PONER EN VALOR AL FINAL

Me gusta el fútbol desde muy pequeñito. Lo jugué en las calles, en el colegio y hasta en un torneo social del Real Madrid, en el equipo de Gento. Echo de menos el fútbol de barrio y el academicismo actual a veces me aleja de mi deporte favorito. El lenguaje de los futbolistas nunca ha sido prodigioso, siempre ha sido de tópicos repetidos. Últimamente ha cundido arrancar cada frase anteponiendo “al final”. Les vale igual para un roto que para un descosido. Es igual “al final hemos logrado ganar” que “al final hemos empezado muy bien”.

Lo triste es que ha cundido también entre muchos comentaristas, incluso entre los denominados por mi amigo Roberto Gómez “panenkitas”. Son aquellos que sofistican el lenguaje hasta el punto de hacerlo incomprensible, como los malos profesores. Y los peloteros no están a salvo tampoco del “poner en valor” tan usual en la clase política y periodística cuando quieren referirse a valorar algo.


Comentarios en el fútbol que son un delirio

Rescato de un artículo de Alfredo Relaño en El País la transcripción de una frase del segundo entrenador del Español de Barcelona, Mario Fernández. Cuando el reportero Albert Fernández le pide opinión sobre el Eibar antes de jugar conta el equipo guipuzcoano: “Tenemos claro que la génesis de su buen rendimiento pasa por un buen momento con el balón. Meten mucha gente interior, tienen dobles ubicaciones en las cuartas alturas. Además de tener mucha acumulación son asimétricos porque la segunda y la cuarta son ubicaciones tendentes más al perfil izquierdo, pero la tercera, tendente al perfil derecho, los que les lleva es a progresar con mucha facilidad por los dos perfiles.

Son capaces de progresar con mucha facilidad por los dos perfiles. Son capaces de progresarte con tu orientación y contra tu orientación. Con asociación cercana porque tienen pie en la base y asociaciones lejanas porque, ya sabéis, tienen gente como Arbilla que te puede buscar las diagonales y encontrar el profundo de lado contrario fácilmente. El dominio que tienen da paso a muchas cosas. Es un gran equipo, pero se les puede hacer daño, vamos a ganarlos”.

El reportero se quedó, lógicamente, mudo. Los espectadores quizá cambiaron de canal. Y el Español no le ganó al Eibar, empataron a 2, Tras la derrota el entrenador, Luis García, fue despedido y con él el autor de este delirio. Si se dirigía así a sus jugadores para explicarles cómo debían jugar no extraña que no se enteraran de nada.

Algunos se mofan de mi amigo Jorge Valdano por cómo habla. Mi también amigo José María García dijo de Jorge que “es un rapsoda malo que le está haciendo mucho daño al Madrid”. La diferencia de Valdano con tantos otros es que es un tipo culto, cultivado. Habla con propiedad pero se le entiende todo muy bien. Sabe de fútbol, pero no es un rapsoda. Rapsoda es un hombre que recita poemas. Jorge Valdano seguro que recita bien poemas pero cuando comenta un partido te aporta sus conocimientos, que son muchos, y te ayuda a desentrañar claves del partido. No es repetidor de tópicos.


Reclamo poner en valor que se acabe con los topicazos

Me ponen muy nervioso los tópicos futboleros, más aún en los encargados de retransmitir o comentar los partidos. Como me cabrea cuando mencionan a un jugador por el gentilicio. Conozco a muchos futbolistas de muchos equipos. Incluso algunos me gusta mucho como juegan, y aunque me la suda donde hayan nacido, he terminado por saber que Sergio Ramos nació en Camas (Sevilla). Con Isco me volvieron loco mucho tiempo porque le citaban como “el de Arroyo de la Miel”, cuando lo correcto sería decir el de Benalmádena, porque Arroyo es solo un barrio de esa localidad malagueña.

O sea, que reclamo poner en valor que al final se acabe con los topicazos. O sea, que quienes narran o comentan los partidos lo hagan de forma culta y a la vez comprensible. Y escuchada la perorata del segundo entrenador del Español me cuesta menos entender como cada día vemos partidos más encorsetados, como los entrenadores capan la inteligencia y la habilidad de los jugadores a través de tácticas que los convierten en piezas de una maquinaria que no siempre funciona. Tanto tacticismo, tanta gilipollez, tanta estadística y tanta tecnología está matando el fútbol de barrio. El futbol de toda la vida, el fútbol que me hizo amar este deporte. El fútbol que divierte.

Ah, y al final debe ser que me hago mayor y maniático, porque no soporto tampoco, como le sucede a mi amiga Rebeca Argudo Argudo, la gente que aplaude cuando aterriza un avión, la gente que habla a gritos por teléfono en la calle o en el metro, la gente que golpea en tu asiento del avión o el tren, la gente que escupe en la calle, o que escupe, así en general, como los futbolistas, los realizadores de televisión que se regocijan incluso en planos ralentizados de los lapos de los jugadores, pero lo que más detesto son los narradores y comentaristas de fútbol que repiten como loros los topicazos, las frases hechas cutres o los gentilicios para referirse a un jugador.

Y les hago una sugerencia, que cuando citen a Bellingham empleen también el gentilicio y bien pronunciado, a ver si tienen huevos. Porque Bellingham, hey Jude, nació en Stourbridge. Insisto, bien pronunciado. Para al final ponerlo en valor y que podamos progresar por los dos perfiles sin escuchar tantas gilipolleces. Y a Valdano ni tocarlo, que es el mejor. En cualquiera de sus perfiles.


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