BIBBY STOCKHOLM: UNA NUEVA CÁRCEL FLOTANTE

Bibby Stockholm es una barcaza sin motor que desde hace unos días alberga a migrantes que en estos momentos se encuentran “entre dos aguas” como solicitantes de asilo en Reino Unido. Se trata de una de las prisiones que más han dado de que hablar en los últimos tiempos. Propiedad de la compañía de operaciones marítimas y de envío Bibby Line. 

En realidad, no es una barcaza nueva. Lleva construido desde 1976 y fue registrado en Barbados. Desde 1994 hasta aproximadamente 1998 fue empleada para albergar personas sin hogar y algunos solicitantes de asilo en Alemania. También sirvió de albergue en Rotterdam y estuvo un tiempo después atracada en Escocia. Desde julio de este año sirve a los planes del gobierno británico para dar cobijo a más de 500 solicitantes de asilo que en estos momentos tienen intención de entrar al Reino Unido.

Y servir, con ello, a la propuesta de ahorro con lo que han vendido la iniciativa a los ciudadanos de este país, pues, como aseguran desde el gobierno, alojar a los migrantes en hoteles mientras están a la espera de su aceptación de asilo, es más costoso que llevarlos y alojarlos en el Bibby Stockholm. Se encuentra atracada en Portland, una isla localizada en Dorset, al sur del Reino Unido. 


Polémica sobre la barcaza flotante

Quienes esperan y probablemente se desesperen durante su espera, son migrantes encerrados en lo que para muchos es más que una cárcel victoriana. Podrán estar en la barcaza hasta 18 meses, mientras esperan un sí a su petición de asilo en el Reino Unido. Las condiciones no distan mucho de estar dentro de un cubículo con vistas al mar. Y por ello, más de 50 ONG ya han remitido una carta a la empresa Bibby Marine, parte de la compañía Bibbly Line, en la que exponen que para ellos “es cruel e inhumano retener en un navío flotante a personas que probablemente han sufrido experiencias traumatizantes”. 

Los artífices de la propuesta no están tan de acuerdo. Aseguran que los solicitantes de asilo recibirán alrededor de 11 euros a la semana, que no tendrán que gastar prácticamente en nada, pues en la barcaza recibirán comida tres veces al día, suministro de agua, sopa o té, atención médica y hasta tendrán acceso Internet. Recibirán también lecciones de inglés y convivirán con la presencia continua de guardas de seguridad, encargados de controlar la salida y el retorno a la embarcación. Hasta las 11 de la noche, los desplazamientos a la barcaza serán continuos y se realizarán a través de de un servicio especial de autobuses. 

Para los defensores de la iniciativa, es más que un ahorro. Se trata de una solución a los acuciantes problemas de migración que actualmente vive la sociedad. Sin embargo para los más críticos es una medida vergonzosa, una manera de seguir humillando a personas que quizá hayan pasado por experiencias traumáticas y demoledoras hasta llegar al Bibby Stockholm. 


El proyecto de Ley sobre Migración ilegal en el Reino Unido

No sólo ha causado polémica la barcaza. También el proyecto de ley sobre Migración Ilegal que tiene sobre la mesa el gobierno de Rishi Sunak y que acaba de ser aprobado por el parlamento británico. Según la ONU, esta medida asienta un precedente preocupante sobre la política migratoria en Europa. Y tanto la Agencia para los Refugiados de las Naciones Unidas como la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ya han advertido de las “profundas consecuencias para los derechos humanos y para el sistema internacional de protección de los refugiados”. 

En una nota de prensa, explican que “El Proyecto de ley niega el acceso a asilo en el Reino Unido a cualquier persona que llegue de forma irregular, habiendo atravesado un país, aunque fuera por un período breve de tiempo, donde no se enfrentaban a persecución. Se les prohíbe solicitar protección para refugiados o cualquier otra solicitud basada en los derechos humanos, sin importar lo imperiosas que sean sus circunstancias. Además, la ley exige su expulsión a otro país, sin garantía alguna de que podrán acceder de forma necesaria a algún tipo de protección en ese país. Crea nuevas y extensas competencias para detener a personas, bajo condiciones limitadas de supervisión judicial”.  

Y en declaraciones, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, ha llegado a asegurar que “esta nueva legislación viene a erosionar de forma considerable el marco legal que ha servido para proteger a tantísimas personas, exponiendo a refugiados y refugiadas a graves riesgos que vulneran el derecho internacional”.  

Polémicas como pocas, este nuevo proyecto de ley abre la veda a legislaciones que parecen atentar contra los derechos humanos y que, como dice el refranero español, trata de “matar moscas a cañonazos”, pretendiendo, no así, dar una solución al grave problema migratorio que afecta a prácticamente todos los países en la actualidad. En 2022 más de 166.000 personas esperaban asilo en Reino Unido. Dicen los expertos que el país ha alcanzado con estas cifras su máximo histórico. Pero Reino Unido no es el único que recibe migrantes en Europa. 


La realidad y el control de las migraciones en la UE

Según Frontex, la agencia de fronteras de la UE, se detectaron en 2022 alrededor de 330.000 cruces irregulares de fronteras. Un dato que supone un aumento de más del 64% respecto a 2021 y es, con creces, la cifra más alta que se registra desde el año 2016. Más de 2.500 personas murieron el año pasado tratando de llegar a la UE. Ciudadanos de países como India, Burundi, Marruecos, República Democrática del Congo, Perú, Yemen, Moldavia, Bielorrusia, Cuba o Túnez. Además de los provenientes de Ucrania que escaparon de la guerra. Cerca de tres millones de personas de fuera de la UE sin embargo lograron establecerse legalmente. Por el camino se quedaron todas las demás. 

Y en medio, legislaciones que se presuponen salvadoras de la situación. Otras, que prefieren negar una realidad que afecta a millones de personas. Entre medias, muchas vidas humanas que se pierden por el camino. Otras, que quedan encerradas en barcazas, en CIE, en minúsculas viviendas en las que deben esconderse para que no les “devuelvan” a sus países de origen en caso de ser encontrados. 

El control de las migraciones  y su gestión, por ejemplo en la UE es, para muchos, el eterno problema de la Unión. Un debate que en la última década parece que ha ido quedando paralizado y ensombrecido por otros tantos como el Brexit o la Guerra de Ucrania. Pero ahí continúa, más presente que nunca a medida que va pasando el tiempo. Y al final, las historias distópicas que relata el cine, las series o la literatura acaban encontrándose con el presente. Terminan siendo reales. Tan reales, que ya lo tienen encima sin una solución aparente o inmediata, más allá de la barcaza, los vecinos de Portland.


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