LISTAS QUE CHORREAN SANGRE

Que Bildu haya llenado sus listas electorales para el 28-M de terroristas de ETA (44 condenados por terrorismo, 7 de ellos por delitos de sangre), no me ha extrañado. Y creo que constatado el horror y el asco, puede tener algún efecto positivo. Primero, que ya nadie podrá llamarse a engaño respecto a que Bildu es ETA. Segundo, que, como ETA, Bildu gusta de provocar dolor y daño. Y no sólo no muestra arrepentimiento alguno por sus actividades terroristas, sino que disfruta exhibiéndose como lo que son. Muchos de los candidatos, para despejar cualquier duda que pudiera haber, aparecen en las listas incluso con el apodo que empleaban como terroristas. Con un par. 

Algunos ya lo sabíamos. No albergábamos duda alguna. Una coalición de partidos en la que corta el bacalao David Pla. Fue número 1 de ETA, y a la que representa como coordinador general Arnaldo Otegui, acreditado secuestrador, es ETA. Una organización terrorista que decidió dejar de matar pero que nunca anunció su disolución ni entregó las armas.

Otegui no lo oculta pues cuando habla de los etarras presos siempre dice “tenemos más de 300 presos”, primera persona del plural. Para los que desconozcan el currículum terrorista de Otegui, unas notas. En 1977 huyó a Francia para evitar ser detenido. Formaba parte de un comando de la denominada ETA pm, en el que se apodo era “El gordo”. En 1979 regresó a España para formar parte junto a Luis Alkorta Maguregui “El bigotes” del comando que secuestró el 19 de febrero al director de la empresa Michelin en Vitoria, Luis Abaitua. Le capturaron cuando se trasladaba en coche desde la empresa a su casa. Le llevaron a un lugar cerca de Elgoibar donde tenían preparado un zulo excavado en la tierra, de 2,50 metros de largo por 1,50 de ancho y 1,80 de alto, con una entrada oculta con arbustos.

A Abaitua le acusaron de ser un “explotador de la clase obrera”. Y durante los nueve días que duró el secuestro, Otegui y Alkorta acostumbraban por las tardes a obligar al secuestrado a jugar a la ruleta rusa. Le hacían coger un revólver, giraban el tambor y le obligaban a apretar el gatillo. Otegui y Alkorta fueron condenados a 6 años y un día. También a indemnizar a Luis Abaitua conjuntamente, por daños físicos y morales, con 100.000 pesetas (1.333 euros al cambio de hoy), pero ambos se declararon insolventes. La obligación de pagar la indemnización civil prescribía a los 15 años, en febrero de 2004. Nunca pagaron, pese a que Otegui tras salir de prisión trabajó en un bar de Elgoibar. Además en 1995 comenzó a cobrar un sueldo como parlamentario vasco de más de 50.000 euros al año.

La Audiencia Nacional investigó a Otegui por tres secuestros más. Uno de ellos frustrado, el que intentaron en 1979 contra el político de UCD Gabriel Cisneros, al que dispararon en la barriga cuando trataba de escapar. En 1979 participó también en el secuestro de Javier Rupérez. Cuando ETA pm se disolvió, Otegui se incorporó a ETA militar.


¿Alguien duda de que BILDU es ETA?

¿Alguien duda de que Bildu, donde el número 1 fue número 1 de ETA, donde el coordinador general fue un experto secuestrador etarra y donde 44 candidatos eran etarras, es ETA? A ver como explican Pedro Sánchez y el PSOE el siguiente acuerdo para gobernar con Bildu. Por ahora Sánchez se ha limitado a decir, con cara de yo no fui, que la inclusión de 44 etarras en las listas de Bildu “es legal pero no es decente”. Decencia y Bildu son antónimos. Lo que no es decente es que Sánchez después de negar veinte veces que tuviera intención de incorporar a Bildu a un acuerdo de Gobierno, tardara minutos tras esas elecciones en cerrar un acuerdo con Otegui.

ETA, cuando estaba legalmente acorralada y destruida por las Fuerzas de Seguridad del Estado y la Justicia española, anunció que dejaba de matar. Pero Rodríguez Zapatero, y después Sánchez, en vez de consolidar lo que fue una victoria del Estado de Derecho contra los terroristas optó por pactar con ellos en beneficio de sus herederos, ayudando además a que reescribieran la historia a su conveniencia.

Tras dejar de matar, ETA se reencarnó con diversas marcas políticas EH, Sortu, Bildu y otras, y con Pedro Sánchez ha conseguido sus objetivos, formar parte privilegiada de una alianza de Gobierno en España, estar cerca de gobernar en el País Vasco y que todos los terroristas presos estén ya en cárceles vascas, administradas por el Gobierno Vasco, lo cual les permite disfrutar de beneficios penitenciarios y libertades antes de tiempo.

Lo de estas listas manchadas de sangre no es por lo tanto ninguna sorpresa. Es la consecuencia de la política socialista de abrazarse a ellos para gobernar. Una indecencia insuperable. El principal activo político de Bildu son los 800 asesinatos de ETA. Más de 350 sin resolver judicialmente, y las decenas de miles de vascos que tuvieron que irse del País Vasco para poder seguir vivos, con lo cual ya no votan allí. 

Desde la izquierda no dejamos de escuchar peticiones de respeto a Bildu en la elaboración de sus listas electorales. La misma izquierda que no se cansa de hablar de memoria democrática pretende para ETA la desmemoria absoluta en lo que constituye un insulto intolerable a todas las víctimas de ETA. Víctimas que son miles.

Las listas de Bildu chorrean sangre. Y esa sangre le salpica en la cara al PSOE, donde nadie se planta de verdad ante la infamia. Lo más que hemos visto es a algún barón, con la boca pequeña, decir que no le ha gustado lo de Bildu. Así, sin más, como si fuera cuestión menor.

La Fiscalía podría pedir la aplicación de la Ley de Partidos de 2002, avalada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, para impugnar esas listas. Pero ya sabemos que no ocurrirá porque la Fiscalía depende de Sánchez. O sea, que a las víctimas de ETA que les den. Y en breve veremos a muchos verdugos ejercer de concejales de sus víctimas. 


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