GESTACIÓN SUBROGADA O VIENTRES DE ALQUILER

Dice Wikipedia que fue en 1970 cuando se abrió el debate en torno a si la inseminación artificial para la creación de nuevas vidas, permitía abiertamente crear familias con el cuerpo de otras mujeres gracias a la gestación subrogada. Esta práctica conocida por muchos como “vientres de alquiler” o “maternidad subrogada”, se llama en realidad “gestación subrogada o por sustitución”. Y sobre ella no existe una posición clara a lo largo y ancho de todo el mundo, más bien al contrario. 

La gestación subrogada representa a la perfección un dilema tanto a nivel moral como emocional. Algunos lo sitúan en una clara encrucijada ética entre lo que supone reconocer el deseo de dos personas que quieren convertirse en padres, y el derecho que asiste a quien opta por prestar su cuerpo para dar vida a cambio de una suma de dinero. En el mismo saco de esa encrucijada ética se suele meter a quien consiente todo ello, también a quien lo apoya o lo comparte. Y a veces también a quien sin quererlo o quizá sin ser consciente de ello, contribuye a que el cuerpo de la mujer sea un simple elemento con el que mercantilizar. 

La polémica en torno a si está bien subrogar la gestación o no, siempre está servida. Y pasa a ser protagonista en muchas tertulias de sobremesa e incluso en argumentos de series tan duras y potentes como “El cuento de la criada”, basada en la novela de Margaret Atwood. Una historia distópica en la que se cuenta cómo la infertilidad domina el mundo. Y matrimonios de clase alta, en un país de nueva creación llamado Gilead, se sienten poseedores del cuerpo de mujeres en edad fértil a las que violan con la única intención de que engendren a esos hijos que ellos por sus propios medios, no pueden tener. 


Gestación subrogada: el alquiler de un vientre para dar vida

En España la gestación subrogada o por sustitución es una práctica prohibida. Así lo señala la Ley 14/2006. También lo prohíben en Europa otros países como Francia, Italia, Suiza, Suecia o Alemania. Ello no evita que familias de estas naciones opten por tener un hijo mediante esta práctica, recurriendo a mujeres de países como Canadá, Estados Unidos, Rusia, Ucrania, Georgia, Reino Unido, Australia o India, lugares donde sí se permite la gestación subrogada. La cantidad que se ha de pagar por ello oscila entre los 50.000 y los 200.000 euros. ¿Quién recurre a este tipo de gestación? Generalmente familias homoparentales pero también parejas heterosexuales que ven imposible alcanzar el sueño de ser padres por razones variadas. Porque los matices son muy ricos y no conviene generalizar. 

Tampoco al hablar de la propia gestación subrogada puesto que dentro de ella se pueden encontrar diferentes formas de llevarla a cabo. Según la web Reproduccionasistida.org se podrían diferenciar dos tipos: por un lado la gestación subrogada tradicional o parcial. En ésta la gestante es además la mujer que aporta la carga genética. Y es realizada “con semen del futuro padre aunque también podría tratarse de una fecundación in vitro con óvulos de la gestante”. Y por otro lado podríamos hablar de la gestación subrogada gestacional o completa. En este caso “la gestante no cede sus óvulos para la creación del embrión que va a gestar sino que la dotación genética proviene de la futura madre o en algunos casos de una donante de óvulos”.  Es este último tipo de gestación subrogada la que se desarrolla en aquellos países en los que está permitida. 


El derecho de una mujer a prestar su cuerpo Vs el derecho a pagar por ser padres

Las mujeres que ofrecen su vientre para gestar son llamadas madres subrogantes. Aunque lo de “madre” solo lo mantengan durante las 40 semanas que probablemente dure el embarazo. Definir un perfil concreto de estas personas es complicado porque acotar supone reducir enormemente todos los matices que reúne una persona que decide prestar su cuerpo para dar vida a un ser que nunca le va a pertenecer.

En Canadá se abrió el debate hace poco tiempo por la existencia de madres subrogantes que prestaban su vientre para engendrar sin pedir a cambio nada. Según el medio “El mostrador”, en Canadá: “la mentalidad liberal y una legislación a la medida han hecho que la gestación subrogada haya experimentado allí un crecimiento insólito. El 400% en la última década, según señalan algunas proyecciones en ausencia de estadísticas oficiales”. 

Las implicaciones psicológicas y emocionales que puede conllevar vivir el embarazo de un bebé que nunca va a ser de la madre gestante, son enormes. Muchas de ellas se han contemplado en numerosos argumentos de películas y seriales. Porque un embarazo implica cambios hormonales y supone un cambio importante a nivel psicológico y físico en la mujer. Considerar que se trata de un mero trámite cuyas consecuencias pueden solventarse a cambio de dinero, es frivolizar con un tema serio. También con un importante dilema que por otro lado, quizá sea el detonante de por qué en determinados países la gestación subrogada sigue estando prohibida. Mercantilizar el cuerpo de la mujer y cosificarlo no está bien. Traducir solo en monedas lo que vale un embarazo tampoco. La expresión “alquilar un vientre” suena hasta mal.

Pero cabe preguntarse cómo de enorme debe de ser el deseo de ser padres de aquellas familias que optan por recurrir a este tipo de prácticas. Cuánto amor consideran que tienen que dar a un hijo que no pueden tener pero que desean con todas sus fuerzas. Las que les permite el dinero o les parece alejar la cantidad de kilómetros que deben recorrer para conseguirlo. Y lo cierto es que si todo se moviese con la fuerza de ese amor, el mundo que conocemos hoy no sería como es.


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