Muertos S.L. acaba de echar el cierre y, aunque todavía quedan muchas series por ver y muchas comedias por estrenar, su última temporada me ha hecho pensar en algo que va mucho más allá de la funeraria Torregrosa. He estado pensando en Laura y Alberto Caballero, dos hermanos que han creado un sello propio y único. En una forma de entender la comedia española que lleva más de veinte años acompañándonos y que, entre comunidades de vecinos, pueblos, hombres en crisis y funerarias han conseguido algo que considero muy complicado en los tiempos que corren: reírnos de nosotros mismos.
Todo se remonta a Desengaño 21
Si echamos la vista atrás, la primera comedia que hizo famosos a los hermanos Caballero fue la mítica serie Aquí no hay quien viva. Una serie que, veinte años después, sigue estando muy viva. Nos ha ido acompañando a lo largo de nuestra vida. Para mí, personalmente es una serie que me genera mucha nostalgia, que me recuerda a personas que ya no están. Y, aunque he de reconocer que ya no veo tanto sus capítulos, no dejo de reconocer que era y es una de las mejores comedias españolas.
Porque sí, antes de la funeraria Torregrosa estaba Desengaño 21. Y antes de que los empleados de Torregrosa se pelearan por el poder de una funeraria, teníamos a Juan Cuesta intentando poner orden en una comunidad de vecinos pintoresca y alocada. Una comunidad de vecinos donde parecía casi imposible que alguien se comportara con normalidad.
Aquello era comedia en estado puro. Una comunidad de vecinos con personajes variopintos, muy diferentes pero que tenían mucho que aportar. Porque todos hemos tenido un vecino que se mete donde no le llaman o un presidente de la comunidad un tanto peculiar. Y creo que ahí se empezaba a fraguar el sello de los hermanos Caballero.
De Desengaño 21 a Montepinar
Después de Aquí no hay quien viva llegó La que se avecina. Los hermanos Caballero cambiaron de edificio, de cadena e incluso de personajes. Pero la esencia seguía ahí. No se había ido. Las mismas situaciones rocambolescas se hacían paso en esa urbanización a las afueras de Madrid. Montepinar sustituyó a Desengaño 21, pero la fórmula volvió a funcionar. Ahora sabiendo lo que le gusta a la audiencia. Antonio Recio, Enrique Pastor, Maite, Coque, Amador Rivas. Todos estos personajes forman parte de nuestro imaginario televisivo.
Y con ello, los hermanos Caballero volvieron a cosechar ese éxito aplastante que consiguieron con Aquí no hay quien viva. Y es que han conseguido convertirse en una serie que ha sobrevivido a diferentes generaciones de espectadores. Yo misma, cuando se estrena una temporada comento con mi tío las peripecias de sus protagonistas. Nos encanta opinar sobre las últimas locuras de Antonio Recio o los aires de grandeza de la marquesa de Balmaseda. Todo un acierto este último personaje. Ahora las nuevas historias están en Contubernio 49, pero la comedia que caracteriza a sus creadores sigue intacta.
También hubo un pueblo
Con El Pueblo, los hermanos Caballero volvieron a cambiar de escenario. Dejaron atrás las comunidades de vecinos y se mudaron a Peñafría, un pueblo un tanto peculiar al que llegaban personas procedentes de la gran ciudad y pasaban a cohabitar con los lugareños. De nuevo, la comedia estaba servida.
Otra vez, personas obligadas a convivir. Otra vez, choques entre formas de entender la vida. Repitieron la fórmula y volvieron a triunfar.
La crisis de los hombres llegó a la comedia
Y entonces apareció Machos Alfa. Aquí la comedia daba un paso diferente. Los protagonistas ya no tenían que enfrentarse a los problemas de una comunidad de vecinos o adaptarse a la vida de un pequeño pueblo. Se enfrentaban a algo mucho más complicado: entender que el mundo estaba cambiando.
Pedro, Santi, Luis y Raúl son cuatro amigos que se encuentran inmersos en la difícil tarea de adaptarse a conceptos como las nuevas masculinidades, el feminismo o el complejo universo de las relaciones de pareja. Y, de nuevo, los Caballero encontraron una manera de hablar de un tema social sin dejar de hacer comedia. El resultado ha sido convertir Machos Alfa en una serie de éxito, con personajes imperfectos y situaciones que, aunque llevadas al extremo en muchos casos, volvían a tocar algo muy cotidiano.
Y llegamos a la funeraria
Y así llegamos a Muertos S.L. Reconozco que los primeros capítulos no llegaron a engancharme. Aunque la premisa era divertida, no llegaba a conectar con los personajes. Sin embargo, le di una oportunidad y debo reconocer que me bebí la primera temporada en una tarde. Son capítulos cortos que te dejan con ganas de más.
Los ingredientes que la hacen única son una funeraria familiar, una empresa en crisis, unos trabajadores heterogéneos y una familia que convierte algo tan serio como la muerte en otra batalla más por el poder.
La misma forma de hacer comedia, solo que con elementos en el mapa diferentes. Y, de nuevo, Laura y Alberto Caballero han vuelto a triunfar. Si quieres pasar un rato sin pensar en nada, vete a Netflix y comienza a ver esta serie. ¡No podrás parar de verla!
Cuando los hermanos Caballero solo entienden una forma de hacer comedia: haciendo a su público reír
Da igual qué serie de los hermanos Caballero estés viendo. Todas llevan su sello. Su huella. Su identidad. Y es que no necesitan grandes personajes. Sus protagonistas son inseguros, ambiciosos, egoístas, torpes, cotillas, egocéntricos y, muchas de las veces, insoportables. Pero eso es lo que engancha a la audiencia. Personas que puedes encontrar en tu día a día, en tu trabajo, en tu comunidad de vecinos e, incluso, en tu grupo de amigos. Porque quizá todo tenemos algo de Antonio Recio, de Amador, de Juan Cuesta, de Maite, de alguno de los protagonistas de Machos Alfa o de cualquiera de los empleados de la funeraria Torregrosa.
La comedia de los hermanos Caballero se caracteriza por un humor directo, ágil, sin demasiados artificios. En definitiva, una comedia muy española, reconocible, tan nuestra. Y, aunque hayan pasado veinte años, seguimos riéndonos con ella.
