LOS TRABAJADORES DE UN CENTRO DE MENORES

¿Cómo es trabajar en un centro de menores? ¿Qué requisitos se pide a los profesionales que conforman sus equipos de trabajo? Son preguntas que nos hacemos porque hablamos mucho de centros, pero no de todo lo que hay en su interior. Además de los menores existen muchos profesionales cuya situación diaria también es complicada. Trabajar en un centro de menores implica tener que enfrentarse cada día a situaciones difíciles para las que se requiere una gran fortaleza. Acompañar a personas con personalidades nada sencillas y tratar de solucionar conflictos que van a requerir cierta experiencia del profesional.

Ante todo y de lo que no nos cabe duda es que ser trabajador en un centro de menores es un trabajo vocacional, o debería de serlo. Una función para la que no está hecha cualquier persona. De vocación podríamos hablar largo y tendido pero no es este el momento. Aunque sí nos sirve para matizar que todo lo que concierne a un centro de menores: el trato, cuidado, guarda y educación de los mismos, debe ser sobre todo una tarea vocacional. Porque trabajar con personas, requiere paciencia y mucha inclinación hacia los demás. 

¿Trabajadores con vocación?Servicio a la sociedad

¿Qué tipo de vocación? La que nace de dentro de uno mismo para sacar lo mejor que se tiene y poder dárselo a los otros. Y basta un simple ejemplo: personal de enfermería, profesorado, auxiliares sanitarios en residencias… son todas profesiones que requieren una sensibilidad especial por lo delicado que es tratar de cuidar a otra persona. Cada día estos profesionales se ocupan de atender a los demás, de sanarles, enseñarles y cuidarles ofreciendo un servicio público con todo ello. Ofreciendo un servicio a la sociedad. Y sobra decir que todas estas funciones, adquieren un tono más emotivo cuando es un menor al que hay que cuidar. Porque estamos tratando a la infancia y los niños y niñas son el futuro de la propia sociedad. 

A los trabajadores de los centros de menores se les pide titulación relacionada con la educación social, el trabajo social, la psicología o la educación sin más en cualquier ámbito, porque las tareas que se van a desempeñar tendrán que ver con la enseñanza.  

Ante todo como decimos deben contar con vocación. Pues las situaciones con las que deberán enfrentarse cada día puede que no se asienten sobre nubes de algodón y tengan mucha relación con otras como menores conflictivos, hijos e hijas de familias desestructuradas, menores desubicados que no entienden la razón por la que se encuentran en el centro. Y en definitiva con menores que necesitan un 120% de atención y acompañamiento. Esa que fuera del centro la sociedad no parece darles. 

El centro y todo lo que hay dentro de él pasa a ser su referencia. Imagínense lo que les ocurre a estos menores cuando ni dentro del centro encuentran esa protección que tampoco se les da fuera. ¿Entienden lo grave del asunto?

Profesionales trabajando en condiciones indignas

Por lo que hemos podido conocer, las condiciones de trabajo de un profesional en un centro de menores son duras. No por las horas que echan, ni por el trato de sus superiores (aunque como se dice comúnmente: “en todas las casas cuecen habas“), sino porque la mayoría de las veces las condiciones salariales no son boyantes para estos profesionales. Tampoco los contratos de trabajo pues en ocasiones lo que se ofrece es temporalidad con opción a indefinición, si se pasa el periodo de prueba. 

La vocación es importante sí, pero también lo es el tipo de contrato que se posee o el salario que se recibe por un trabajo que pide mucho de uno para dar también mucho a los demás. 

Según el informe titulado El perfil profesional de los educadores en los centros de menores de la Comunitat Valenciana, escrito en 2017 por Manuel Tarín Cayuela, dentro de la categorización de los profesionales que trabajan en centros de menores en la actualidad se pueden diferenciar dos categorías: por un lado la de aquellos educadores profesionales que ostentan la categoría profesional B, cuya titulación se corresponde con una carrera universitaria y que alcanzarían los 651 profesionales, y la de aquellos que ostentan la categoría C, que se corresponde con titulaciones no profesionales (Formación Profesional o Bachillerato), llegando estos a los 251 profesionales. 

La preocupación por la formación de estos profesionales no se limita a una comunidad autónoma u otra, pues si bajamos un poco más al Sur, en la Comunidad de Andalucía hemos encontrado ofertas formativas relacionadas con los centros de menores. Cursos algunos bonificados por la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo que buscan enseñar cuestiones básicas para poder trabajar como monitor/a en un centro de menores. 

¿Y quién sufre estas consecuencias? Los menores

Si buscamos por Internet van dándose paso muchas y variadas ofertas para ocupar un puesto de educador/a en un centro de menores o en entidades encargadas del cuidado de éstos. A los profesionales se les piden requisitos como comunicación interpersonal, flexibilidad, saber estar o alta capacidad para trabajar en equipo. En ocasiones también diplomacia, capacidad resolutiva, iniciativa y organización, entendemos que para contar con cierta autonomía a la hora de solucionar problemas. Quizá demasiadas cualidades que han de trabajarse con el tiempo y la experiencia, pero también por algo más de 1.000 euros mensuales. El salario en todas las ofertas consultadas no suele sobrepasar los 18.000 euros de salario bruto anual.

Ademas se exige ser capaz de detectar posibles problemas sociales en los menores a su cargo e identificar patologías de estas situaciones. Incluso cierta cualificación a la hora de intervenir y resolver conflictos sociales con efectos negativos sobre los menores. Es decir, contar en ocasiones con tener que “liarse la manta sobre la cabeza” y tirar para adelante ante situaciones complicadas. Trabajar con menores faltos de guía, sensibles y perdidos en busca de un lugar que no encuentran dentro del centro, no es tarea fácil.

Si a todo este cóctel le añadimos que muchos centros de menores están gestionados por entidades privadas, entenderemos mejor por qué se exige tanto con tan pocas condiciones de trabajo dignas. Ni la empresa privada ni el Estado cuida de los profesionales de los centros de menores. Como tampoco lo hace con los menores. El apoyo psicológico que pueden necesitar estos profesionales de los centros es otro factor a tener en cuenta que tampoco hemos visto señalado en las ofertas de trabajo consultadas. Y nos preguntamos: ¿la vocación puede estar por encima de todo? ¿Merece la pena al terminar el día sabiéndose poco cuidado de quien se supone que te emplea? Solo ellos y ellas, las personas que trabajan día a día en un centro con menores, sabrán darnos una respuesta, porque a nosotros se nos hace difícil encontrarla. 


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