LA POLÉMICA DE LA SEMANA: LA GESTACIÓN SUBROGADA

El tema de esta semana ha sido la gestación subrogada. Se ha hablado en prácticamente todas las portadas de los informativos, de los medios online y en las tertulias. El mayor impacto informativo en la gente de a pie ha sido la portada de una conocida revista en la que aparece Ana Obregón saliendo en silla de ruedas de un hospital en Miami porque acaba de recoger a la hija que ha (¿tenido?) por gestación subrogada. No ha impactado la huelga en Francia que parece haber paralizado a todo el país. Ni la inflación que tiene en vilo a cada uno de nuestros bolsillos o el clima político que nos tiene verdaderamente hastiados a estas alturas de la película. 

La madre “subrogante” de 68 años, al parecer, llevó todo el proceso en silencio. Sólo su círculo más íntimo conocía que estaba inmersa en un proceso de gestación subrogada. La imagen de Obregón saliendo en silla de ruedas del centro hospitalario, ya que así se indica en el protocolo del hospital para todos los pacientes del área de maternidad, se ha quedado grabada en las retinas de muchos lectores. No dudan en compararlo con cualquiera de los fotogramas que pueden aparecer en la mente cuando se ha leído o se ha visto la serie «El cuento de la criada«.

La polémica que supone hablar sobre la gestación subrogada vuelve a estar en la calle y en el Congreso de los Diputados. El Partido Popular cree conveniente abrir el debate en nuestro país. Y ello pese a que ahora, el clima político quizá no sea el más idóneo ni el más conveniente. Hablar de gestación subrogada supone abrir un melón que es difícil de digerir en su totalidad. ¿Por qué? Pues por las connotaciones morales, legales y sociales que lleva éste aparejado. 


La gestación subrogada: legal o ilegal según en qué países

Echando mano de la Wikipedia, podemos definir la gestación subrogada como la práctica por la que, tras llegar a un acuerdo con otra persona o pareja, una mujer se embaraza con un óvulo que es ajeno al suyo. Finalmente da a luz a un bebé que entrega a esa persona o pareja, quienes acaban convirtiéndose en padres del mismo. 

Según los últimos datos disponibles, se registraron en los consulados españoles 165 bebés nacidos por gestación subrogada en 2022. Si se toma en cuenta un periodo de tiempo algo más largo, desde 2010, ha habido un total de 3.516 solicitudes para inscribir a bebés nacidos mediante este tipo de gestación en los registros civiles de los consultados de España en el extranjero. Esto es así porque la gestación subrogada es ilegal en nuestro país. Según se recoge en el artículo 10 de la ley de 2006 sobre técnicas de reproducción humana asistida. También la recientemente aprobada Ley del aborto habla de la gestación por sustitución, expresando que ésta es una forma de violencia reproductiva. Además se prohíbe asimismo cualquier tipo de publicidad sobre este tipo de gestación. 

Sin embargo, lo que pasa de los Pirineos para adentro no es lo mismo que ocurre de Pirineos para afuera. Tampoco en Portugal. En algunos países europeos, la gestación subrogada es un tema que se mueve abiertamente entre lagunas legales y aguas pantanosas.  Países como Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos, Portugal o la República Checa, la gestación subrogada no es ilegal, siempre que se produzca “de manera altruista”. En Grecia no es ilegal pero la ley impide su uso de forma comercial. 

Es legal en otros como Ucrania, Rusia y Bielorrusia. En Francia, Noruega, Alemania, Austria, Suecia o Estonia es castigado severamente. Si hablamos de Alemania, por ejemplo, la ley alemana de protección del embrión restringe la medicina reproductiva, la maternidad subrogada e incluso la donación de ovocitos. En Polonia también es ilegal. Y, de hecho, la madre de un bebé es aquella que lo dio a luz. Además de que tampoco es posible por ley la entrega de un recién nacido a otras personas.

Estados Unidos, Tailandia o India son algunos de los países que se sitúan en el top five de los que más gestaciones subrogadas registran y albergan. En ellos es relativamente sencillo llevarlas a cabo, bajo desembolso de unos cuantos miles de euros. En EE.UU.  no es generalizado a nivel federal, sino sólo en algunos estados. 


El debate está abierto en nuestro país

Hablar de gestación subrogada sin tratar de expresar una opinión personal es casi tan difícil como hablar del aborto sin que se note cierta inclinación hacia el estar a favor o en contra del mismo. Podríamos decir que es prácticamente imposible permanecer impasibles a la hora de hablar de gestación subrogada. O, por qué no, de vientres que se alquilan por un puñado de monedas.

La gestación subrogada de manera altruista, la que se permite en determinados países en el mundo, también es difícil de digerir. Porque no se entiende que pueda existir una madre gestante, que se ofrezca a prestar su útero para albergar a un bebé que no es suyo y que tendrá que entregar de manera solidaria a otros padres que formarán una ecuación en la que ella no va a estar nunca con el mismo bebé que ha parido. ¿Se puede de manera altruista, prestar el vientre, pasar un embarazo, sufrir un parto por puro altruismo? ¿dónde quedan las hormonas, dónde y cómo se aparca la oxitocina que genera el vínculo con el bebé? 

Peor aún es el caso de aquellas otras que prestan sus vientres a cambio de dinero. No por el hecho en sí, sino por las razones que les llevan a hacerlo. Los progenitores que los encargan, ¿compran bebés como si comprasen patatas? Entendemos que no, porque probablemente les mueve su deseo de tener un hijo y formar una familia. Esa otra parte también hay que intentar entenderla. Debemos trabajar la empatía. Aunque sea complicado.

La gestación subrogada tampoco está al alcance de cualquiera. Estos procesos no suelen ser baratos. Según una de las agencias que operan en España y que se dedican a este tipo de gestaciones, “el coste de una maternidad subrogada en total oscila entre los 50.000 € y los 200.000 € o más, según el país de destino que se elija para realizar el proceso de gestación subrogada”. Hay, además, muchos aspectos que hacen variar el coste. Por ejemplo «la localización donde se lleva a cabo, la elección del tratamiento con óvulos propios u ovodonación, el número de ciclos/transferencias embrionarias, etc.”.

Y más allá de hablar de euros o dólares, de valorar el vacío que llenan algunos cubriendo con bebés el vientre de otros o de otro tipo de polémicas que puede conllevar este tema, lo cierto es que sobre este tema podemos opinar todos. Nadie nos lo prohíbe, pero queramos o no, hacerlo lleva aparejadas grandes dosis de controversias no sólo éticas, sino también morales y sociales. En el caso que abrió el tema esta semana, el de Ana Obregón, lleva además pegada la etiqueta de «polémico» por la edad de la madre que acaba de recibir a su bebé. Obregón, de 68 años, verá crecer a su hija… poco tiempo. Otros afirman que esa niña se quedará huérfana antes de cumplir los 30. “Como muchos otros”, responderán los defensores. 

La polémica no está ahí. Sino en el hecho de que a día de hoy, en muchos países del mundo, se pueden comprar bebés. Otras opciones como la adopción no llegan a ser del agrado de quienes prefieren que otros gesten sus óvulos fecundados. Puede que no sea suficiente. Y si esto se permite y se blanquea no sabemos qué puede ser lo próximo. 


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