MACARENA OLONA Y SU NUEVO PARTIDO POLÍTICO

Macarena Olona ha registrado un nuevo partido con el que pretende presentarse a las elecciones generales del próximo 23 de julio. Lo hace bajo el nombre “Caminando juntos”. Ha querido representar esta nueva opción mostrando una imagen de dos zapatos: uno de color rojo y otro de color azul. Afirma, a través de sus redes sociales, que camina con el pie derecho, pero también con el izquierdo. Como cualquier hijo de vecino a no ser que le falte una pierna, obviamente.

Nadie dirá que no se le entienden las intenciones, que suponemos, es capturar ese voto de centro. Ansiado, inexistente al parecer ante la poca oferta que no se vincula a cualquiera de los dos extremos. Macarena Olona se presenta por la circunscripción de Granada, en la que se empadronó para poder acudir como candidata en las elecciones andaluzas del pasado mes de junio de 2022.

Pero más allá de valorar el nacimiento repentino de un nuevo partido político, hay quienes ya se han lanzado a acusar a Olona de haber copiado los zapatos rojos y azules del catálogo de Lefties. Son los menos, también es cierto. Pocos se han parado a pensar en realidad en el batiburrillo de listas electorales que tendremos que elegir antes de llegar a la urna, el 23 de julio, habrá una más entre tantas. La gente está ya tan cansada de idas y venidas que poco importa que ahora Macarena Olona haya fundado un partido nuevo. Poco importa también que haya escogido dos zapatos de color como imagen. Son minucias que sirven para atacar a una candidata que concurre a las generales con intención de presentarse con su nuevo partido en nada menos que 10 provincias. 

Recordemos que la ex-secretaria de Vox abandonó el partido tras ir como candidata a las elecciones andaluzas el pasado mes de junio y no obtener, según declaró entonces, los resultados esperados. El batacazo fue notorio. Y las polémicas con su partido y sus ex compañeros de andanzas, sonadas. 

Pero en el juego de la política no hay nada como hacer como el ave fénix, y tratar de renacer siempre de las cenizas. Algunos prefieren reinventarse e intentarlo de nuevo, acariciando un centro que a día de hoy no existe. Y otros optan por esparcir las cenizas y retirarse de la vida pública acudiendo al sector privado, a la empresa de la que una vez salieron. Puertas giratorias dirán otros…  Reinvención y oportunidad, en realidad.


Olona a la captura del voto del centro

Se estima que cerca del 30% del electorado en España se sitúa en lo que todos conocemos como centro. Se trata de ciudadanos que, según algunos analistas, están despolitizados. No se sienten representados por ninguna de las fuerzas que concurren o suelen concurrir a las elecciones y, como dice aquel, son posibles abstencionistas. De hecho, en muchas ocasiones, los partidos han luchado de manera encarnizada por disputarse lo que se conoce como centro político, por atraer a este grueso del electorado que ni fu ni fa, que no quieren calzar ni zapatos rojos ni azules y, mucho menos, están a gusto decantándose por cualquiera de los dos extremos políticos a los que parece que nos vemos abocados cada vez más.

Pero el centro no es la centralidad. En política hablar de centro a veces se confunde con tratar de capturar la centralidad, cuando en realidad esto último viene referido a la importancia para trabajar en aras de solucionar los problemas sociales y mejorar la calidad de vida de la población. Este objetivo tan bonito y tan loable, hace ya tiempo que nuestros políticos se han olvidado de que existe. Opciones de centro en España ha habido unas cuantas en los últimos años. O por lo menos intentonas: Ciudadanos, UPyD… Todas con el mismo final.

Javier Maroto afirmó en un mitin en 2019 que dividir el voto del centro-derecha sólo provoca que gane la izquierda. Por aquel tiempo también el barómetro del CIS indicaba que más del 60% de los electores en España se consideraban de centro-izquierda y se encuadraban en opciones políticas que se acercaban casi en su totalidad al PSOE y a Pedro Sánchez. 

Hoy el centro no existe. La población está cada vez más polarizada. Y no falta quien afirma que, en realidad, lo que están es cansados de tanta polémica y tanto encrespamiento. Si hoy el CIS repitiera ese barómetro, probablemente el porcentaje de población que se considera de centro sería mayor. Pero no por centrismo o por ideas políticas alejadas den un lado o del otro. Sino por dejadez, cansancio, intención de abstenerse o, simplemente no tener claro que de todas las opciones políticas que hoy por hoy tenemos sobre la mesa, ninguna se acerca a lo que necesita la población. Polarizar sirve de vez en cuando. Pero no se puede prolongar en el tiempo. Porque desgasta demasiado.


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