LOS MENORES SON LAS VERDADERAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA

A estas alturas nadie duda de que las principales víctimas en cualquier caso de violencia en el hogar son siempre los menores que tiene la familia. Desde diferentes organismos se lleva tiempo denunciando. Además se confirma que los menores, hijos por ejemplo de la pareja que ejerce la violencia, son a menudo utilizados como instrumento para ejercer el maltrato tanto sobre la mujer como sobre el hombre. A veces son incluso la punta de lanza con la que se termina de rematar un acto violento. Y cuando éste termina y se procede al juicio o a la detención, los menores continúan desprotegidos. Los menores también han sido víctimas de esa violencia. Y pese a no haber recibido a veces los golpes o tener magulladuras visibles, a nivel psicológico precisan de mucha ayuda para poder salir adelante. 

En lo últimos años se han producido además determinadas reformas jurídicas que han puesto de manifiesto la importancia de que los menores sientan seguridad. Deben tener esa protección que se merecen. Sin embargo no se ha hecho lo suficiente. Así lo denunciaron recientemente desde la Comisión de Comparecencias Ciudadanas y Derechos Humanos en Las Cortes de Aragón, a través de las declaraciones de una madre víctima de violencia machista que pedía protección para sus dos hijos. Lanzaba la siguiente pregunta: “¿Estarían tranquilos sabiendo que el profesor de sus hijos está condenado por maltrato a los suyos propios? ¿Para qué asignatura le verían más capacitado?”. 

El resumen de estas comparecencias y el objetivo que se planteó en la mencionada Comisión no es otro que la prohibición de que los condenados por maltrato a menores, puedan continuar trabajando con éstos. Una petición que no estaría de más que se elevara también y de manera más contundente para los sospechosos de abusos sexuales. Al final los menores viven rodeados de personas contra las que no están capacitados para luchar. La sociedad en lugar de frenar a estas personas les da aire para que continúen aleteando a su misma marcha. 


¿Quién protege a los menores víctimas de maltrato?

Por su parte el Proyecto de Ley Orgánica de Protección integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la violencia, incluido entre los objetivos de la llamada Agenda 2030 del Gobierno, contiene medidas para los diferentes niveles en los que se pueda actuar: sensibilización, prevención, detección precoz. Ello en los distintos ámbitos en los que se encuentre el menor: familiar, educativo, intervención social, centros de protección, sanitario, deportivo, digital, etc. Sin embargo aunque se esté trabajando en ello, cada minuto que pasa sin una estrategia clara que aúne y coordine los pasos que deben darse de verdad, aumenta exponencialmente el daño que se le sigue haciendo a nuestros menores. Continúan desprotegidos. Así desde organizaciones especializadas, abogados y familias, se viene pidiendo que se atienda a las necesidades de los menores que no son otras que una mayor protección. 

En los últimos años el número de menores víctimas de violencia ha crecido cerca de un 30%. Eso según se desprendía en mayo de las estadísticas de violencia doméstica y violencia de género correspondientes a 2021 y publicadas por el Instituto Nacional de Estadística. Mención aparte se merece la llamada violencia vicaria. Es la que tiene como objetivo dañar a la víctima de violencia machista a través de sus seres queridos, generalmente sus hijos. De hecho es una práctica más habitual de lo que pensamos. Es el caso de un hombre que maltrata a una mujer, asesina a sus hijos, los maltrata o destroza su integridad. Todo ello con el objetivo de maltratar al progenitor. 

En estos casos se contempla que evidentemente los menores son las principales víctimas porque algunas veces ni siquiera sobreviven para poder contarlo. Pero ¿qué ocurre con aquellos que conviven en las aulas con un maltratador sin saberlo? En el campo de fútbol, en el vestuario o en la academia a la que acuden diariamente para mejorar el inglés. ¿Quién alerta de que esos menores están también desprotegidos? Puede que nunca sufran daño alguno, pero dudar de que no puede ocurrir es como colocar un trozo de carne delante del hocico de un zorro hambriento. Puede que lo rechace, pero es más que probable que se lance a él a la mínima ocasión. 


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