AFGANISTÁN COMO AUTÉNTICA PROPAGANDA

“Misión cumplida”, dijo Pedro Sánchez en Torrejón donde acudió a recibir el último avión español que regresaba del horror con militares, diplomáticos y colaboradores afganos. Y se quedó tan ancho. Todo en Sánchez es de cartón piedra. Todo es espectáculo sin sustancia. Pedro Sánchez reaccionó tarde. A lo que se ha dedicado es a utilizar Afganistán y a los afganos como excusa para hacer propaganda, que es lo que domina nuestro presidente del Gobierno. “Misión cumplida”, al estilo americano y con cara de llevar uniforme de comandante en jefe.

Pero no, misión incumplida porque como muy bien ha reiterado la ministra de Defensa, Margarita Robles, lo de Afganistán no ha sido un éxito. No, ha sido un fracaso estrepitoso de EEUU y todos los países europeos. Una alianza de potencias políticas y militares han salido de naja ante el avance de unas milicias de cabreros con turbante armados de Kalashnikov. Dejan atrás por el camino a sus colaboradores, además de abandonar instalaciones, armamento y documentación que quedan en poder de los talibanes. Bien es verdad que los militares, policías, guardias civiles y diplomáticos han hecho un trabajo impecable. Han hecho algo más de lo que se suponía que podían y han demostrado su cualificación profesional y su calidad humana. Sánchez, el que decía no hace mucho que: “sobra el ministerio de Defensa”, añadió que: “no vamos a dejar solos a los afganos”.


Propaganda: Sánchez no va a hacer nada por los afganos

A ver cuando explica el presidente cómo les va a acompañar. Una vez que los Estados Unidos abandonen definitivamente ese país los afganos quedaran abandonados a su suerte y los talibanes aplicaran la sharia con máximo rigor. Las mujeres volverán a las mazmorras. Y Sánchez y su ministra de igualdad no harán nada por ellos, porque no van a poder aunque quisieran. De entrada, el Gobierno español a ver cómo resuelve el problema de aquellos a los que hemos dejado en tierra. Colaboradores, sobre todo de la zona de Herat, que ni siquiera pudieron llegar a Kabul y que ahora tratan de esconderse para que no les pillen y les corten el cuello. Es patético presumir de haber fracasado, de haber salido corriendo, dejando en Afganistán un infierno de un régimen feroz.

Son las mujeres, claro, pero no solo las mujeres. Ahora existe en mitad de Asia una auténtica plataforma logística del terrorismo islamista, un perfecto laboratorio criminal con Pakistán aportando lo suyo. En el inicio se trataba de impedir esto. Cuando ese terrorismo vuelva a golpear en Occidente, cuando nos toque a nosotros o a alguno de los nuestros, lo lamentaremos. Mientras se dediquen a liquidar por decenas a negros africanos en el Sahel nos la bufa. Nos arrepentiremos cuando nos toque a nosotros y no será tarde. Lo único que se podía haber hecho es un mayor esfuerzo militar, bélico. Pero ya hace veinte años, cuando todo empezó, fue rechazado hacerlo por una Europa que lleva décadas dejándolo todo en manos de los americanos, papá EEUU, para después ponerles a parir en cuanto pueden, e incluso, como Sánchez y sus cuates, decir que hay que liquidar el Ministerio de Defensa.

¿Recuerdan el Aquarius, aquel barco con más de 600 náufragos a los que acogió España en otra gran operación de propaganda de Sánchez? De los náufragos nunca más supimos nada. Y España, como el resto de los países de la Unión Europea, no tiene ningún plan para los miles de afganos que ya están aquí, como para tenerlo con los que no han venido. Pero a Sánchez ya le ha ido bien lo de Afganistán, le ha permitido cuatro o cinco días de portadas y titulares.

Ahora volverá el silencio oscuro informativo acerca de los que quedan. Ya no dará titulares y Sánchez, por mucho que en alguna de sus alocuciones saque el tema de nuevo para tratar de limpiar su conciencia, no conseguirá con ello atraer el interés ni de Ferreras en su secta, más periodismo arrodillado. Biden lo dijo con toda claridad: “es imposible sostener una guerra si nadie quiere ir a ella”. Y debió añadir, sobre todo en Europa. Solo se le olvidó pedir perdón por perder ésta de un modo vergonzante.

Haría bien el Gobierno en ocuparse de que la Defensa nacional no sea, como lo es para muchos de sus ministros y para todos sus socios de Gobierno, un asunto de tercera. El Ejército no está para apagar incendios y desinfectar residencias si viene el COVID. Aunque bien está que lo hagan, un país que se precie tiene que dedicar recursos y atención a la Defensa nacional. Más aún España, que es objetivo evidente para el terrorismo islámico y que tiene en el sur la amenaza de Marruecos. Ahora actualizada, porque aunque Sánchez esté celebrando que el Rey marroquí ha dicho que la crisis está resuelta, el problema sigue siendo grave, el conflicto de Marruecos con Argelia lo agrava aún más y seguimos sin resolver el asunto de los menores que nos enchufó Marruecos y con los que Sánchez no sabe qué hacer.


Campaña del presidente a costa de Afganistán

Sánchez farda de haber hablado por teléfono con Biden 20 minutos. Y nos enchufan desde Presidencia una foto del presidente al aparato, pero no nos cuentan que es una foto de archivo. Vale para decir que hablaba con Biden, con el Papa o con su señora. Todo propaganda. Y todo vale porque la opinión pública traga con todo, pero montarse su campaña de presidente importante y en el ajo a costa de Afganistán y los afganos es incluso miserable.

La nueva alineación del Gobierno, como dijimos, no ha aportado nada. Ahora venden el “éxito en Afganistán”, como si Sánchez no hubiera estado todo el verano tumbado al sol en la finca La Mareta de Lanzarote. Y va Castells, el ministro de Universidades, junto a Pilar Alegría, desconocida ministra de Educación y nos venden como éxito que van a hacer modificaciones legales para que los títulos universitarios ya no los firme el Rey y para que las matemáticas se impartan con perspectiva de género. Una operación evidente de colonización ideológica con pensamiento único de la educación en España, que iba mal, pero puede ir peor. Castells, sí, Don Manuel. Ya les contaré cosas del chiringuito que tiene montado en la Universidad Oberta de Cataluña donde ha colocado a Pablo Iglesias. 

En Afganistán solo va a tener prosperidad la edad de piedra, y Sánchez no va a dedicar un minuto de su tiempo a Afganistán, como no se lo había dedicado antes. ¿Sabían lo que en La Estrategia de Acción Exterior 2021-2024, presentada por la ya exministra Arancha González Laya en febrero, se decía explícitamente de Afganistán, donde teníamos desplegados a miles de soldados españoles? Se lo cuento.  Explícitamente, solo en una ocasión -a lo largo de sus 115 páginas- se cita a Afganistán, para decir que en ese país existe una Embajada de España.

Por el contrario, el plan que guía la acción exterior del Gobierno de Pedro Sánchez destaca, por ejemplo, la «política exterior feminista». Se señala que España aspira a ser un «referente» en la «defensa de la igualdad de género a nivel mundial», comprometiéndose a «incorporar el enfoque de género en todos los ámbitos de la acción exterior». «Haremos de la igualdad de género una regla interna de la acción exterior española, y de las políticas feministas un principio de actuación. Pero también practicaremos lo que predicamos, impulsando una mayor presencia de las mujeres en la acción exterior española, en especial en sectores y niveles que todavía adolecen de infrarrepresentación».

Por no tener, en Afganistán no teníamos ni embajador. Gabriel Ferrán, que ha tenido, junto a su joven segunda Paula Sánchez, un comportamiento ejemplar merecedor de recompensa, incluso de una serie o una película, estaba cesado desde el 8 de agosto. Y él sí, dijo que no se iba dejando abandonados a los nuestros allí. Desde el 8 de agosto el Gobierno de Sánchez no fue capaz de nombrar a un sustituto. Ahora a ver a quien designan.


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