Se está conociendo el impacto que las leyes de género han tenido en el desarrollo del niño que asesinó a su cuidadora en Badajoz y la historia no puede ser más terrorífica. Su padre denuncia el calvario al que se enfrentó desde 2011 por una denuncia de violencia de género en el seno de su proceso de separación. Un clásico. Clásica también la respuesta de la Justicia: la custodia para la madre sean cuales sean sus circunstancias hasta que se aclare lo de la violencia de género. Ella se queda el domicilio familiar y recibe una pensión por los hijos. La tremenda consecuencia: un niño privado de figura paterna y en manos de una drogadicta con serios problemas para educar.
En el campo de la psicología está más que acreditada la función de la figura paterna en la crianza de un niño. El padre es una figura de autoridad. Suele ser más firme al imponer los límites y la disciplina. Con esto los niños asimilan que hay reglas. Así se trabaja el autocontrol y la tolerancia ante cualquier situación difícil que se les presente. Como bien se aprecia en este caso, la ausencia de figura paterna puede tener efectos devastadores.
Leyes de género, el negocio de la violencia de género y el negocio de la tutela de menores.
El caso de este menor que acabó asesinando a su cuidadora muestra como las leyes de género desencadenan un terrible efecto mariposa de impredecibles consecuencias. Se desarrolla un negocio alrededor de la violencia de género y las mujeres que denuncian son literalmente santificadas por denunciar. Se las reviste de la condición de víctimas y se les dice sí a todo. Suponga lo que suponga. Aunque conlleve erradicar la figura paterna de la vida de unos niños. Pese a que se les ponga en riesgo. No pasa nada, una vez que su madre entró al negocio de la violencia de género, que los hijos entren al negocio de la tutela de menores. Y así fue…
Una entidad pasa a ser responsable de cuidar de ese niño a cambio de 3.500 €/mes. Pero no hay figura paterna y por tanto no hay límites. No hay autoridad. Si el niño se fuga da igual, la entidad sigue trincando los 3.500 €. Si el niño delinque, no pasa nada. Igualmente 3.500 € a la saca. Sin responsabilidad ninguna. Un negocio puro y duro. Y mientras que la entidad responsable factura más de 20.000 euros al mes por «cuidar» de 6 niños, pone a una cuidadora mileurista a su cargo. Amenazada, atemorizada y a merced de adolescentes sin límites. ¿Qué otra cosa podía ocurrir?