PODER SIN RESPONSABILIDAD

Pedro Sánchez sufrió una dura derrota en el Congreso de los Diputados tras decaer los decretos promovidos por el Ejecutivo a raíz de la revolución social provocada por el desahucio de Mari Carmen. Haciendo gala de la resiliencia y el maquiavelismo político a los que nos tiene acostumbrados, el presidente del Gobierno nos sorprendió a todos con una convocatoria electoral para el domingo 29 de noviembre.

Esta convocatoria, como casi siempre, ha pillado al espacio situado a la izquierda del PSOE con el pie cambiado, en medio de su decimoséptima (por decir un número) refundación. Más allá de las coaliciones, los partidos o las siglas que conformaban ese nuevo espacio, una cosa parecía clara: el ángel celestial de la izquierda, Gabriel Rufián, iba a salvarnos a todos de la ultraderecha.

El vaticinio de Pablo Iglesias

Pablo Iglesias, ex secretario general de Podemos y ex vicepresidente del Gobierno español, vaticinó, como si de una variante de Nostradamus se tratara, que Gabriel Rufián jamás abandonaría ERC. En contra de lo que cabría esperar, descartaba así que se convirtiera en la imagen principal del nuevo Frente Amplio, aunque sostenía que encontraría una fórmula para ayudar al bloque progresista en los comicios que se avecinan.

Para sorpresa de nadie, el fin de semana Podemos e Irene Montero anunciaron un acuerdo con ERC, cuyo cabeza de lista será Gabriel Rufián, que se presentará por la formación catalana, quedando descartado su liderazgo del nuevo Frente Amplio. Montero, que aún no ha ganado las primarias de su formación, ya ha anunciado un acuerdo de colaboración electoral con Rufián: pedirán el voto para ERC en Cataluña y, a cambio, Gabriel hará campaña con Podemos en el resto del país.

¿Es Pablo Iglesias un adivino sin parangón? La cuestión no es dirimir si Pablo Iglesias acertó o no, sino que sensación nos deja la agudeza de su reflexión política con respecto a su capacidad de influencia en la organización sin asumir la dirección formal de la misma. En 2023, el catedrático de Derecho Constitucional Pérez Royo escribió un artículo, coincidiendo con el nacimiento de Sumar, que llevaba por título Poder sin responsabilidad.

En él argumentaba que Pablo Iglesias ejercía un poder vicario; es decir, como acertadamente señalaba el catedrático: «El poder se mantiene o se pretende mantener, incluso aumentado, dada “la libertad” que dicho abandono le proporciona». Se refería así a la influencia de Iglesias sobre la formación morada, pese a carecer de cargos orgánicos o institucionales, y sobre sus principales dirigentes, Ione Belarra e Irene Montero.

¿Quién dirige Podemos?

Parece que, tres años y medio después, todo sigue igual. ¿Acaso nos quieren hacer creer que Ione Belarra o Irene Montero dirigen la organización con plena autonomía? ¿Es acertada la estrategia de reclutar al mayor activo electoral y referente de la izquierda mientras se renuncia a la unidad soñada que permitiría movilizar al votante progresista? ¿O quizá Gabriel Rufián y Podemos hayan aprovechado las esperanzas de la sociedad progresista para reforzar sus respectivas posiciones, ya sea en ERC —desplazando a los Comuns— o como parte de una venganza fría y despiadada de la Cosa Nostra dimora por el veto de Yolanda Díaz a Irene Montero en el marco de las elecciones de 2023?

Todo yin tiene su yang. Para que exista un poder sin responsabilidad, debe haber responsabilidad sin poder. Pérez Royo dixit.

Las urnas dictarán sentencia, pero se están dando pasos de gigante para que la ola reaccionaria que se avecina cumpla, efectivamente, las expectativas.

Que Dios nos pille confesados.

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