¿ CUÁL ES LA HUELLA ECOLÓGICA QUE DEJA UN SMARTPHONE?

A diario utilizamos el teléfono móvil a menudo. Consultamos las últimas noticias, vemos las redes sociales, nos comunicamos llamando o escribiendo mensajes con los demás. Pero no somos conscientes del peso que tiene a nivel ecológico el dispositivo que tenemos en nuestras manos. Ni nosotros ni probablemente los más de 3.500 millones de personas que usan a diario un smartphone. Esto es casi la mitad de la población mundial. 

Y el uso es continuado. Cada vez son más las funcionalidades que nos ofrecen estos dispositivos. Y también cada vez más se reduce el tiempo que tardamos en sustituirlo por uno nuevo, más potente, más manejable y con más herramientas. Se estima que cada dos años, el usuario medio de un teléfono móvil suele cambiar de dispositivo. Además desaprovechando el uso de su aparato antiguo, que prácticamente nunca se echa a reciclar ni se reutiliza de otro modo. En otras palabras, más allá de la obsolescencia programada que se le supone a todos los aparatos tecnológicos de uso habitual, el de los smartphone es un caso preocupante porque la huella ecológica que dejan es considerada por muchos como un desastre medioambiental. 

Pero, ¿tanto contamina un smartphone? En el momento de su fabricación es cuando se produce la mayor contaminación. En esta fase, que incluye un proceso de minería, refinado, transporte y ensamblaje de todas las piezas, es cuando se deja patente casi el 80% de la huella de carbono que produce un teléfono inteligente. 

Se necesita hierro para micrófono y altavoces, aluminio y magnesio para los marcos y las pantallas. Cobre, plata y oro para los circuitos eléctricos, grafito y litio para las baterías, silicio para los procesadores y estaño y plomo para las soldaduras. Es más, una batería de un teléfono móvil, que también contiene cadmio, puede llegar a contaminar hasta 675.000 libros de agua. Y esto puede dejar una huella ecológica de 186 toneladas de CO2. 

Más allá de la polémica que trajo el conocer que conseguir coltán en ciertas zonas de África para la fabricación de teléfonos móviles estaba asociado a pobreza, escasez de recursos y trabajo infantil, la cantidad de minerales que intervienen en la construcción de un solo teléfono móvil, debería echarnos a temblar cada vez que nos dispongamos a renovar nuestro celular porque se ha podido quedar anticuado. O por lo menos, cuestionarnos si realmente es necesario. Un smartphone genera más gases de efecto invernadero que cualquier otro dispositivo electrónico. De hecho, la minería de oro para móviles es una de las principales causas de deforestación en la Amazonía. 


Poca vida útil la de un smartphone

¿Vida útil? Poca, pues la gran mayoría de los smartphones no son ni duraderos ni reparables. Expertos de organizaciones ecologistas y de consumo sostenible apuntan que es necesario reclamar a nivel mundial alternativas que impliquen mayor sostenibilidad para esta industria. Y abogan por la reparación cuando un dispositivo se rompe o cuando parece que se está empezando a quedar obsoleto. Piden mayor concienciación de los usuarios porque lo que llevan todo el día entre sus manos contamina más de lo que creen. Además, reclaman que los smartphones y la obsolescencia programada que está unida a ellos, sea mayor. Que su duración y su vida útil sea al menos de 5 años en lugar de los aproximadamente dos que tienen ahora. 

Y para más detalle, un dato: cada año se recogen alrededor de 50 millones de toneladas de residuos tecnológicos. Entre ellos se encuentran muchos teléfonos móviles, porque el usuario medio no recicla. Se sabe que al menos el 15% de los smartphones se reciclan en los países desarrollados. Pero el reciclaje de los modelos que acaban siendo más antiguos apenas alcanza una eficiencia del 30%. 

En resumen, no es suficiente lo que se hace porque se hace muy poco y de manera poco eficiente. Es, como muchas otras cosas, un parche que no sirve en realidad para convertir en sostenible algo que podría serlo perfectamente. Muchas organizaciones reclaman que cuantos más smartphones se recojan, más rentable podría ser la recuperación de sus materiales. 

Los smartphones son contaminantes en el momento en que se fabrican, pero después también. Se calcula que cada smartphone genera alrededor de 8kg de emisiones de CO2 por uso durante toda su vida útil. Suele rondar los 2 o 3 años. Además, se sabe que por cada dos minutos de uso, un dispositivo móvil emite al menos 47kg de CO2 durante toda su vida útil. 


Soluciones de futuro

Los expertos estiman que para el año 2040, los centros de datos y la fabricación de smartphones serán las tecnologías de la información y la comunicación más contaminantes del planeta. ¿Y qué tiene esto que ver con tu teléfono móvil? Mucho y más de lo que crees, porque ya hemos visto que un smartphone contamina mucho mientras se fabrica, pero durante su uso también. Pues los datos que se comparten a través de los canales de mensajería como WhatsApp o Telegram, la información que buscamos en Internet y almacenamos en nuestro dispositivo o los vídeos que se hacen virales y decidimos de repente descargar para dejarlo almacenado en nuestra nube o compartirla con nuestros contactos, es información.

Datos que se procesan que son gestionados por centros de datos que son los que realmente hacen posible cada llamada telefónica, vídeo o imagen compartida a través de la red. Estas sedes se alimentan de electricidad y ésta se llega a generar por la quema de combustibles fósiles. Es decir, todo lo que consumimos como información lleva aparejado también un consumo energético que es invisible a nuestros ojos pero que existe de verdad. 

Tal y como declaran muchos entendidos, llevamos en el bolsillo una auténtica “pesadilla medioambiental”. Son dispositivos que si durasen 25 años podrían empezar a compensar el impacto medioambiental que suponen no sólo con su fabricación, sino también con su uso diario. 

Desde la European Environmental Bureau (EEB) indican en uno de sus últimos informes que en la UE existen más de 632 millones de unidades de smarphones en stock. Se producen al año más de 210 millones de ventas de móviles. Y estos acaban siendo productos electrónicos de moda que están en continua actualización, por lo que se cambian con demasiada asiduidad. Quizá, sólo quizá, si se alargase tan solo 1 año la vida útil de estos dispositivos, podríamos llegar a ahorrar 4,3millones de toneladas de CO2. Y si esta vida útil fuera de 5 años, el ahorro sería de 5,5 millones de toneladas. Casi nada, ¿verdad?


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