EL FIN DE LAS MASCARILLAS: LA VUELTA A LA NORMALIDAD

Desde este miércoles 20 de abril las mascarillas dejan de ser obligatorias en interiores. Solo existe la salvedad del transporte público o los centros de salud y farmacias, en los que aún sigue siendo necesario llevarlas. En las empresas queda al amparo de lo que marquen las normativas internas. Todavía nos encontraremos con lugares en los que la mascarilla haya ido directamente al cubo de la basura pero también con otros en los que siga siendo recomendable su uso “por lo que pueda pasar”. Parece que la incertidumbre sigue flotando en el ambiente. Y aquello que un día nos dijeron como “recomendable” ya nos lo tomamos como “mejor que lo lleves puesto, no vaya a ser…”. Hemos aprendido a adoptar marcas nada clarificadoras. También a tomar como un “si” lo que desde las altas instancias nos dicen que es solo un “puede ser” o “como tú veas”. 

Con el fin de la obligatoriedad de las mascarillas en interiores, la gente vuelve a poder mostrar su sonrisa. Ya no es necesario seguir aprendiendo a expresarse solo con la mirada. Ha sido 700 días después. La noticia ha llenado de júbilo a muchas personas que respiran más contentas y tranquilas porque desechan las mascarillas en los interiores de locales. Telas que han sido desde el principio como una tira de esparadrapo para atrapar emociones a expresar. La mascarilla ha supuesto para muchos “un bozal” que ha evitado que nos pudiéramos expresar tanto como quisiéramos.

Sin embargo como viene siendo desde hace algún tiempo, las mascarillas vuelven a ser motivo de discrepancia social. Un buen número de personas piensan que la medida es precipitada. Algunos opinan que es demasiado pronto porque aún el dichoso virus sigue pululando por el aire, y las micropartículas que provocan los contagios no han desaparecido del todo. 


Desaparecen las mascarillas y vuelven las sonrisas

Ante todo volverán las sonrisas. Volveremos a ver braquets en los dientes, narices finas, aguileñas y gorditas, labios pintados de llamativos colores y expresión en la boca. Profesionales de la odontología comunican que en estos dos años de pandemia ha aumentado notablemente la demanda de tratamientos de ortodoncia y blanqueamientos dentales.

Volveremos a captar a la primera mensajes dichos en susurro. Ya no tendremos que afinar tanto el oído para entender lo que nos dice el de enfrente. Según un estudio realizado en 2020 por clínicas especializadas en audición, con el uso generalizado de las mascarilla aumentaron también un 10% los problemas de audición en España. 

Otros tantos alertan de que igual que disminuyeron las enfermedades como la gripe mientras íbamos mañana, tarde y noche con mascarilla, ahora regresará su incidencia. Crecerán los casos de gripe, de tosferina e incluso de sarampión pues la mascarilla deja de hacer de barrera en interiores. 

Aunque si algo hemos aprendido en estos años es que es importante lavarse las manos y mantener una higiene adecuada. Que si tocamos algo, debemos higienizarnos y que lo que va a las manos no solo va al pan sino también a las fosas nasales y con ello, a los pulmones. Es decir que no está de más que sigamos atendiendo a la limpieza de nuestras manos, a lo que tocamos y sentimos con las manos. Sin llevarlo al extremo, como todo. 

Hemos aprendido también que una sonrisa, con la boca, con el gesto, con la mirada o con un mero guiño de ojos, vale más que un mensaje positivo o motivador. Que el cariño se demuestra por contacto, pero también con cercanía y que es muy difícil dejar espacio a las emociones. Porque si algo hemos perdido en estos casi 700 días tapados ha sido la capacidad de sentir y de expresar lo que sentimos. Casi nos hemos convertido en seres autómatas, aunque la sangre que es inevitable que se caliente, nos haya ayudado a seguir siendo seres humanos que saben que necesitan del calor y de la expresión para seguir viviendo. 

Desde el 20 de abril ya no solo cantaremos “hola, guapa, cómo estás” a lo Celtas Cortos, sino que además podremos decirlo con susurros, sonrisas, con la expresión completa en nuestro rostro, porque ya no tenemos que ir tapados en casi ningún sitio. Volvemos a vernos las caras, dando un pasito más hacia una normalidad de verdad. 


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