LA REALIDAD DE LAS PERSONAS SIN HOGAR

Andalucía, País Vasco y Madrid son las comunidades autónomas con mayor número de personas sin hogar en nuestro país. Así se refleja en los registros con que cuenta el Instituto Nacional de Estadística. Unos recuentos que llevan haciéndose desde 2005. Gracias a ellos sabemos que cada día son muchas las personas sin hogar que copan nuestras aceras, soportales o los bajos de los puentes. Muchas, muchísimas porque cada día son más. 

En total en nuestro país hay más de 28.000 personas sin hogar. En su mayoría hombres aunque cada vez también se recuentan más mujeres. Todos de edades comprendidas entre los 30 y los 65 años. La franja de edad que se registra es la comprendida entre los 30 y los 45 años. Lo curioso es que el número de personas sin hogar ha crecido en los últimos años. Hoy son 6.000 personas más que en 2005 cuando se comenzó el recuento, y casi 5.000 más que el pasado año. Españoles y extranjeros porque la proporción entre unos y otros es prácticamente la misma. Y como característica común gran parte de las personas que no tienen hogar en nuestro país presentan sintomatología depresiva moderadamente grave. 

Al igual que las personas sin techo, ha crecido también el número de plazas en albergues, residencias y comedores sociales. También el de organizaciones que trabajan cada día por dar un plato caliente, una manta o algo de agua a todas estas personas que viven sin un techo fijo. O el de voluntarios cuyo papel es también muy importante. A lo largo de toda la campaña de invierno se refuerza la cantidad de recursos de los que disponen ciudades grandes y pequeñas para dar una oportunidad aunque sea momentánea, a tanta gente que de verdad lo necesita. 

Y en Navidad también. Porque mientras miles de familias se disputan quién sabe más de fútbol, de bricolaje o de política alrededor de una mesa repleta de comida típica, cientos de personas en la calle reciben el 24 de diciembre una manta. Esta será probablemente el mejor y el mayor regalo que vayan a recibir en semanas. 

En estas fechas albergues, comedores y residencias engrasan aún más su maquinaria para poder ayudar a los que un día de repente se encontraron sin nada, bien por voluntad propia o por circunstancias ajenas. Cada uno sabrá las verdaderas las razones que les han llevado a perder su hogar.


El deseo de las personas sin hogar: un plato caliente en Navidad

A nivel particular e incluso local hay historias que resumen en pocas líneas lo que significa la gratitud. Como la de Kavian Ferdowsi, un hombre que hace años se encontró viviendo en la calle. Era un “sin techo” más. Ferdowsi cada año reúne en un restaurante de la estación central de Estocolmo a decenas de sin techo que, como a él le ocurrió un día, viven en la calle. Allí celebran el Julbord. Es una cena tradicional navideña en Escandinavia en la que se sirven alimentos como salchichas, patatas, salmón y bebidas varias con el objetivo de celebrar.

Este Julbord no se ciñe únicamente al 24 de diciembre, sino que se prolonga durante nada menos que 33 días. Tal vez porque los sin techo, como todo el común de los mortales, tienen la “mala costumbre” de necesitar comer, cenar, celebrar o estar acompañados mientras se llevan un trozo de carne caliente a la boca. 

En España varias son las organizaciones no gubernamentales que trabajan en estas fechas tan frías para dar cobijo a las personas que no tienen casa. También cena, porque por todos es sabido que Nochebuena a veces es sinónimo de comida copiosa. Para las personas sin hogar que se reúnen alrededor de una mesa organizado por entidades como Mensajeros de la Paz en Madrid, significa mucho más. La oportunidad de observar el humo que sale de la sopa que les acaban de servir o la ocasión de compartir una carcajada por una gracia lanzada al aire por cualquier compañero de salón.

Como ellos, otras ciudades como Bilbao, Valladolid o Valencia, ciudad que registra la menor tasa de personas sin hogar en España, se ven en estas fechas decenas de iniciativas que se ponen también en marcha para ofrecer comida o cobijo a las personas sin techo. Y más allá del ámbito local, entidades como la Fundación Bokatas, Fudeat o Cáritas Diocesana tratan asimismo de ayudar a los que en Nochebuena no tienen un lugar al que acudir para cenar. 

Muchos colectivos engrasando una rueda que no para de girar, ni siquiera en Nochebuena. Pese a que algunos traducen estas fechas en discusiones en familia, reuniones por compromiso o felicidad artificial construida a base de regalos comprados por Amazon. Valoremos que ahí fuera hay mucha gente viviendo en la calle, pasando frío y recibiendo un plato caliente por pura caridad. Una caridad que por un momento puede que les haya devuelto hasta la sonrisa. Felices fiestas a todos.


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