ASI SE DECIDIO EL CASTIGO A JUAN CARLOS I

Para reconstruir atinadamente cómo se produjo la decisión de castigar al Rey Juan Carlos I con la expatriación provisional de España, he mantenido largas conversaciones, sin ningún límite de preguntas, con uno de los mejores amigos de Juan Carlos I, con dos personas que trabajan en Presidencia del Gobierno y con dos personas que trabajan en la Casa Real. Todas esas conversaciones son off the record, es decir, que puedo utilizar lo que se me dijo sin atribuirlo a la fuente, y así lo hago para conocimiento de ustedes, los lectores, que son los únicos a quienes me debo.

La tensión se disparó cuando el pasado mes de marzo se supo por la prensa (una vez más) que el Rey Felipe VI aparecía como beneficiario en unas fundaciones opacas de su padre, el rey Juan Carlos I. Y ello pese a que Felipe VI reaccionó inmediatamente, sin consultar con el presidente Pedro Sánchez, y anunció entre otras medidas que renunciaba a la herencia de fondos que no fueran absolutamente transparentes y que le retiraba la asignación anual a su padre, Juan Carlos I.

Es importante esto, porque nunca jamás una institución en España reaccionó con semejante rapidez y dureza a un comportamiento sospechoso. Pero no fue suficiente para los socios de Gobierno de Pedro Sánchez. Republicanos y separatistas comenzaron una intensísima campaña en redes sociales y medios de comunicación tratando de erosionar a la Monarquía, que es su objetivo final.

Don Juan Carlos se lo dijo claramente a su hijo Felipe VI: “Felipe, el problema no es Sánchez, el problema son sus socios, que son taimados, y quieren cargarse la Monarquía. Respetaré las decisiones que tomes, pero ninguna les va a satisfacer lo suficiente porque no van a por mí, van a por la institución descaradamente. Quieren acabar con el ordenamiento constitucional”.

Negociaciones entre el Gobierno y el Rey Felipe VI

Pedro Sánchez creó inmediatamente una comisión para negociar con el Rey Felipe VI. Y como valen lo mismo para exhumar a Franco que para tratar de enterrar a Juan Carlos I, allí estaban Carmen Calvo, vicepresidenta, el inevitable Iván Redondo, jefe del gabinete del presidente, y Félix Bolaños, el ejecutor de las estrategias de Redondo. Esta vez no estaba Miguel Angel Oliver (MAO). Y a ello se pusieron a fondo. Conversaciones casi diarias con Jaime Alfonsín, jefe de la Casa del Rey, y entre ellas, algunas charlas directas de Sánchez con el Rey Felipe VI.

El Gobierno planteaba a Felipe VI tres peticiones: retirarle a Juan Carlos el título de Rey, excluirle de la Familia Real y abandonar el Palacio de la Zarzuela. Don Felipe le ordenó a Jaime Alfonsín, con claridad, que trasladara a sus interlocutores gubernamentales que no aceptaba presiones, que ya había tomado decisiones importantes y que la teoría del cortafuegos estaba muy bien, pero que las decisiones las tomaría él y,  “desde luego, si cada día sale alguien de Podemos a reclamarlo, o sale algún artículo de prensa adelantando que voy a sacar a mi padre de La Zarzuela, no habrá nada.

Y mucho menos con el presidente diciendo que lo que yo haga será un pago suyo a los independentistas para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, algo que es inadmisible. Solo si se afloja la presión estoy dispuesto a ordenarle a mi padre que se vaya de la Zarzuela, incluso de España, pero sus tres peticiones no son aceptables. O sea que o dejan de presionarme o no daré ningún paso más”.

Don Juan Carlos I expatriado por el Rey

El 31 de julio, al terminar la conferencia de presidentes autonómicos en San Millán de la Cogolla, Pedro Sánchez y Felipe VI se reunieron en privado durante casi una hora y media. Ahí se cerró un acuerdo. El Rey le explicó que ya le había hecho ver a su padre que iba a tomar una decisión durísima, una expatriación, y que Don Juan Carlos había “aceptado el castigo por el bien de la Monarquía, pero no ha sido fácil, no ha sido fácil ni para mí proponérselo ni para él aceptarlo. Ha sido muy duro”.

Felipe VI “le dejó claro a Sánchez que se iba a calificar, deliberadamente, de traslado, y que se iba a especificar que era provisional, lo que significa que Juan Carlos volverá cuando él lo desee previa aprobación de su hijo Felipe VI, y le adelantó que se haría público en cuarenta y ocho horas, a través de una carta del propio Juan Carlos I a su hijo. Y así fue”.

Durante esas semanas de negociaciones hubo un momento en que Don Juan Carlos planteó la posibilidad de regularizar la situación fiscal para compensar el dinero no tributado a Hacienda, pero la cantidad que debía abonar era de 70 millones de euros y Don Juan Carlos aseguró que no los tiene en este momento, porque Corinna Larsen no le ha devuelto los famosos 65 millones,  por lo que se descartó esa vía.

La opinión del círculo más íntimo

El Rey le insistió a Sánchez en que hasta la fecha hay unas sospechas muy fundadas de un comportamiento irregular de su padre, pero no una acusación formal en los Tribunales. “Y le comentó que era un error remitir a la Justicia la solución al problema, porque no lo podía resolver, ya que en un Estado de Derecho la ley no puede ser suspendida si está en vigor y los posibles delitos económicos estarían en su mayoría prescritos y la mayoría de lo ocurrido sucedió cuando aún era Rey, por lo que está blindado”.

Amigos del Rey Juan Carlos hicieron llegar a Felipe VI y a Jaime Alfonsín que la decisión  era “una trampa en la que habéis caído como unos panolis. Y al decirle Felipe VI a su padre que se lo agradecía, asume que su padre estorbaba, y es injusto, porque si así pretendía legitimar la institución, se equivoca, porque la institución está legitimada tras la renuncia de Don Juan III en 1975 y la aprobación de la Constitución en 1978”.

Hubo personas del círculo de amistades profesionales de Felipe VI que le hicieron llegar que la obligación de la Casa Real no era echar a Don Juan Carlos, sino esclarecer toda la verdad en lo que afecta a la conducta de su padre. “Si se deja llevar por la presión de Podemos y reacciona con un castigo severo compromete aún más a la Institución, y puede ser considerado por algunos como una condena preventiva, y por lo tanto muy injusta”.

Mala estrategia de Comunicación de la Casa Real

Una vez adoptada la decisión, el comité de presidencia dejó en manos de la Casa Real la estrategia de comunicación, que a la vista está que ha sido un auténtico desastre, especialmente la decisión de no comunicar dónde se encuentra Don Juan Carlos. En Presidencia se escudan en que “corresponde a la Casa Real comunicarlo, ya que sigue formando parte de la Casa Real, tiene escolta oficial, está aforado y no ha renunciado a sus derechos dinásticos, por lo que el argumento de que es un viaje privado no se sostiene”.

Ya hay imágenes de Juan Carlos I aterrizando en los Emiratos Árabes, en el aeropuerto AZI de Abu Dabi. En Estoril sus amigos le esperan cuando él quiera y la familia Fanjul, los reyes del azúcar en América, ya han dicho públicamente que tienen sus casas de República Dominicana a disposición del Rey Emérito. En La Zarzuela aseguran que “Don Juan Carlos no se va a quedar a residir fijo en ningún sitio, va a moverse, porque no se ha exiliado y se ha dejado claro que es una situación provisional, un traslado, o sea, que tiene una salida y un regreso”.

Respecto a su regreso, excepto que se produjera una decisión judicial improbable en agosto, antes de septiembre no volverá a España. En el ámbito judicial el día 8 de septiembre declara por videoconferencia ante el juez García Castellón, de la Audiencia Nacional, Corinna Larsen. El objetivo de la investigación es saber si ella contrató al comisario Villarejo para espiar a una asistente suya. Pero parece seguro que además le preguntará por las comisiones del AVE a la Meca.

En el supuesto de que haya algún indicio contra el Rey Juan Carlos I, García Castellón debería trasladar la causa al Tribunal Supremo, donde el fiscal Juan Ignacio Campos investiga ya el caso. Es probable que el fiscal decida durante el mes de septiembre si presenta querella o no contra el Emérito.

Juan Carlos I considera injusto su trato

Entre los amigos del rey Emérito se comenta cada día lo injusto que resulta el trato a Juan Carlos si lo comparamos con las reacciones de los políticos ante casos en los que se ha puesto en duda su conducta. Esto es lo que más le indigna a Juan Carlos.

Por ejemplo, cuando se supo que Pedro Sánchez había plagiado su tesis, o Pablo Iglesias y sus casos personales y la financiación de Podemos; porque si lo de Villarejo vale para machacar a Juan Carlos, ¿por qué Iglesias se va de rositas cuando se sabe que se quedó con la tarjeta del móvil de su asesora y la destruyó. ¿O es que lo de Villarejo solo vale si pone en un brete a los adversarios y es mentira cuando les afecta a ellos?

Y hablan de moralidad quienes han escondido el número real de muertos en la pandemia, y quienes niegan el conocimiento público de los vuelos de Sánchez en Falcon o en helicóptero para acudir a eventos privados como conciertos en Benicassim o reuniones familiares. Y quienes han batido todos los récords en nombramiento de amigos en altos cargos públicos.

¿Donde está la moralidad?

Es evidente que ha de haber transparencia, pero hay que predicar con el ejemplo y el Gobierno no lo hace. Un Gobierno que actúa en muchos casos con evidente inmoralidad no puede ser quién reclame moralidad a los demás. Ni en lo económico, porque ellos han recibido sentencias por corrupción, ni en lo personal, porque si entramos en las novias de Pablo Iglesias lo de Juan Carlos queda en nada.

No vamos a negar que en Juan Carlos I hay sombras, pero no se pueden negar las luces de su reinado, cómo pilotó el cambio pacífico de la dictadura a la democracia. Y la presunción de inocencia rige para todos, y él no está judicialmente acusado. Hay indicios graves, pero no hay acusación y vamos a ver si al final termina habiéndola o no. Podemos quiere una república federalista y populista. Ahora la Monarquía depende del PSOE y Pedro Sánchez. Así de sencillo”.

Y tanto en la Zarzuela como entre los amigos de Juan Carlos I se incide en que “el castigo severo que ha recibido evidencia una vez más que su relación con la Reina Sofía está acabada hace tiempo, pero, aunque se supiera, es muy doloroso todo para el padre y para el hijo”.

Así han sido las cosas. Una decisión histórica que no sabemos si pone fin o no al caso, porque desde el punto de vista de la opinión pública es esencial esperar a ver si la Justicia decide actuar contra el Emérito o no. Otra cosa es lo que vaya a hacer la Justicia suiza donde, según mis fuentes de información, “es poco probable que Don Juan Carlos sea imputado, aunque no es descartable que se le quiera tomar declaración como testigo”, algo que ya nos suena aquí de cuando Felipe González y los GAL.


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