AHMED TOMMOUHI Y ABDEZARRAK MOUNIB

Ahmed Tommouhi tenía 40 años cuando fue condenado por una doble violación. Ha pasado 15 años privado de libertad. El testimonio de algunas víctimas en unas ruedas de reconocimiento faciales fue definitivo. Era inocente. Incluso había unas pruebas genéticas que acreditaban que no era el agresor. Pero el Tribunal no las tuvo en cuenta. La presidenta del Tribunal y magistrada ponente de la sentencia, Audiencia de Barcelona, era Doña Margarita Robles. Hoy es ministra de Defensa.

Ahora el Tribunal Supremo ha revisado el caso, y ha tenido en cuenta las pruebas de ADN que en su día no llegaron al juicio. Ha anulado la condena porque, además, ha sido detenido el verdadero autor de las violaciones, Antonio García Carbonell, pero a Ahmed no le van a poder devolver 15 años de vida. Ahmed, que tenía un gran paracido con el verdadero autor, ha perdido entre rejas los mejores años de su vida. No ha podido vivir la infancia de sus cuatro hijos. La víctima que le identificó en la rueda tuvo muchas dudas pero finalmente le señaló. 

Un periodista de La Vanguardia, Ignacio Orovio, ha denunciado durante años el caso demostrando que el reconocimiento ocular fue erróneo. Ha declarado que “es difícil entender la cadena de errores desde el minuto uno. Entonces había en Cataluña una alarma por varias violaciones, se lanzó una alerta y ese es el origen de este caso”. En la misma causa también fue injustamente condenado Abdezarrak Mounib, que no es que haya perdido años de vida, es que falleció en prisión de un infarto en el año 2000. 

El periodista Braulio García Jaén denunció en un libro como el Tribunal ignoró las pruebas de ADN. Le preguntó a Margarita Robles, ponente de la sentencia condenatoria y ella respondió: “Si yo dicté una sentencia, seguro que lo hicimos con toda seguridad, porque si algo tengo es profesionalidad. Si yo dicté esa sentencia es porque habría motivos suficientes y se ajustaba a Derecho. Así que no me venga usted a decir que es absurdo. Si esa persona está en la cárcel y yo dicté una sentencia será porque se ajustaba a Derecho. Y si no, para eso está el Supremo”.

Me da mucho asco esta respuesta de la magistrada. Porque, en efecto, está y ha estado el Supremo, pero ha llegado treinta años tarde, y en el caso de Abdezarrak en vez del Supremo le llegó la muerte. El tiempo no lo cura todo. A Ahmed no le va a curar el tiempo la herida de 15 años preso siendo inocente. Y a Abdezarrak el tiempo no le va a devolver a la vida. En este caso, como en tantos, el tiempo le ha permitido a la señora Margarita Robles, que no quiso saber nada de esas pruebas de ADN, ser secretaria de Estado de Justicia con el biministro Belloch y ser ministra de Defensa. Siendo secretaria de Estado se acreditó como una experta en falsificación de documentos. Si, los documentos falsos para que Roldán regresara a España desde Laos, aquellos que firmaba un inexistente capitán Chan.


Ahmed: un error le destrozó la vida

Aunque tarde, fuera de tiempo, Margarita Robles podría, y creo que debería, pedir perdón. Perdón a Ahmed y a Abdezarrak y sus familias, y perdón a la sociedad española por su impericia como magistrada. El Tribunal Supremo, en una nota de prensa en la que comunica la anulación de la sentencia, dice sobre los informes genéticos: “Se realizaron en 1992 por la Policía Científica de Barcelona, pero nunca llegaron a conocimiento del Tribunal, pese a ser una prueba admitida que formaba parte del procedimiento, dado que los peritos no acudieron a declarar a la vista oral y el Tribunal no suspendió el juicio para su citación”.

No cabe mayor desautorización de un Tribunal. Pero no sucederá nada, nunca sucede nada en estos casos. El Consejo General del Poder Judicial, que preside el mismo presidente del Supremo, no actuará contra la señora Robles, que se irá de rositas, como tantos otros. Seguirá dando lecciones de democracia como su ex-jefe Juan Albeerto Belloch. El mismo que ha declarado públicamente y en un libro que el Gobierno del que él formaba parte (con la señora Robles de mano derecha), se planteó asesinar a Roldán. Ni Belloch ni Robles, magistrados ambos, denunciaron a quienes plantearon esa iniciativa criminal. Y ojo porque entramos en campaña y la señora Robles acudirá a mítines del PSOE a pedir el voto “progresista”.

Conviene mucho hablar de Ahmed y Abdezarrak. Como conviene hablar del desastre de las prisiones españolas. Y convendría que alguna vez los magistrados que han arruinado vidas con condenas injustas paguen por destrozar vidas. Una sociedad que admite esto como si no fuera importante es una sociedad enferma, arrodillada, infame. Ahmed se parecía al violador, es cierto. Pero no es aceptable que por ello y porque un Tribunal incumple sus obligaciones haya pasado 15 años privado de libertad siendo inocente. Y que decir de Abdezarrak, que no se parecía a nadie y murió preso siendo inocente. 

Me pregunto si Margarita Robles habrá podido conciliar el sueño tras este fallo del Supremo. Bueno, y me respondo rápido que sí, porque a esta gente se la bufa todo menos su poder. Si tuviera un mínimo de dignidad debiera pedir perdón. Pero no lo va a hacer. Está demasiado contenta de haberse conocido y ser ministra. Que vergüenza tanta indecencia. Y mis respetos a los colegas Orovio y García Jaén y a un ciudadano llamado Manuel Borraz, que han estado quince años acreditando su sentido de la moral y la decencia en la denuncia en solitario de este caso sin más interés que el conocimiento de la verdad.  Es precioso estar vivo pero es horrible estar muerto en vida. Y más aún cuando es consecuencia de una actuación negligente e ilegal de un Tribunal de Justicia. No se olviden de la señora Robles. 

Y para abrochar la indecencia, el ministro de Justicia socialista Mariano Fernández Bermejo se negó tramitar el indulto de Ahmed y Abdezarrak solicitado por la Fiscalía y el Defensor del Pueblo. Los condenados se negaron a pedir el indulto “porque un inocente no ha de hacerlo”. Fernández Bermejo fue el ministro que se fue de cacería con el aún juez Baltasar Garzón, la entonces fiscal de la Audiencia Nacional Lola Delgado (hoy señora de Garzón) y el comisario de la Policía Judicial a Jaén el mismo día que los tres pusieron en marcha el “Caso Gürtel” contra el PP y en favor del PSOE. Justicia la llaman. Cuídate de ella como de un enemigo.


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