INFANCIA DIGNA PARA TODOS NUESTROS MENORES

Esta semana se aprobó en Consejo de Ministros la Estrategia Estatal de Derechos de la Infancia y la Adolescencia. Se ha hecho con un claro objetivo: trabajar para reducir el grado de pobreza del que viven miles de niños y niñas de nuestro país. Se proponen reducir la tasa de pobreza y exclusión social. Hacerla desaparecer convertiría esta estrategia en un papel mojado más. Y marca un tope: que en 2030 ningún menor viva en un asentamiento chabolista en nuestro país.

Desean que los menores tengan una infancia digna y se propone que el trabajo de todos los agentes encargados en ello, tenga como resultado sacar a más de 700.000 niños de la pobreza. Con ello, el Gobierno quiere garantizar plenamente todos los derechos de los niños. Esta Estrategia también contempla una parte para que en 2030 el 70% de los menores que se encuentren bajo el sistema de protección estén acogidos en familias. Y además que se haya reducido a 12.000 el número de menores tutelados en centros residenciales.

En cuanto a la infravivienda, España no es, ni de lejos, el país con mayor número de asentamientos chabolistas del mundo. Sólo en Kenia, por ejemplo, más del 60% de su población vive en una chabola. Y, de hecho, los asentamientos chabolistas son toda una realidad en Europa. Sólo en Francia se registran más de 500 “bidonvilles”. Países como Alemania, en el corazón de Berlín, también se tienen localizados asentamientos chabolistas. 


Una infancia rodeada de chabolas, pobreza y caos

Según datos oficiales, en España perviven más de 2.000 chabolas en las que residen tanto familias gitanas como otras migrantes, temporeras y otro tipo de colectivos. Todas se condensan en al menos 270 núcleos chabolistas, repartidos a lo largo y ancho del país. En total, pueden llegar a ser hasta más de 11.000 personas. Gran parte de ellas son menores, las que viven a día de hoy en asentamientos chabolistas. 

Por citar algunos, el de El Vacie, en Sevilla, presume de ser el más antiguo de Europa (las primeras chabolas de este asentamiento datan de 1932). La Cañada Real Galiana, en Madrid, es el más grande. Pero hay muchos más. En Valencia, las zonas de Benimaclet, Monteolivete o Ruzafa o en la misma ciudad de Barcelona, donde se han llegado a contabilizar asentamientos en los que malviven más de 450 personas. 

Miles de menores crecen en infraviviendas. Malviven en asentamientos que, por lo general, suelen ser de naturaleza densa, precaria, insalubre. Algunos de sus barrios, ubicados a las afueras de grandes ciudades, perviven desde hace décadas y en ocasiones suelen ser hasta reconocidos por algunos municipios. Sin embargo, ese reconocimiento a veces sólo llega cuando se hace ruido a través de la pantalla, a través de los medios. En otras ocasiones, se continúa tapando. 


Objetivos claros: reducir la tasa de pobreza y exclusión social para la infancia

Así lo expresa el documento titulado “Asentamientos 2022”. Un trabajo realizado por la ONG Andalucía Acoge con el respaldo del Ministerio de Derechos Sociales, en el que se expone que los ayuntamientos no suelen cumplir la Ley. Es decir: no empadronan a las personas inmigrantes que viven en asentamientos chabolistas. Una realidad que, por ejemplo, es especialmente llamativa en provincias como Huelva o Almería. 

Y no es extraño que desde muchas instituciones y colectivos, se pidan políticas que permitan el diseño, la gestión y la implementación de políticas inclusivas de vivienda. Precisamente por esto mismo: porque las grandes ciudades se expanden, pero con ello llega también la proliferación de asentamientos informales, infraviviendas, asentamientos chabolistas que no dejan de ser un número o un problema para muchas Administraciones. La realidad es que en esos poblados viven familias y crecen muchísimos menores. 

Reducir la tasa de pobreza y exclusión social para la infancia en 3,4% para 2025 y en 8,6% para 2030 es otro de los objetivos de esa Estrategia que acaba de presentar el Gobierno. Visto así no parece que vaya más allá de datos estadísticos que pueden llegar a cumplirse porque se lo han podido plantear como meta. A día de hoy siguen siendo datos, porque encima de la mesa no se ven medidas para erradicar la situación de miles de menores. Ojalá sirva como puerta de entrada. Una puerta de verdad, de las que tienen cerradura, de esas que no han visto ni de lejos las miles de familias que hoy por hoy residen en una chabola en nuestro país. Dicen que a lo largo de más de 16 km. Pero seguro que son muchos más.


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