EL COMERCIO ELECTRÓNICO Y EL MEDIO AMBIENTE

Cada minuto, más de seis millones de personas en el mundo pulsan el botón de comprar para adquirir un producto o un artículo a través de Internet. En España, las cifras son casi redondas. El 86% de la población ya compra y vende a través de la red. Y dos de cada diez ventas que se producen en nuestro país se realizan online. Un crecimiento que ha sido exponencial sobre todo tras la pandemia. En esta época se dispararon las cifras hasta situarse, por ejemplo en España, en el 20%, diez puntos porcentuales más que hace más de una década, cuando rozaba apenas el 10%. De hecho, tal y como explican desde organizaciones como Greenpeace, “las plataformas de comercio electrónico experimentaron un aumento en el tráfico global sin precedentes entre enero de 2019 y junio de 2020, superando incluso los picos de tráfico de la temporada navideña”. 

A nivel mundial, el comercio electrónico también crece a un ritmo imparable. Y sólo en 2022 generó cerca de 5.400 millones de euros. Unos 500 millones más respecto al año anterior. Se espera, además, que estos números aumenten a lo largo de este 2023. Además puede incluso que alcancen la friolera de los 7.650 millones de euros en 2026. También crecerán los usuarios. Según Statista, se espera que la penetración de usuarios en el comercio electrónico alcance el 60,3% a nivel mundial en 2024. Todo ello, teniendo en cuenta que gran parte de las compras mundiales se producen en determinadas zonas del planeta. Existen otras como la India o China en las que el acceso a Internet es remoto. Tan remoto como las aldeas más alejadas en Centroamérica o en África.

Pero, ¿qué supone el ecommerce a nivel medioambiental? El comercio electrónico irremediablemente está provocando un cambio en los patrones de consumo, en el comportamiento de la sociedad como individuos que consumen. Genera también un aumento del consumismo y de las exigencias que le pedimos tanto al producto como a la transacción a través de la que lo adquirimos. Pero también, implica cambios en el medio ambiente, aunque creamos que no influye en nada. 

Según un informe realizado por la consultora Oliver Wyman, encargado por Amazon, los cambios de hábitos que se producen con el comercio electrónico pueden llevar a España a una reducción del 41% de las emisiones de dióxido de carbono en 2030. Y del 61% en 2040. Sin embargo, tomemos estas valoraciones con pinzas. O por lo menos, vamos a cuestionarlas. Porque existen muchos elementos que intervienen en una sola compra realizada a través de Internet: transporte y logística, packagin. Esto por no hablar de la cantidad de ondas que se mueven con una simple conexión a Internet. En cuanto a la entrega, da igual que optemos por el click and collect, la entrega en tienda, en buzón o en domicilio. Se generan residuos por la fabricación. Se producen también en los envíos y al final todo es un “suma y sigue” se produzca como se produzca la compra. 

Según otro informe, elaborado por Statista, se espera que para 2030 los vehículos de reparto aumenten a 7,2 millones en el mundo. Esto provocará un aumento en las emisiones de CO2 que pueden llegar hasta los 25 millones de toneladas. Sólo el empaquetado de los productos, conocido como packaging, supone el 45% de de las emisiones totales en este sector. Por no mencionar en ellos, el empleo del plástico,. Tal y como se aseguró en el informe presentado en 2019 en el marco del 34ª Congreso del AECOC que se celebró ese año en Bilbao, “el empaquetado de la venta online genera el doble de impacto ambiental que el comercio tradicional en cuanto a residuos”.


El impacto del comercio electrónico y la contaminación

Por sectores, la moda, los libros y la electrónica son, por este orden los más contaminantes. En el caso de la industria textil, se calcula que por cada 400 gramos de producto, se producen alrededor de 1.116gr de CO2. En el caso de los libros, se estima que por cada 350 gramos de producto contaminan una media de 600 gramos de CO2. Teniendo en cuenta que un libro de aproximadamente 100 páginas pesa más de 220gr, echen cuenta si adquieren un gran volumen, un libro seriado o algún otro de tapa dura con muchísimas páginas en su interior. Los aparatos electrónicos siguen el mismo patrón y también general CO2. 

Y ante la cuestión de si el ecommerce sustituirá de lleno al comercio tradicional o si es más contaminante que el comercio de siempre. Pues expertos coinciden en afirmar que “si la tienda física atiende a clientes que se encuentran en un radio de 15 km, sustituirla por la tienda online es perjudicial en términos medioambientales”. 

Tal y como aseguran desde Greenpeace, “las compras online pueden generar una menor huella de carbono que las compras tradicionales en tienda debido a una logística más eficiente. Sin embargo, la determinación del impacto ambiental del comercio electrónico se complica por una serie de consideraciones, incluidas las prácticas de transporte local y el tipo de vehículos de entrega utilizados por los comerciantes, entre otros”.

Además, en palabras del experto Josué Velázquez-Martínez, profesor de Logística Sostenible del MIT, en Boston, el comercio electrónico, entendido como compra inmediata y entrega rápida, “requiere tres veces más energía que la entrega tradicional. La razón es fácil de entender. Y es porque para realizar envíos en un día, ya no es suficiente con un solo mensajero que pueda entregar varios paquetes de una vez en diferentes lugares, sino que se necesitarán varios mensajeros que entreguen en diferentes lugares. Y, como sabemos, más vehículos y más tráfico en la ciudad significan más emisiones”.  

Más emisiones y menos sostenibilidad, por mucho que informes financiados por las grandes plataformas que cada día nos incitan a comprar más, digan lo contrario. La sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente está en nuestras manos. Y sólo nosotros debemos saber cuándo, cómo y cuánto o cuántos recursos, podemos manejarlo de la manera más eficiente. Para nuestro bolsillo y para el propio planeta.


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