EL SÍNDROME DEL FIN DE AÑO

Se acaba otro año más. Y en lugar de estar dando gracias por haber vivido la experiencia de disfrutar de 12 meses con todos sus días y sus horas, muchos nos estamos lamentando porque otro año más finaliza. A veces esto nos provoca cierto estrés o nos hace valorar todo lo vivido con angustia. Es lo que se conoce como el “síndrome del fin de año”.

Viene a describir la sensación que se produce cuando no se ha llegado a las metas marcadas, cuando las expectativas que se tenían para cerrar el año -que al fin y al cabo para muchos es como el cierre de un ciclo para dar comienzo a otro nuevo, similar a lo que se siente cuando termina y empieza el curso escolar-, no se han cubierto; cuando nos frustramos por no llegar a todo o cuando aún sentimos el duelo por la pérdida de algún familiar o ser querido.

Todas esas sensaciones suelen agolparse en estas fechas señaladas y mucho más, cuando termina el año. En ocasiones sentir frustración es hasta normal, habitual podríamos decir. Y contra eso no hay más solución que la que trata de contemplar las cosas como oportunidades. Y también los retos como simplemente objetivos que no pasa nada porque no se lleguen a cumplir. El duelo ya es otro cantar. Existen muchas maneras de superarlo, tantas como personas y sentimientos que la pérdida puede llegar a provocar. De hecho en muchas ciudades y pueblos existen grupos de personas que se reúnen cada cierto tiempo para tratar en conjunto el duelo. Dicen que juntos se supera mejor. Se comparten sensaciones y es más sencillo exteriorizar y poder aplicar lo que a unos les funciona. 

En general evitar el síndrome del fin de año dicen los expertos que es complicado. Llega como puede llegar el estrés por el trabajo, por las tareas del hogar o por los hijos. Pero lo que sí podemos hacer es tratar de minimizar sus efectos. ¿Cómo? Relativizando. En realidad es algo sencillo de decir y de recomendar, pero no lo es tanto cuando queremos aplicarlo. En estos casos sirve mucho colocar los pros y los contras de este año en un listado o en una balanza imaginaria, ubicando las cosas buenas en un lado y las no tan buenas en el otro. También tenemos que situar a corto plazo los hechos que podemos cumplir, los que queremos cumplir y los que nos gustaría que se cumplieran solos.

En el caso del duelo es más complicado aún porque cada uno lo vive y lo siente de una manera, pero el síndrome del fin de año nos puede ayudar a valorar que podemos vivir otro fin de año más, que tenemos capacidad para recordar lo que ya hemos vivido y recordar también es otra manera de revivir. Si tenemos que llorar, lloremos. Pero igualmente si tenemos que reír, riamos porque nos lo merecemos y porque nuestra salud se alimenta de lo que comemos, lo que bebemos, lo que sentimos y lo que exteriorizamos para compartir. 

¿Cómo saber si se tiene el síndrome del fin de año? De la misma manera que se intuye que estamos más estresados, que estamos cansados o que nos sentimos apáticos. Porque nos sentimos “diferente” a como querríamos. En principio los principales síntomas de este síndrome se resumen en somatizaciones, bajo nivel de atención, ansiedad, cansancio, malhumor, se comete mayor cantidad de errores, se tienen mayores reacciones negativas ante todo lo que a uno le rodea, se suelen prolongar a propósito las jornadas laborales y se evita en la medida de lo posible, los trabajos colectivos, prefiriendo los individuales para no tener más relación con personas de alrededor. Es decir el individuo se aísla a propósito porque precisamente se siente más un “grinch” que alguien colaborativo o que exporta alegría. 

Y todo suele ocurrir porque el tiempo pasa y el año se acaba. Es el síndrome del fin de año el que nos muestra que no somos ajenos al paso del tiempo, que se acaba un ciclo y somos parte del mismo, aunque nos cueste entender que todo lo que comienza acaba y todo, absolutamente todo, puede ser una oportunidad para seguir creciendo, aprendiendo, errando o mejorando lo que se falla. No se pierde el tiempo por vivir, se engrosa la experiencia y todo ello es lo que nos hace ser lo que somos… y lo que seremos, quizá el año que viene, cuando éste acabe, porque así tiene que ser. ¡A por el 2023!


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