LA NUEVA PANDEMIA: LAS ENFERMEDADES MENTALES

Más allá de la llamada fatiga pandémica, las enfermedades mentales, dolencias y los trastornos relacionados con el ámbito de la Psicología han experimentado un repunte considerable desde el pasado año. El coronavirus no solo afecta a los pulmones o a la circulación de la sangre, sino que todas las medidas de distancia social, confinamientos, cierres perimetrales, etc., están causando un preocupante deterioro en la salud mental de la población. Ha provocado un auténtico tsunami y ha sumido a todo el planeta en una crisis sanitaria, social, económica y anímica. 

Como expresan en su trabajo “La Psicología ante la Pandemia de la COVID-19 en España. La respuesta de la Organización colegial”, Fernando Chacón-Fuertes, José-Ramón Fernández-Hermida y Mª Paz García-Vera de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Oviedo: “Las pandemias tienen efectos psicológicos muy importantes sobre la población, derivados de la percepción de incertidumbre, confusión y sensación de urgencia”. Y añaden que: “Esos efectos en muchos casos son reacciones de adaptación, de diversa factura a una nueva circunstancia estresante, mientras que en otros son debidos al agravamiento de una psicopatología previa. La acción estresante del contexto pandémico no afecta a toda la población por igual”.

Las enfermedades mentales hacen mella en la población

Estas enfermedades mentales afecta a muchos colectivos: jóvenes, tercera edad, autónomos y pequeños emprendedores, familias cuya situación ha cambiado radicalmente de un día para otro y se ven obligados a pedir ayuda de todo tipo. Por ejemplo, el Consejo General de la Psicología en España ha advertido que el COVID-19 “está empezando a hacer mucha mella en la salud mental de muchos autónomos y empleados por cuenta propia”. Y ha urgido un plan nacional que contemple medidas para la atención psicológica de este y otros colectivos vulnerables. En otros países como Bélgica, el Estado sufraga subvenciones: ocho sesiones íntegras de psicólogo para los autónomos del país que estén sufriendo a causa del coronavirus.

Informarnos en exceso nos causa ansiedad

Informarse de más puede dar lugar a pensar que se está por encima de la media, que se sabe de todo. Pero también puede saturar, desinformar y lo que es peor, causar ansiedad o preocupación desmedida por algo que quizá relativizando y dosificando, se puede ver de otras maneras. Esto es aplicable a todos los aspectos de la vida pero también al consumo que hacemos a diario de la información. 

No olvidemos que continuamente recibimos impactos informativos a través de las redes sociales, de los medios de comunicación convencionales o incluso desde Internet. Obtenemos a diario millones de cargas informativas. Conocemos al dedillo cuál es la evolución de esta pandemia que ha arrasado con todo, cuáles son las cifras de contagiados, cómo va el proceso de vacunación, qué zonas han confinado o reconfinado. Y no nos damos cuenta de que a menudo es mejor parar, respirar y continuar. Aquello de “desconectar para reconectarse”, aunque esa reconexión no sea del todo saludable. 

Varios psicólogos han alertado de que sobre todo los jóvenes han incrementado sus estados de ansiedad por la sobreexposición a la información. Porque han consumido a diario millones de noticias negativas a través de las redes sociales. Todo ello conforma gran parte de sus conversaciones. Y su necesidad de socializar se ve parapetada por su ingente consumo de información. Yendo incluso una de la mano de la otra. Este comportamiento ya se dio al comienzo de la pandemia, en el que además de la sobreinformación, se unía el miedo y la inquietud ante una situación desconocida. Un año después seguimos queriendo conocer todo, pero ya sin miedo, aunque sí con hastío y ansiedad por cómo nos afecta todo ello.

Cuidemos nuestra salud mental

Hablar, compartir inquietudes, penas, alegrías y preocupaciones puede ayudar. Exteriorizar aquello que nos inquieta puede contribuir a limar todo eso que nos hace daño a nivel mental. 

Consultar todas estas cuestiones con un profesional de la psicología no debe ser motivo de etiquetas o de vergüenza. Porque lo que ocurre en nuestra mente es también parte de nuestra salud y hay que cuidarla. A nadie se le caen los anillos al decir que ha pedido cita con su médico de cabecera porque tiene una mancha en la piel que le preocupa o que ha empezado a sentir que le duele la garganta más de la cuenta. Por tanto, lo que sucede en la cabeza, el ánimo, el alma y todo aquello que no se ve pero que forma parte de nuestro ser, también debemos cuidarlo. Y acudir a un especialista si no nos vemos capacitados para hacerlo solos. Sin vergüenza. Sin etiquetas. Pensando que nos estamos cuidando y para cuidar a los demás es necesario que primero nos miremos el ombligo y empecemos por nosotros.


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1 Comment

  • Yo iría más allá. No solo “también” hay que cuidar nuestra salud mental, sino que hay que “priorizarla” porque la mente es lo más poderoso que tenemos y controla absolutamente todo nuestro ser. De hecho, la verdadera pandemia, como tú muy bien dices, no tiene nada que ver con un supuesto patógeno. La verdadera pandemia es la tortura psicológica global a la que todos estamos sometidos.

    Muy buen artículo, Susana.

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