ECONOMÍA CIRCULAR, EFICIENTE Y SOSTENIBLE

Cuando una conocida cadena sueca de muebles incluyó en todas sus tiendas un área dedicada a vender los productos que había tenido en exposición, pocos visualizaron que lo que el gigante estaba pretendiendo era darle una oportunidad a esos muebles. Accesorios de decoración y textiles que, de otra manera no iban a poder tener una salida en el mercado. Esas «oportunidades» es, lo que poco tiempo después, muchos otros no han tardado en llamar Economía circular. Y está presente hoy día en muchos ámbitos de nuestra vida. Desde grandes corporaciones a pequeñas tiendas de barrio. Se trata de una solución eficaz que tiene como objetivo dar una segunda oportunidad a los bienes materiales. Responde a acciones como: renovar, reciclar, reutilizar e innovar. Y es una de las soluciones más eficaces para garantizar un desarrollo más sostenible. 


Objetivo de la economía circular: aumentar la proporción de los recursos renovables

Según el Parlamento europeo, “el uso que se hace hoy en día y que se ha venido haciendo en el pasado de los recursos se ha traducido en altos niveles de contaminación, la degradación del medio ambiente y el agotamiento de los recursos naturales”. Por ello, cada vez son más las iniciativas que se ponen en marcha para dar uso a todo aquello que va a quedarse en desuso.

Y, de hecho, es uno de los planteamientos que se proponen dentro de la Unión Europea para el año 2050. Dentro de la «Hoja de ruta hacia una Europa eficiente en el uso de los recursos» que, junto con el paquete que se tiene preparado sobre economía circular para ayudar a que cambie la tendencia dentro de todos los países de la Unión. “El concepto global de ciclo de vida debe mejorar el uso de materiales secundarios y crear los incentivos económicos adecuados para la prevención y reutilización de residuos”, explican desde el Parlamento Europeo.

La Economía circular tiene como objetivo fundamental el aumento de la proporción de los recursos renovables o reciclables a los que tienen acceso las personas. Todo ello con el fin de reducir el consumo de materias primas. Con ello se minimizan las pérdidas de materiales y se reducen las emisiones, contribuyendo con todo ello a la mejora medioambiental. Es, simple y llanamente, aprovechar los recursos de los que disponemos una y otra vez, reutilizándolos si es necesario, reciclando aquello que sea posible reciclar y renovando únicamente lo estrictamente necesario. En definitiva, ser más responsables con lo que tenemos. 

Afecta a todos los sectores de producción. Y afecta, asimismo, a todos los consumidores, a todas las personas. Neumáticos usados, plásticos, residuos sólidos urbanos, maderas, espumas, cenizas… todos los materiales son válidos para poder ser empleados en otros usos. También la industria textil forma parte de la economía circular. 


Iniciativas a todos los niveles

Existen además, multitud de iniciativas que brillan por lo original de sus propuestas. Desde empresas dedicadas a fabricar prendas hechas con materiales reciclados o con residuos de plástico recogidos del mar, hasta otras cuyo objetivo es emplear sus dividendos para la construcción de pozos de agua potable en países en desarrollo o subdesarrollados. Compañías cuyos lemas ya dejan entrever que el círculo puede no terminar nunca y que lo que compramos puede tener después un nuevo renacer si se planta. «menos regalos de usar y tirar y más de usar y plantar”. Reza por ejemplo el claim del proyecto Sheedo. 

Existen también otras iniciativas que persiguen desarrollar una agricultura más sostenible, que vaya más allá de la tradicional, altamente sobrecargada de químicos. O aquellas otras cuyo objetivo es regenerar los bosques incendiados de todo el planeta, que no son pocos. Iniciativas como Ashes to life tiene como objetivo el empleo de todas esas cenizas producidas por los incendios para fabricar cosméticos ecológicos y con los beneficios obtenidos, destinarlos a la regeneración y reforestación de esas zonas a priori perdidas por el fuego.

A niveles más básicos, los propios usuarios pueden ser también partícipes del desarrollo de este tipo de economía. Basta echar un vistazo por la multitud de plataformas existentes para la venta de productos o ropa de segunda mano. Aplicaciones que se dedican a poner a la venta la comida que no se ha terminado de vender en un supermercado, restaurante o comercio de barrio. 

Y resulta curioso que de un tiempo a esta parte la innovación vaya de la mano del reciclaje o de la reutilización de los recursos. Ahora que nos habíamos ya acostumbrado a un consumo de usar y tirar. Y con el que sin quererlo, con el paso de los años, estábamos abocando al planeta a una rápida destrucción. Puede que la economía circular tarde aún varios años en despegar del todo. Pero lo cierto es que granito a granito la montaña se irá haciendo cada vez más grande. Y con pequeños gestos estaremos contribuyendo a que el mundo no se apague tan rápido. Si reutilizamos, reciclamos y renovamos, volvemos a generar uso y vida. 


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