IRÁN Y LA MUERTE DE SU PRESIDENTE EBRAHIM RAISÍ

El Gobierno iraní confirmó este pasado lunes la muerte de su presidente Ebrahim Raisí y su ministro de Exteriores, Hossein Amir Abdollahian. El fallecimiento de ambos se produjo por un accidente de helicóptero, cerca de Varzeqan. En una zona rocosa, de difícil acceso, llamado el bosque de Dizmar, ubicado en la provincia de Azerbaiyán Oriental. La búsqueda de los cuerpos arrancó en el último tramo de la tarde del domingo y duró varias horas. Fue bastante complicado llegar hasta ellos porque la zona es muy montañosa.

De hecho las labores de búsqueda con drones no fueron posibles debido también al mal tiempo. Ambos, junto a su séquito, volvían de un viaje a Tabriz, donde se habían trasladado para inaugurar una presa con el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev. Aún hoy se desconocen las causas del siniestro. Las autoridades iraníes atribuyen a que se dieron entre “condiciones meteorológicas adversas”, tal y como trasladaron en un comunicado oficial desde el Gobierno. Otros dos helicópteros que formaban parte de la comitiva del presidente sí pudieron llegar a destino y no sufrieron daños.

Por ello, el Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, Mohammad Bagheri, ya ha ordenado investigar las causas del accidente que ha acabado con la vida del presidente de Irán. Y no pocas voces hablan ya de sabotaje, más de que inclemencias del tiempo. 


Duelo y júbilo tras la muerte del presidente de Irán

El pueblo iraní se debate estos días entre mostrar y respetar el duelo por su presidente o celebrar su partida. No obstante se han anunciado cinco días de luto en el país. En estos días se han ido multiplicando los actos en honor a Raisí. Además, este martes miles de personas se congregaron en una marcha fúnebre por el presidente y su ministro de Exteriores en la ciudad de Tabriz. Capital de la provincia donde el Presidente y otros seis pasajeros murieron en un siniestro cuyas causas aún se desconocen, ubicada al noroeste del país.

Los asistentes enarbolaban banderas de Irán y ramos de flores en honor a los fallecidos. Muestra de que, aunque muchos destacasen su ultraconservadurismo, fue para otros tantos un presidente querido, humilde y tremendamente popular. Tras su muerte, el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, ha nombrado al primer vicepresidente Mohammad Mokhber, para dirigir los asuntos del país.

Mientras corre la cuenta atrás para las elecciones del próximo 28 de junio, donde se elegirá al nuevo presidente. Ahmad Vahidi definió convencido estos días que si este fallecimiento hubiera ocurrido en cualquier otro país, el gobierno se habría tenido que enfrentar a un “futuro muy sombrío”. Sin embargo Irán “superará este acontecimiento sin problemas”. 


Reacciones a la muerte de Raisí

Las reacciones de los principales mandatarios internacionales no se han hecho esperar. El primer ministro iraquí, Mohammed Shia Al Sudani, trasladó al poco de hacerse pública la noticia, su pésame y su “solidaridad” con el pueblo iraní. Mahmud Abás, quiso trasladar también “la solidaridad del Estado de Palestina y su gente con los dirigentes y el pueblo iraníes«. Al tiempo que en Pakistán, su primer ministro, Shehbaz Sharifel, declaraba incluso una jornada de duelo en el país, como señal de respeto por la muerte de Raisí. Por su parte, Vladimir Putin, expresaba también sus condolencias por el fallecimiento del primer ministro iraní. Y desde Hamás han recordado “su apoyo a la resistencia palestina”. 

Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, también ha querido trasladar sus condolencias “por la muerte del presidente Raisí y el ministro de Exteriores Abdollahian, así como de otros miembros de su delegación y la tripulación en un accidente de helicóptero. Nuestros pensamientos están con las familias”, ha comunicado. Y en la misma línea, Josep Borrell ha querido también mostrar su pésame tras lo sucedido.  

Las redes, donde lo protocolario no está tan controlado, muestra la otra cara del fallecimiento de este controvertido y ultraconservador líder. Activistas, medios de comunicación en el exilio, ciudadanos anónimos, aclaman un necesario apoyo al pueblo iraní. Más que el lloro o el lamento a un líder que también es tremendamente impopular fuera de las directrices de lo que es considerado “lo formal o diplomático”.


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