LA FALSA BÚSQUEDA DE LA UBICUIDAD

Durante casi quince años estuve viviendo en distintos países de América y entre los infinitos aprendizajes que me llevé de esa curiosa y desarraigada forma de vida, estuvo el entender en profundidad que cuando eliges vivir en un nuevo lugar, aceptas desligarte y perder gran parte de tu vida anterior.

Si pasaba un par de años sin volver a España, a la vuelta me reencontraba con amigos que aparecían con nuevas parejas, hijos de los que no tenía constancia y por desgracia, la ausencia de algunos con los que no mantuve el contacto.

Esta obviedad parece no tener mucha discusión, ya que como humanos no disponemos del don de la ubicuidad. Y debemos permanecer atados a un único espacio-tiempo. Pero fijándome en los comportamientos y comentarios habituales que refleja nuestra sociedad, pareciera que convivo con semidioses mostrando una férrea negativa a aceptar que el día tiene veinticuatro horas. Que un cuerpo no puede ocupar dos espacios distintos a la vez y que un sueldo no puede mantener gastos por encima de su nómina.

El promedio de vida de un ser humano es bastante extenso. Y con algo de esfuerzo y un poco de suerte podemos vivir miles de experiencias maravillosas.

La esclavitud del algoritmo

Aún así, las redes sociales y la banalidad con la que tendemos a vivir la vida nos hacen considerar que hay situaciones que no podemos desestimar o lugares que obligatoriamente deben ser parte de nuestra historia personal.

Y por ello nos influyen titulares del estilo: “Las diez playas que no puedes dejar de visitar” o “Los mejores complementos que no puedes dejar de comprar”.

De pronto asumimos la obligación de hacer lo que se espera, desestimando los criterios propios y amparados en el dichoso FOMO que todo lo invade. Este absurdo término corresponde a las siglas de “Fear of Missing Out”, que viene a definir la sensación de miedo que sentimos ante la posibilidad de perdernos algo de extremo valor. Una ansiedad ficticia que sólo está basada en los comentarios de gente o en algoritmos que no nos deberían importar lo más mínimo.

¿Cuándo asumimos la estupidez de creer que podemos estar en todos los eventos de interés y no perdernos nada, sobre todo en el mundo occidental, con tantos estímulos y alternativas disponibles…?

Esta falsa búsqueda de ser parte de todas las fiestas y aparecer en todas las fotos nos arrastra hasta las vacaciones que debemos tener. Los lugares que debemos visitar, las cosas que debemos comprar, la música que debemos escuchar…

Y más te vale no desatender alguna de estas citas imprescindibles o te convertirás de inmediato en un paria social.

Puedes hacer la prueba preguntando a gente de tu entorno. Y verás que conoces más personas que han estado en el Caribe o Thailandia, que quienes hayan pasado un fin de semana en el maravilloso Teruel. Excepto obviamente si eres de Teruel entonces, por favor, cambia el ejemplo por Salamanca, Mérida o Burgos.

Un exceso de aforo inexistente

Pero no altera sólo nuestras decisiones a futuro, sino que manipula nuestros recuerdos y nos arrastra a eventos del pasado en una “inflación de asistentes”. Uno de los casos más curiosos fue el “Live-Aid” del 13 de julio de 1985. Un concierto simultaneo en dos continentes: En el Wembley Stadium de Londres y el JFK Stadium de Filadelfia, con un aforo conjunto de 160.000 asistentes.

El evento fue trasmitido por televisión llegando hasta cerca de 2.000 millones de espectadores. A pesar del aforo limitado, se calcula que cerca de un millón de personas afirmaban haber vivido aquel evento de forma presencial en uno de los dos estadios. Y personalmente opino que buena parte de ellos realmente lo creía.

Como curiosidad, Phil Collins fue el único artista que participó en ambos: actuó en Wembley, un helicóptero lo trasladó al aeropuerto y tomó el Concorde a Nueva York. Donde otro helicóptero lo llevó a Filadelfia para actuar en el JFK Stadium. 

Esta tendencia a sentirse incluido no sólo se muestra en viajes o eventos, sino que también se traslada a la cultura local. Leemos estúpidos titulares como “no podrás creer lo que hizo este actor”, que pulsamos sólo para ver si es un tema de actualidad . Y para que cuando salga la conversación tengamos algo que opinar.

No importa si tenemos conocimientos al respecto, pero hay que saber de qué va, tener una opinión alineada a un grupo bien posicionado. Y en caso de duda, siempre estará la IA de turno para decirnos lo que debemos saber y decir.

Lo importante es poder decir algo, aparentar que sabes de cualquier tema. Y sobre todo que estás al tanto de todo lo importante que sucede a nivel mundial.

Algunos periódicos tienen la desfachatez de contar con una sección que en unos minutos te informa sobre todos los temas que debes saber para estar informado.

Como bien decía Rosa María Calaf: “Ese es el gran riesgo en este momento: que nos creamos informados cuando realmente estamos entretenidos.

Hace no mucho un amigo me comentaba si tenía intención de irme nuevamente a vivir a tierras americanas. Y me di cuenta que no sentía el posible nuevo viaje como una partida, sino como un retorno. Mi hogar se ha ido fragmentando y por ello estoy obligado a perderme las experiencias compartidas con esas vidas que dejo atrás. Sólo hay un camino que transitar y en cada cruce siempre optamos por aventurarnos a lo que una vereda nos ofrece. Desestimando todo lo que no hemos elegido. En cada elección que hacemos a lo largo de nuestra vida, incluso en las más triviales, estamos eligiendo un camino en lugar de otro. Nunca sabremos lo que descartamos, ni por supuesto lo que pudiera llegar en la infinita secuencia de decisiones a partir de esa.

Visto así, ¿cómo podemos plantearnos la idea de creer que podemos abarcarlo todo? Ni en mil vidas vividas en mil distintos lugares y en mil distintos momentos.

La vida no nos ofrece infinidad de situaciones que vivir. Nos ofrece infinidad de formas de vivir cada situación a la que nos enfrentamos. No tenemos la capacidad de estar en todas partes y disfrutar de cada circunstancia pero sí tenemos la posibilidad de comportarnos de la mejor manera en cada situación que vivimos, haciendo que nuestro paso por este mundo sume experiencias comunes, dejando recuerdos compartidos y tratando de ser parte importante de otras vivencias.

Perdurar en nuestra historia, sólo es posible si somos parte de otras vidas.

Tags from the story
, ,
More from Pedro Casado Bielsa
LA BUENA VIDA DE LAS FARMACÉUTICAS
Soy parte de esa última generación que tuvo que hacer el servicio...
Read More
Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.