LA CULTURA EN TIEMPOS DE IA

Hay algo que me ronda en la cabeza desde hace algunos meses, y que, cuanto más lo pienso más me inquieta. Vivimos un momento en el que la Inteligencia Artificial lo está tocando todo: la medicina, los negocios, la educación, y ahora, la cultura. El cine, el arte, la literatura, la pintura. Y aquí es donde yo me planteo: ¿Hasta dónde vamos a llegar? Porque una cosa es que la tecnología nos ayude a ser eficientes, y otra muy distinta es que empiece a suplantar aquello que solo sabemos hacer los humanos: la capacidad de crear. 

No vengo a demonizar la IA. Es absurdo, pero sí quiero hablar de ciertos límites que creo que estamos cruzando sin reflexionar sobre ello. En 2025, la UNESCO convocó a un grupo independiente de expertos para analizar qué impacto está teniendo la inteligencia artificial sobre la cultura y qué debemos hacer al respecto. El resultado fue el Informe CULTAI. Este informe, con el que no puedo estar más de acuerdo, señala que la IA avanza mucho más rápido que nuestra capacidad de dirigirla desde el ámbito cultural. Yo solo veo en esta frase una señal de alarma que no podemos ignorar. ¡La IA avanza más rápido que nuestra capacidad de dirigirla!

El informe señala también beneficios de la IA en la cultura, que no los niego, pero me parece tan contundente el mensaje que nos está mostrando que hablar de algo positivo de la inteligencia artificial en este momento me parece fuera de lugar. Insisto, cada uno puede tener una opinión sobre este tema, faltaría más. Pero es que el informe añade algo más impactante y que debe ser tenido en cuenta: la IA puede tanto democratizar la cultura como asfixiarla. 

Lo que está pasando en el cine con la IA

Hace unas semanas, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas que organiza los Oscar anunció un cambio necesario que afecta a las categorías actorales y a la de Mejor Guion. La Academia especifica que solo podrán conseguir nominación los papeles “interpretados demostrablemente por humanos y con su consentimiento”, poniendo un claro freno a la irrupción de la inteligencia artificial en los premios. En las categorías de Mejor Guion se señala, a partir de ahora, que los libretos “deben ser de autoría humana”. Y me parece una decisión bastante acertada. ¿También la IA tiene que quitar el trabajo a las actrices y a los actores? Ellos también crean arte y cultura con sus interpretaciones y la IA no puede reflejar, ni de lejos, la pasión y el sentimiento que pone un actor o una actriz al interpretar un papel. ¿Cuántas películas habremos visto sin saberlo generadas o ayudadas por la inteligencia artificial?

Lo que me parece importante de la decisión de la Academia es que apuesta por colocar a la autoría humana siempre en el centro. 

Lo que está pasando en los libros cuando el algoritmo firma la novela

Si el debate de la IA en el cine ya es preocupante, el de la literatura directamente me toca muy de cerca. Soy una apasionada de la lectura, devoro libros. Y apuesto por ese arte que tienen muchos escritores de plasmar en palabras una historia que sale de su cabeza y de su corazón. Admiro a los escritores, porque tienen la capacidad de construir personajes, paisajes, lugares, sentimientos, que la IA jamás podrá suplantar. 

Pero, desgraciadamente, hay algunos autores que utilizan la inteligencia artificial para escribir sus novelas, perdiendo totalmente la autenticidad. Algunos lo reconocen y otros no. Y eso, para mí, es un problema serio, porque un libro no es solo la suma de palabras ordenadas. Un libro implica mucho más. Un libro es una mirada, un sentimiento, es la experiencia de vida de alguien que decidió convertirla en historia. Es el miedo de un autor a las cuatro de la madrugada preguntándose si lo que está escribiendo llegará al lector. Y eso no se puede delegar y sustituir por la IA. 

Pero hay algo que me parece más indignante. Muchas editoriales han empezado a utilizar la IA para traducir novelas, algo que hasta hace dos días lo hacían los humanos. Suma y sigue. El argumento es económico, claro. Las traducciones son caras y lentas, pero no se puede comparar una traducción hecha por la IA y una traducción hecha por una persona. Además, es que se nota mucho. Como lectora, noto perfectamente si una novela está traducida por la IA, ya que esa traducción es más robótica. Y la traducción hecha por un profesional no solo consiste en trasladar palabras de un idioma a otro. Es interpretar una voz, una situación, un sentimiento. Y eso, insisto, no lo puede hacer la inteligencia artificial. 

Y el arte, ¿dónde queda el arte? 

Si el mundo editorial ya ha resultado afectado con la entrada de la IA, el mundo del arte no se queda atrás. En 2025 abrió en Los Ángeles DATALAND, el primer museo del mundo dedicado en exclusiva al arte generado por inteligencia artificial. Impresionante visualmente, eso no lo puedo negar, pero ¿qué historia hay detrás de un cuadro hecho con IA? ¿Qué ha movido a crearlo? Silencio. La IA no es capaz de ir más allá, ya que genera imágenes a partir de patrones extraídos de millones de obras creadas por seres humanos, muchas veces sin su consentimiento. Sin embargo, lo que puede recrear un artista es irreproducible. 

Y no me opongo a la entrada de la IA a los museos. De hecho, el Museo del Prado lleva años explorando la posibilidad de utilizar la inteligencia artificial para reconstruir obras dañadas o crear guías inteligentes que acercen al arte. La IA al servicio del arte, perfecto. La IA suplantando al artista, por supuesto que no. Al menos, desde mi punto de vista. 

La cultura no es un atajo 

Me da la sensación de que estamos normalizando algo muy peligroso: la idea de que el proceso creativo es prescindible. Que lo que importa es el producto final, no quién lo ha creado o escrito. La IA puede llegar a tener un lugar en la cultura: documentar, conservar patrimonio, pero una cosa es eso y otra que sustituya al creador. Si vaciamos la cultura de humanidad para hacerla más rápida o más barata, acabaremos con más contenido que nunca, pero con mucho menos qué decir. Cuidemos y respetemos la cultura. 

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