La noticia de la muerte de Marjane Satrapi en París el 4 de junio 2026, a los 56 años, me ha impresionado especialmente. De repente recordé la primera vez que vi Persépolis siendo adolescente y la profunda impresión que me causó. Recuerdo que me cautivó sobre todo la ironía y la increíble lucidez y frescura con las que la película presentaba temas difíciles y dolorosos como la guerra, la represión, la religión, el exilio y la pérdida de la libertad.
A pesar de la dureza de la historia, Satrapi conseguía hablar de ella sin caer en un tono excesivamente dramático, utilizando el humor y la mirada de una joven para mostrar una realidad compleja de una manera directa y profundamente humana, convirtiendo así su figura en una de las más importantes de la cultura iraní contemporánea.
Una infancia marcada por la revolución
Satrapi nació en Irán en 1969 y creció durante un período de grandes cambios políticos y sociales. En 1979, cuando tenía diez años, vivió la Revolución Islámica, que transformó profundamente la sociedad iraní. Poco después comenzó la guerra entre Irán e Irak, mientras aumentaban la censura y las restricciones impuestas por el nuevo régimen.
Estos acontecimientos tuvieron un gran impacto en su infancia, aunque Satrapi creció en una familia progresista que le enseñó a cuestionar las injusticias y a defender sus propias ideas. Cuando era adolescente, sus padres decidieron enviarla a Austria para protegerla de la situación política y social de Irán. La experiencia del exilio, sin embargo, no fue sencilla: en Europa tuvo que enfrentarse a la soledad, a las diferencias culturales y a la dificultad de construir una identidad entre dos mundos.
Persépolis: historia personal e historia colectiva
Todas estas experiencias dieron origen a Persépolis, la novela gráfica autobiográfica que convirtió a Satrapi en una autora reconocida internacionalmente. Publicada originalmente en volúmenes entre 2000 y 2003, la obra cuenta su infancia y adolescencia durante la Revolución Islámica y la guerra.
A través de la mirada de Marji, su alter ego, Satrapi consigue explicar acontecimientos históricos complejos de una manera cercana y accesible. La política aparece constantemente en la vida cotidiana: en la escuela, en la familia, en la ropa, en la música y en las relaciones personales. El velo obligatorio, la censura y las limitaciones impuestas a las mujeres muestran cómo la política puede entrar incluso en los aspectos más íntimos de la vida.
Con un estilo gráfico sencillo y basado principalmente en el blanco y negro, la autora desvela la complejidad de la sociedad y de los sentimientos. Con humor e ironía consigue presentar eventos dramáticos, mostrando que incluso en contextos de represión las personas pueden conservar su capacidad de reír, soñar y rebelarse, ya que son seres humanos con mil facetas.
La mujer como símbolo de resistencia
La defensa de los derechos de las mujeres ocupa un lugar central en la obra de Satrapi. En Persépolis, las mujeres no aparecen únicamente como víctimas de un sistema represivo, sino que son personajes que toman decisiones, expresan sus opiniones, cuestionan las normas y buscan espacios de libertad.
Para Satrapi, la lucha por los derechos de las mujeres está estrechamente relacionada con la libertad individual. Poder elegir cómo vestirse, qué estudiar, con quién relacionarse o cómo vivir la propia vida son aspectos fundamentales de esa libertad y por esta razón, su obra puede interpretarse también como una crítica a cualquier sistema que intente controlar el cuerpo y las decisiones de las mujeres.
«Mujer, Vida, Libertad»
El mensaje de Satrapi adquirió una nueva dimensión con el nacimiento del movimiento «Mujer, Vida, Libertad» en Irán. Las protestas comenzaron en 2022 después de la muerte de Jina Mahsa Amini, una joven kurda iraní detenida por la policía de la moral por la forma en que llevaba el hiyab.
El lema «Mujer, Vida, Libertad», procedente del movimiento kurdo, se convirtió rápidamente en un símbolo internacional de la protesta contra la represión y de la lucha por los derechos de las mujeres. Miles de personas, especialmente mujeres jóvenes, salieron a las calles para reclamar libertad y cuestionar las normas impuestas por las autoridades.
Satrapi apoyó públicamente este movimiento y contribuyó a difundir su mensaje fuera de Irán. Su participación fue especialmente significativa porque su obra ya había mostrado, muchos años antes, algunas de las mismas cuestiones que estaban llevando a las nuevas generaciones a protestar, es decir, el control sobre el cuerpo femenino, la falta de libertades y el deseo de decidir sobre la propia vida.
El arte como forma de activismo
El activismo de Satrapi no se limita a sus declaraciones políticas, ya que su principal instrumento de protesta ha sido siempre el arte. Con sus libros, ilustraciones y películas, cuya importancia reside en el hecho de que ofrece una imagen diferente de su país, la autora ha conseguido contar una historia que durante mucho tiempo fue desconocida o simplificada fuera de Irán.
La relación entre Persépolis y el movimiento «Mujer, Vida, Libertad» demuestra que sus temas siguen siendo actuales. Las nuevas generaciones de mujeres iraníes han retomado cuestiones que Satrapi ya había planteado en sus obras, como la libertad y la autodeterminación.
En definitiva, Satrapi ha transformado su experiencia personal en una herramienta de resistencia. Su legado no consiste únicamente en haber contado la historia de una niña que crece en un Irán marcado por la revolución y la guerra, sino también en haber demostrado que una historia personal puede adquirir una dimensión universal y convertirse en una poderosa forma de resistencia colectiva.
