Hace unos días se estrenó la serie Barrio Esperanza en La 1 de RTVE. No soy fan de esta cadena, por razones obvias, pero tenía curiosidad por ver esta serie. Me recordaba, sin haberla visto, a las series que se hacían antes, más familiares, con temas que preocupan a padres y niños. Una serie limpia. Y así lo hice. El domingo a las 22.00 horas estaba delante de la televisión expectante por saber todo sobre esta serie. Y no me pude alegrar más, porque disfruté muchísimo la trama, los personajes, el entorno, los temas que se tratan, los valores que transmite. Me ha gustado todo.
Una maestra, un colegio público y ocho años de condena: así arranca Barrio Esperanza
Esperanza sale de prisión con una mochila cargada de ocho años de condena y con la certeza de rehacer su vida en el lugar donde creció. Vuelve al barrio, al mismo colegio público donde estudió cuando era pequeña, el CEIP Barrio Esperanza, con la intención de convencer al director, a sus compañeros y a los padres de los niños de que merece una segunda oportunidad.
Esa es la premisa de Barrio Esperanza, una serie que no tiene lujos ni personajes con una vida glamurosa, pero que refleja la esencia de lo que estamos viviendo en la educación pública, y dando voz a temas que merecen ser tratados. Su escenario es el aula, los pasillos, la sala de profesores, las reuniones con las familias, donde los sueños se van desgastando a base de burocracia y falta de recursos.
Hubo una escena que me impactó mucho, y que creo que es fiel a lo que está pasando ahora en muchas familias, y es la de que algunos niños de la clase de Esperanza se quedan dormidos en clase porque acuden al colegio sin desayunar. Provienen de familias vulnerables que les cuesta la misma vida llegar a fin de mes. Y me encanta cómo la protagonista le da la vuelta a la historia con un toque de humor, porque esta serie también lo tiene, y se las apaña junto con sus compañeros para robar comida a un ¡colegio de monjas! La serie trata temas duros, pero dándole siempre ese toque de humor.
En Barrio Esperanza se habla de lo que no sale en los algoritmos
Estamos en una época en la que las plataformas de streaming compiten por tener la serie más cara o los títulos más potentes. Sin embargo, Barrio Esperanza hace lo contrario. Habla de acoso escolar. Habla de la precariedad de la educación pública. De lo que significa cargar con una mancha como haber estado en prisión en un barrio pequeño. De esos padres que luchan contra un sistema que no siempre les da las herramientas para proteger a sus hijos.
No son temas que alimenten al algoritmo, ni generan tendencia en redes sociales. Pero son temas que importan. Y nos importan a todos. Y esta serie creo que va a ser esa serie que se va a quedar siempre grabada en la cabeza de esos españoles que buscamos una justicia y una educación pública sin fisuras.
El reparto coral que rodea a Mariona Terrés es un acierto
Y no solo los temas son buenos, sino que el elenco de actores que la forman es de primer nivel.
Mariona Terrés es la protagonista y la esencia de la serie. Borda cada trama. Yo la he seguido en alguno de sus trabajos y es una actriz que debería tener más protagonismo en la esfera pública. Es una crack. Una actriz de diez. Y en Barrio Esperanza es, sin duda, la pieza clave de toda la serie. Trata al personaje de Esperanza con un amor que traspasa la pantalla, y esto pocos actores lo saben hacer.
Alejo Sauras, en el papel del director del colegio, más centrado en su imagen y sus posibilidades de ascender, que en las necesidades del centro. O Laura de la Uz, la profesora cubana directa y sin filtros, que dice todo lo que se le pasa por la cabeza en voz alta sin importarle lo que diga la gente. O Ana Jara, en el papel de Claudia, una profesora super dulce y cercana, que más de una vez te saca una sonrisa.
Son actores que, en su conjunto, hacen de la serie un lugar único. Lo mismo te arrancan una sonrisa, que te dejan soltando una lágrima por una escena que han bordado. Y sus actores son, también, los que hacen de Barrio Esperanza esa serie que merece la pena ver, disfrutar y repensar.
Ya no se hacen series como Barrio Esperanza, y nos debería preocupar
Cuando digo que ya no se hacen series así, lo digo con admiración. Me parece muy valiente hacer este tipo de serie en los tiempos que estamos viviendo. Barrio Esperanza no necesita artificios. No necesita matar a nadie para crear una tensión dramática.
Ahora las cadenas apuestan por el crimen, el misterio o el espectáculo. La vida de barrio, el colegio, el vecino de abajo o la funcionaria agotada ha quedado en segundo lugar. Sin embargo, Barrio Esperanza lo vuelve a lanzar, sabiendo que muchos de los espectadores nos vamos a sentir identificados en cualquiera de las tramas que la serie desarrolla. Y es un lujo sentarse a ver una serie donde los valores primen más que lo que está de moda.
Y Barrio Esperanza conecta con el público porque reconoces lo que ves. Porque esa clase de alumnos es la clase en la que estudiaste o en la que estudian tus hijos, tus nietos o tus sobrinos. Porque esa mujer que vuelve a tu barrio con vergüenza y dignidad a partes iguales podría ser tu vecina o tu amiga de la infancia.
Un 15% de audiencia que dice mucho de los espectadores
El estreno de la serie fue aplastante. Más de 1,6 millones de espectadores y un 15,3% de cuota de pantalla. Estas audiencias ya no se hacen. Y esto se traduce en que el público necesitaba una serie así, una serie como las de antes. Una serie con valores.
Barrio Esperanza nos devuelve a la realidad, a lo verdaderamente importante, con ternura y humor y sin olvidar que detrás de cada conflicto hay personas con nombres y vida.
La serie nos propone que las segundas oportunidades existen, que la educación pública merece mucho más y que los barrios tienen memoria y dignidad. Larga vida a Barrio Esperanza, porque sin saberlo, la necesitábamos.
