Parece mentira, pero el verano ha llegado a su fin. Atrás quedaron dos meses previos a todo lo que estaba por venir de cara al nuevo curso. Ahora parece que todo vuelve a su sitio: los horarios, las rutinas, los madrugones, los colegios llenos. Pero no debemos olvidar cuánto cuesta volver a la normalidad. Para muchas familias, comienza la temida vuelta al cole.
La cifra que se ha publicado estos días me parece lo suficientemente alarmante como para detenerse en ella: Las familias españolas gastarán de media 2.484 euros por hijo durante el curso 2026/2027, según la OCU. ¡2.484 euros! Me parece una bestialidad. Pero ¿hasta dónde vamos a llegar? Cuando lo pienso fríamente, la vuelta al cole ya no solo me parece un asunto de libros, comedores, mochilas o uniformes. Esto se está convirtiendo en otra cosa.
Septiembre también tiene una factura
Durante años hemos hablado de la famosa cuesta de enero como ese momento del año donde toca recuperarse de los excesos navideños, no solo en cenas y comidas, sino también económicos, como consecuencia de los gastos en regalos. Quizá es momento de comenzar a hablar de la cuesta de septiembre. Porque septiembre llega con sus propios gastos extraordinarios. Libros, zapatos, uniformes, material escolar, actividades, ropa de abrigo.
La diferencia entre la cuesta de enero y la cuesta de septiembre, es que esta última no es opcional. Es necesaria. No podemos decir que este año no vamos a volver al colegio porque la economía familiar no acompaña. En enero hay gastos que podemos aplazar, planes a los que se puede renunciar. Pero hay gastos que llegan puntuales cada septiembre. Y esto, para muchas familias es un auténtico calvario. Desgraciadamente, hay una pregunta que se repite mucho en este mes de septiembre: ¿de dónde sacamos el dinero?
No todas las vueltas al cole son iguales
Hay algo que la cifra media de 2.484 euros no puede ocultar: no todas las familias parten del mismo lugar. No es lo mismo afrontar septiembre con dos sueldos estables, una vivienda pagada y una capacidad de ahorro que hacerlo con un solo ingreso, un alquiler que no deja de subir y un presupuesto doméstico en el que cada gasto tiene que justificarse.
Aquí es donde la vuelta al cole empieza a decirnos algo sobre la sociedad en la que vivimos. Algo estamos haciendo mal como sociedad. Algo tenemos que hacer. El problema es que la vida está cada vez más cara y los recursos más escasos. Y nadie da soluciones al respecto para avanzar. Hay algunas cuantas ayudas, sí, pero no son suficientes. No hay una única vuelta al cole porque tampoco hay una única economía familiar.
Estrenar también se ha convertido en una obligación
Después está el consumo. Cada septiembre asistimos al mismo espectáculo. Escaparates llenos de mochilas, zapatillas, estuches, ropa y todo tipo de objetos que parecen imprescindibles para empezar un curso nuevo. Y también lo entiendo. Existe esa ilusión de estrenar. El comienzo de curso tiene algo de pequeño comienzo de año y es normal que queramos acompañarlo con cosas nuevas.
Y, esto, los grandes almacenes lo saben. Muchas veces se aprovechan de ello para subir precios, dejando a muchas familias poco margen de maniobra en cuanto a gastos. Pero en algún momento hemos confundido la ilusión con la obligación.
Por eso me parece fundamental que la segunda mano empiece a tener su protagonismo en las compras de la vuelta al cole. Reutilizar libros o ropa puede ser una decisión ecológica, pero también puede ser una decisión económica.
La vuelta al cole como radiografía social
Cada septiembre nos devuelve una fotografía nítida de cómo está organizada nuestra sociedad. Detrás de los libros y las mochilas aparecen cuestiones que tienen poco que ver con el material escolar: la capacidad económica de las familias, la desigualdad de oportunidades, la conciliación y el reparto de cuidados.
Al mismo tiempo, pone sobre la mesa temas como el coste de la crianza, las nuevas formas de consumo o las expectativas que tenemos sobre la educación de los hijos. Por eso, septiembre ofrece una nueva oportunidad para observar cómo vivimos y qué lugar ocupa la infancia en nuestra sociedad.
¿Y la vuelta al cole en Ceuta?
Hablar de vuelta al cole, nos hace mirar de forma irremediable a Ceuta. Mientras en buena parte de España hablamos de la vuelta al cole en términos económicos, en Ceuta el inicio de curso tiene además otra dimensión; y es la presión migratoria que soporta la ciudad y su impacto sobre los servicios públicos.
Llevar a un menor a un centro educativo debería ser una rutina normal, no una situación que genera inseguridad a las familias por lo que ocurre en la ciudad. Cuando existen episodios de tensión, es legítimo por parte de los ciudadanos reclamar que se refuercen los recursos destinados a garantizar entornos escolares seguros. Y ahí la gestión política resulta determinante.
La sensación de muchas familias es que el Gobierno no está ofreciendo ni los recursos ni una respuesta eficaz ante tal situación. Muchos padres y madres han decidido no llevar a sus hijos al colegio por miedo a que algo desagradable ocurra. Y el Gobierno, mientras tanto, está parado. Sin saber gestionar una invasión de estas dimensiones. Haciendo oídos sordos a las familias y al entorno educativo. Porque una vuelta al cole debería hablar de educación, no de familias que empiezan el curso preguntándose si el Estado está garantizando también la seguridad de sus hijos.
