LOS ESCÁNDALOS DEL EX-PRÍNCIPE ANDRÉS

La Casa Real Británica no pasa por los mejores momentos de su historia. Si hace unos años la institución no supo gestionar la crisis de comunicación derivada de la falta de información en las enfermedades del rey Carlos III y la princesa de Gales, Kate Middleton, ahora vuelve a estar en el centro de la polémica tras la detención del ex-príncipe Andrés el pasado 19 de febrero. 

Durante años, el caso del ex-príncipe ha sido el ejemplo perfecto de cómo una crisis reputacional puede cronificarse hasta convertirse en un problema estructural. Lo que comenzó como una relación incómoda con el financiero Jeffrey Epstein terminó erosionando su posición institucional, su imagen pública y, finalmente, su estatus dentro de la monarquía británica. La detención del pasado 19 de febrero no es un hecho aislado. Es el principio de algo importante que está por explotar. 

El origen de una caída que se veía venir 

La reputación del entonces duque de York empezó a deteriorarse en 2019, cuando su vínculo con Jeffrey Epstein pasó del ámbito privado al escrutinio global. Andrés y Epstein se conocieron en los años noventa, se hicieron amigos, hasta el punto de irse juntos de fiesta y beneficiarse mutuamente. Desde ese momento, todo se complica cuando entra en escena Virginia Giuffre, quien demandó al ex-príncipe Andrés por abusos sexuales cuando ésta tenía 17 años. Durante la investigación de esa demanda, se pudo corroborar que Virginia decía la verdad. Aun así, Andrés no entró en prisión a cambio de una cuantiosa indemnización a la víctima. 

Sin embargo, el punto de inflexión en su caída fue su entrevista en la BBC, en el programa Newsnight, donde el ex-príncipe trató de defenderse y terminó manchando más su imagen. Transmitió falta de empatía, ofreció explicaciones contradictorias y adoptó una estrategia de defensa centrada en detalles técnicos. Todo sin tener en cuenta el impacto social y emocional del caso.

Desde ese momento, su descenso ha sido meteórico: retirada de la vida pública, pérdida de privilegios y de funciones oficiales, retirada de títulos militares y patronazgo y renuncia a honores y títulos en 2025. Pero no debemos olvidar algo importante, aún está en la línea en la sucesión de la corona. ¿Es ético que un ex-príncipe detenido, investigado y con unos antecedentes penales considerables opte a la Corona Británica? 

De crisis reputacional a problema institucional 

La policía británica investiga al hermano del rey Carlos III por posible conducta indebida en el ejercicio de un cargo público, relacionada con su etapa como enviado comercial y con la supuesta transmisión de información a Epstein. 

El problema ya no queda en el ámbito privado, sino que ya hablamos de uso de posición institucional, posible conflicto de intereses y eventual vulneración de deberes públicos. 

En términos jurídicos, la diferencia es sustancial, pues ya entramos en el terreno de la responsabilidad institucional. Aunque fue puesto en libertad tras el interrogatorio y continúa bajo investigación, el impacto mediático es enorme. Y es que, más allá del resultado judicial, el daño reputacional ya está consolidado. No es casual que el debate político en Reino Unido haya incorporado este caso como argumento para exigir mayor rendición de cuentas y revisar el papel de la institución en la vida pública. 

Tras la detención de Andrés, la estrategia de la institución ha sido prudente: comunicados oficiales escuetos y apoyo al principio de legalidad. Recordemos las palabras del rey Carlos III en su comunicado tras conocerse la detención de su hermano: “la ley debe seguir su curso”.

El recorrido jurídico: investigación y posibles escenarios procesales

Desde el punto de vista jurídico, el caso del ex-príncipe Andrés entra en una fase fundamental, y es la de investigación preliminar sin cargos formales. Este momento procesal es el más incierto, porque puede durar meses, incluso años, ya que lo que se busca es determinar si existen indicios suficientes para sostener una acusación. Y todo parece indicar que sí. 

En el sistema judicial británico, la detención y posterior puesta en libertad bajo investigación implica que las autoridades consideran necesario revisar documentación, comunicaciones y posibles testimonios antes de tomar una decisión. Si la investigación reúne pruebas suficientes, la siguiente fase sería la formulación formal de cargos y la apertura de un procedimiento penal.  

Pero, también puede ocurrir que la Fiscalía concluya que no hay base suficiente para acusar, y no es algo improbable en este tipo de procedimientos donde es muy complicado probar los hechos. 

En este caso, donde queda salpicada una institución de la envergadura de la Casa Real Británica, el reto jurídico no es solo el resultado de la investigación o el procedimiento, sino la gestión del impacto mediático que gira alrededor de la institución. Es por ello fundamental apartar por completo a Andrés de la línea de sucesión a la Corona. Se prueben o no los hechos, el daño a la institución ya está hecho. 

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