EL DÍA QUE EMPEZAMOS A DESCONFIAR DE LOS LIBROS 

Hasta hace poco, cuando abría una novela, daba por hecho que detrás de esas páginas se encontraba el arte de una persona. Podía gustarme más o menos lo que estaba leyendo, pero nunca me planteaba si realmente había sido escrita por el autor que aparecía en la portada. Sin embargo, la inteligencia artificial está empezando a sembrar la duda y generar desconfianza entre los lectores y el mundo literario se enfrenta ahora a una pregunta que parece propia de la ciencia ficción: ¿qué convierte un texto en literatura cuando una máquina también puede escribirlo? Pregunta que, para quienes amamos leer, empieza a escocer un poco. 

El caso que ha puesto el debate sobre la mesa

Hace unos días, el escritor Thélyson Orélien fue excluido de la primera selección del Premio Goncourt por el posible uso de la inteligencia artificial en su novela, C’était ça ou mourir (Era eso o morir). El autor se ha defendido alegando que no ha utilizado esta tecnología, mientras el caso sigue envuelto en polémica. Antes de toda esta controversia, la obra de Orélien había recibido el premio de novela Fnac y había conseguido llamar la atención del mundo editorial. 

No me interesa si el libro se escribió con IA o no, aunque como lectora meterme en las páginas de una novela que posiblemente ha escrito un robot, que carece de sentimientos y emociones, me parece una pérdida de tiempo. Y no solo una pérdida de tiempo, sino una falta de respeto para aquellos autores que se dejan el alma en escribir historias maravillosas. Lo que más me interesa de todo esto es lo que este episodio dice de nosotros como lectores. Porque ahora, además de preguntarnos si una novela es buena, podemos empezar a preguntarnos quién la ha escrito realmente. 

¿Dónde termina la herramienta y dónde empieza el autor?

Esta pregunta lleva en mi cabeza desde hace meses, incluso años. Desde la aparición de la inteligencia artificial, todo ha cambiado. Y vaya por delante que no soy detractora de la IA. Creo que para muchos aspectos nos soluciona la vida. Pero en lo que respecta a la cultura y a la literatura, conmigo estás cruzando una línea de fuego. Dicho esto, creo que uno de los problemas del debate sobre inteligencia artificial es que tendemos a plantearlo todo en términos absolutos: IA sí o IA no. Pero no es lo mismo utilizar esta herramienta para ordenar ideas o buscar alternativas que pedirle que escriba por nosotros una novela completa. Esto sí es para mí un atentado contra la cultura. 

La cuestión verdaderamente importante es esa: en determinar cuánto de la obra procede de la persona que firma el libro y cuánto de la herramienta. Porque una cosa es utilizar la tecnología para investigación y lluvia de ideas y otra muy diferente delegar en ella la creación de una novela, con todo lo que eso conlleva.

La sospecha también puede convertirse en un problema

Hay algo en todo esto que me preocupa y mucho, y es el hecho de que podamos desconfiar de los escritores. Hasta ahora, si un libro estaba firmado por una persona, confiábamos a ciegas de que era así. Ahora existen herramientas que pueden detectar en cuestión de segundos si un texto ha sido generado con inteligencia artificial y sus resultados pueden alimentar sospechas de su autoría. 

Pero esos sistemas, al menos a día de hoy, no son infalibles y pueden manchar la reputación de un escritor si el resultado de la misma detecta que ha sido escrito con IA cuando en realidad no ha sido así. ¿Hasta dónde está el límite en todo este asunto? No me gustaría que dentro de unos años un autor tenga que demostrar que ha escrito su propia novela enseñando borradores, notas, documentos o libretas llenas de tachones. 

La IA ya está dentro del mundo editorial

Pero no todo es creación de una novela. Hay muchos profesionales que utilizan la IA para traducir o corregir una novela. Y ya esto me toca más de cerca. Una de las líneas de mi negocio es la corrección de novelas y textos de no ficción, y pensar que una máquina puede sustituirme, me genera entre pavor e impotencia. Ya no solo es que la inteligencia artificial pueda escribir una novela (que dicho sea de paso, nunca va a tener el mismo sentimiento que si lo ha escrito una persona), es que ahora también traduce y corrige. Pero mi pregunta es: ¿hasta qué punto la IA llega a la excelencia de un traductor o corrector? 

Creo que al hacerme esta pregunta es cuando me doy cuenta que aún no hemos tocado fondo. Que sí, que la IA ya está dentro del mundo editorial, pero que no es capaz de realizar un trabajo como el que realizamos traductores y correctores. Le falta ese toque humano, esa chispa. Ese algo que solo una persona es capaz de conseguir. Ya depende de cada editorial, de cómo quiere tratar sus manuscritos. Porque, déjame decirte, hay editoriales que sí están utilizando ya la IA para prácticamente todo, y es una pena que, habiendo profesionales tan buenos en literatura, tenga que venir una máquina a solucionarles la vida. 

Yo todavía quiero saber quién está detrás

No sé cómo evolucionará todo esto. Quizá dentro de unos años nos resulte normal leer novelas creadas con inteligencia artificial. Aunque, siendo honesta, si esto nos empieza a resultar normal, no sería ético. Pero hay algo que, por ahora, sigo teniendo claro. Y es que cuando abro una novela quiero pensar que existe una persona detrás que ha decidido contarme una historia. 

Puede que la IA cambie la manera de escribir o de editar, incluso la manera de publicar. Pero espero que no termine cambiando una cosa que, como lectora, considero fundamental: saber quién me está hablando desde las páginas de un libro. Si consigo esto, habré superado con creces todo el debate generado alrededor de la inteligencia artificial, la cultura y la literatura.

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