LA BOLA DE CRISTAL

El drama no es la invasión de Ceuta, sino la inexistencia de una democracia real en España. La prueba del algodón la encuentras en las inaguantables mentiras gubernamentales. Insisten, erre que erre, en que no sabían nada de Ceuta, del Covid, de la DANA, del apagón, de Adamuz, del procés, etc… Sucesos que, para más inri, tienden a repetirse por lo que no caben excusas. Cuando son culpables, irremediablemente, movilizan a la Casa Real para escurrir el bulto. En Ceuta, además del oprobio, hemos tenido que soportar la campañita de Zarzuela titulada “La Corona con nuestra ciudad”. Incluso Pedro Sánchez colocó al rey en un pimpampum recordando que, en todo su reinado, nunca visitó oficialmente Ceuta.

¿Qué democracia es ésta en la que la PPSOE y el rey nos pueden mentir a la cara sin consecuencias? ¿Qué democracia es ésta en la que el gobierno puede manejar al rey como a una marioneta? ¿Qué rey es éste que se deja manejar justo cuando entran en juego sus principales misiones? 

La Moncloa y el Rey

El 56 CE dice que el rey es, como jefe del Estado, símbolo de la unidad y permanencia de España, amén de asumir la más alta representación en las relaciones internacionales (después, lamentablemente, dice que es inviolable e irresponsable, marcando una diferencia con los ciudadanos imposible en una democracia). Sin embargo, cuando esa unidad se ve gravemente amenazada, el rey hace mutis y se esconde en Zarzuela hasta nueva orden de Moncloa.

Está claro que lo de la omisión del deber de socorro no va con él y que el Régimen del 78 alumbró una falsa democracia donde se permite, por un lado, la mentira y la irresponsabilidad de los mandamases y, por otro, que al ciudadano se le trate como si fuera menor de edad o discapacitado. Curiosamente, se nos hurta el conocimiento de lo ocurrido, pero se nos obliga a pagar las consecuencias.  

Nos venden películas de soberanía donde el rey es, prácticamente, Supermán. Sin embargo, cuando el agua hierve todos saltan de la taza. España es un tremendo guiñol donde nada es lo que parece. Así, ante una evidentísima invasión orquestada por Marruecos, con el conocimiento y refrendo tanto del Tío Sam como de la UE –por eso están desaparecidos–, lo único que se les ocurre a los que ostentan las más altas magistraturas del Estado es convencernos de que lo que vemos por televisión no es cierto.

Después, en lugar de reaccionar y devolver sin contemplaciones a todos los que violentaron nuestra frontera, se dedican a debatir sobre la ley de extranjería. Lo único híbrido aquí es el político de la PPSOE y el propio rey que se mueven entre el leguleyo, el calzonazos y el traidor.

La polarización nos pierde

De siempre, cuando un país tenía problemas, sus mandatarios se entregaban a combatir a un enemigo exterior, real o inventado. Automáticamente, las fuerzas centrífugas mutaban en centrípetas para, unidos, afrontar la amenaza exterior. Pues bien, la PPSOE con el rey en su refajo ha conseguido un nuevo hito mundial: ante la clara amenaza de Marruecos han conseguido dividirnos a todos. Los de Podemos se manifestaron para condenar al pueblo ceutí por racista. Sic transit gloria mundi. Económicamente, no estamos ya ni en el G20, pero en idiotez somos cumbre. 

Todo es consecuencia directa de la creciente polarización: en lugar de centrar un asunto y darle una respuesta racional, nos perdemos por las ramas. El bueno de ZP ya dijo una vez que les interesa que hubiera tensión en la calle. El escándalo de Ceuta va a continuar porque es la mejor distracción frente a la corrupción de la PPSOE. Siempre se ha dicho que todo depende del cristal con el que miras. No obstante, una cosa es ver el mundo en rojo o azul, como hacía Popea con sus piedras preciosas, y otra muy distinta es ver un mundo irreal. La polarización te hace abandonar la realidad cuando ésta es indefendible. Entonces muchos huyen y salen por los Cerros de Úbeda.

Tratamiento infantiloide

La Bola de Cristal fue un programa infantil de los 80 caracterizado por tratar a los niños como personas adultas. El Régimen de la PPSOE, por el contrario, es un programa político para adultos donde se nos trata como a niños. Hacen lo que quieren y no dan explicaciones a nadie. Si te enfadas, no te hacen ni puto caso hasta que, agotado, vuelves al redil como si tal cosa. Reniego de que nos traten como a niños. Quiero que, por lo menos, se nos trate como en La Bola de Cristal. Creo que ha llegado el tiempo de que te suenes los mocos de una vez y empieces a actuar como un adulto, reclamando explicaciones y responsabilidades. No vuelvas a votar a quién no te ofrezca ambas cosas.

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