adultos. Fomentar la palabra empatía, que los niños se puedan poner en el lugar de los demás, para sentir qué es lo que pasaría si ellos estuvieran en su lugar y desde luego incidir en que compartan, algo que a los niños les cuesta en exceso.


¿Existe realmente la Tolerancia y el Respeto?

El mundo sería un lugar mejor si todos fuésemos más tolerantes. Sí, tolerantes con nuestro vecino, con nuestro compañero de trabajo, con aquel que consideramos diferente, con el que es de otro país, con el que procede de otra cultura muy diferente a la nuestra y que choca con nuestra convivencia. Con el que viste distinto o incluso con aquella persona que nos parece “rara” porque tiene otras capacidades. La Tolerancia es armonía. Debe ser una actitud proactiva que respeta los derechos universales que deben imperar en cualquier democracia y Estado de derecho.

En nuestra cultura la Tolerancia parece transmitir pasividad y es interpretada como una expresión de debilidad, aunque es más bien al contrario, es una señal de fortaleza, la que nos permite mantenernos firmes ante una situación difícil, en la que en lugar de responder ante esta situación con odio, respondemos con mesura y esto supone tener una mente fuerte y disciplinada.

Y no nos engañemos, nos queda mucho camino por andar. Nuestra Tolerancia acaba donde termina nuestra educación, nuestro conocimiento y nuestra zona de confort. El problema es que ahí empieza el miedo que no nos deja aceptar lo que no entendemos o lo que nos parece diferente. Pensamos que si es distinto, es malo. Este miedo se transforma en rechazo. Y en muchísimas ocasiones en crítica o ataque, incluso a los colectivos más vulnerables. Tenemos el claro ejemplo en el caso del joven gallego que fue asesinado por una brutal paliza en la calle.

“No me gusta la palabra Tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”

Mahatma Gandhi

Pero también podríamos aceptar que si es diferente es bueno, porque eso significa diversidad. Y esta diversidad proporciona riqueza al mundo. La Tolerancia implica respeto como hemos dicho, pero también ser flexible, tener empatía y solidaridad. Saber escuchar a los demás, algo muy importante hoy en día, entender la postura de los demás, las razones de por qué pueden estar actuando de una manera concreta y observarles sin juzgar. Aceptar la diferencia como algo normal en nuestras vidas. Una de las cualidades clave del ser humano es que todos somos capaces de pensar por nosotros mismos. Por un lado, eso nos otorga libertad, pero por otro lado tiene el potencial de acabar en una situación de desacuerdo y tensión y aquí viene el problema.

No podemos dejar de resaltar los casos de personas que se “creen” tolerantes o eso expresan a los demás, cuando en realidad no lo son. Personas que hablan de tolerancia, de respeto, de entender, de ser más abiertos como sociedad, pero cuando aparecen en el día día situaciones que consideran contrarias a su forma de pensar “estallan” y aparecen las mismas frases de siempre: “Eso no puede ser, eso está mal, la gente es poco respetuosa, que poca tolerancia”… Pero hay que ser congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos. Y quejarse de que los demás son poco tolerantes cuando nosotros mismos no lo somos… Expresamos de manera ofensiva que no nos gustan las ideas políticas, culturales o religiosas de los demás y podemos hacerlo libremente pero cuando alguien comenta sobre las nuestras… arde Troya…

¡Ay que peligrosa es la sensación y el sentimiento de que lo mío es mejor y ver cada situación o comentario de los demás como una ofensa!, cuando si algo me afecta de los demás, el problema es mío. Es decir, deberíamos pensar el por qué me está afectando. Hay algo dentro de mí que choca con eso, así que algo tengo que mejorar dentro de mí.

Y terminando, podemos preguntarnos: ¿es España un país tolerante? A pesar de que nuestro país se sitúa como uno de los estados más tolerantes, España no se ve tolerante. ¿Por qué? La percepción propia de Tolerancia parece disminuir, a pesar de las buenas “notas” que recibimos por los organismos internacionales y su posición por encima de otros países europeos. Será una cuestión de saber mirar a nuestro alrededor. Y lo que vemos a nuestro alrededor es que aumentan los casos de violencia por no tolerar y respetar lo diferente, lo que no consideramos normal, pero ¿qué es normal? ¿Lo que pensamos y hacemos nosotros? ¿Lo que hace todo el mundo? Dejemos de lado nuestros prejuicios porque tenemos que seguir luchando por la Tolerancia e igualdad para todos.


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