Dicen las feministas radicales que todo hombre es un violador en potencia por el hecho de portar un pene. Siguiendo con esta más que sorprendente lógica, todos los hombres portadores de sotana o alzacuellos son violadores de menores, o sea, pederastas.
Si algo que se escapa a toda lógica es la rápida reacción del obispado de Bilbao detectando “falsos religiosos” que ofrecen responsos en los tanatorios. En cambio cuando se trata de localizar y castigar a los pederastas entre sus filas, miran para otro lado. El denominado “Defensor del Pueblo” sigue con sus informes anuales en los que relata y hace estadística del número de víctimas de agresión o abuso sexual infantil en el ámbito de la iglesia católica. Y es que parece que al señor Angel Gabilondo le sulibeya -como diría Carlos Mejía Godoy-, salir en la foto haciendo entrega del tocho al representante gubernamental de turno.
Las víctimas son armas arrojadizas para los políticos
Mientras estas víctimas siguen buscando reparación, los partidos políticos sin excepción continúan utilizándolas como armas arrojadizas. Siguen queriendo ignorar el problema que tienen antes sus ojos y pretender adormece a las ciudadanía creando comisiones que más tarde han demostrado para qué sirven: para nada. Se habla de prevención, de campañas publicitarias, reuniones de trabajo, informes, entrevistas. La recién creada Ley Orgánica 10/2022 de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual, se ha quedado obsoleta. Habría que modificar la prescripción de la acción civil derivada de estos delitos. ¿Y qué se les ocurre en el Parlamento? Proponer la creación de una subcomisión de estudio para el reconocimiento y reparación de las víctimas. Y se fija en seis meses la elaboración de un informe. Otro más.
Invierten en campañas de prevención, se reúnen con ‘expertos’ para asesorarse, organizan reuniones de trabajo, y se sacan la foto de rigor con el informe finalizado. Parece que la intención como siempre es acaparar presupuestos gubernamentales, dinero público en definitiva y obviar a las verdaderas víctimas de estos sacerdotes.
Dicen que no hay de deshumanizar a los pederastas, porque cualquier persona puede abusar de los menores. No son monstruos y el entorno en que se mueven está más cerca de lo que creemos: colegios, profesores de gimnasia, familiares, sacerdotes y los centros de menores tutelados. Ciertos sectores dicen sentirse atacados porque ‘otros’ utilizan el Parlamento para arremeter contra la iglesia. Y volvemos al discurso cansino y retrógrado del “tú más”.
El Vaticano oculta los casos de pederastia
Juan Pablo II nombrado Papa en 1978 y cuyo mandato se alargó hasta 2005, ordenó una investigación sobre los casos de pederastia. De aquel asunto nunca más se supo, ya que lo ocultaron bajo un gran manto de secretismo. Como así hizo con el caso del fundador de los Legionarios de Cristo Marcial Maciel: no solo el Papa le felicitó personalmente, también ocultó sus delitos durante 63 años.
Debajo de las alfombras del Vaticano hay mucha información y la castidad obligada en el sacerdocio -algo incomprensible- es un infierno que los curas y obispos sobrevuelan tocando a los niños. El arzobispo de Oviedo llegó a afirmar que “el problema de los abusos a menores es social, no religioso”, haciendo campaña del “tú más”.
Una de las víctimas del dentista encerrado en la cárcel de Martutene de San Sebastián, aseguró sentirse más violada por Ana Isabel Pérez Asenjo que por Kote Cabezudo. Un superviviente de abusos sexuales en la iglesia de Madrid aseveró que la institución le ha hecho casi más daño que el propio agresor. Así que ya basta de poner el foco en los denunciantes y apuntar hacia los denunciados para que no vuelvan a reincidir y se escondan luego bajo las faldas papales.