¿Y SI MIRAMOS AL SUR Y HACEMOS ALGO?

MIRAMOS

Las imágenes son terroríficas, pero como no son blancos las damos por amortizadas. En veinticuatro horas han llegado a Murcia más de 400 emigrantes africanos. Más los de Almería, Algeciras, Benidorm y Calpe, y todos los demás. Buena parte de ellos son argelinos. Quizá trataron de llegar a Libia para cruzar a Italia, pero las mafias del Magreb manejan la mercancía. Huyen del hambre, del calor, de la sed, de la miseria, de los terroristas islámicos que los masacran, y ven en Europa la solución a sus problemas. Quizá saben que aquí les esperan condiciones laborales precarias y hasta inhumanas, pero para ellos llegar se parece a alcanzar el paraíso.

La pandemia ha hecho más débiles a los débiles en toda la tierra, y los traficantes de seres humanos lo saben y aceleran el tráfico con el que se lucran. Conocemos las cifras de los que llegan, pero desconocemos las de quienes naufragan y mueren en el intento, convirtiendo el Mediterráneo maravilloso en un cementerio indecente. Los traficantes aceleran el paso, pero Europa es la única salvación de los que huyen, y por eso arriesgan sabiendo que caen en manos de criminales sin escrúpulos y que pueden terminar dando con sus huesos en algún campo de concentración donde serán torturados y morirán. Su vida no vale nada y por eso asumen todos los riesgos para llegar a Europa. Y Europa mira para otro lado, no afronta el problema, e incluso algunos siguen fomentando el racismo y la xenofobia y defendiendo su identitarismo asqueroso olvidando la tragedia.

Cualquiera de nosotros haríamos lo mismo, si fuéramos valientes. Porque hay que ser muy valiente para afrontar ese viaje. Lo conozco de primera mano. Les he visto salir de Sierra Leona y Mali, y son lo mismo que vi cruzando el rio Suchiate de Guatemala a Mexico por el paso del Coyote para llegar al tren “La bestia” y alcanzar el sueño americano, que suele ser la pesadilla de quienes lo consiguen.

Y los racistas y xenófobos no crean que quienes llegan aquí son los pobres de estos países africanos, no, son gente allí con posibles, porque el viaje es caro, tan caro como la vida para muchos. Son hombres y mujeres que escapan del infierno, y ahora todavía más con la pandemia.

Deberíamos mirar más al sur, y hacer algo más que lamentarnos. Europa no puede seguir dando la espalda a estos seres humanos. No vienen de Marte o de Venus. Son hombres, mujeres (muchas embarazadas) y niños como nosotros que han tenido la fatalidad de nacer en el infierno, donde su vida vale menos que la bala que los mata. Son los nadie de Galeano, que con suerte ocupan un recuadro en la página de desgracias de los periódicos. Nuestros muertos no nos los enseñan, pero cuando mueren ellos sí, destrozados, baleados, masacrados, ahogados. Da igual. Son negros africanos. De vez en cuando alguien lava su conciencia con alguna limosna, pero no necesitan caridad, que también, sino educación y un trabajo digno. Y Europa, cuna de la democracia, debería ser consciente de que uno de los derechos fundamentales, esenciales, de los seres humanos, es el derecho de asilo. Lo que está sucediendo es un crimen, en muchos casos organizado, que se comete en la puerta de nuestra casa.

Y a los que llegan, ahora, si dan positivo de Covid 19 les dicen que han de guardar cuarentena. ¿Dónde? La Delegación del Gobierno en Murcia no pudo asegurar el alojamiento de los emigrantes alegando que solo tiene competencias de custodia policial. Con dos cojones. O sea, supongo que a la puta calle, como los demás. Ya solo nos falta que los Gobiernos europeos organicen tramas mafiosas (saben mucho de eso, todos) para volver a meterles en una patera, “en caliente”, y mandarles a casa, a los que la tienen, y los que no. Que se mueran, pero en su miseria, no en nuestra opulencia patética. Que asco y que vergüenza.


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